EN EL FILO
Sin respuesta española
AS relaciones hispanomarroquíes no han empeorado; siguen siendo más bien malas. Y es que Mohamed VI necesita la anexión definitiva a Marruecos del Sáhara occidental tanto como su padre, Hassan II, necesitó la salida española de ese trozo de desierto, para ocuparlo militarmente, aunque fuera de forma parcial y en guerra contra el ejército saharaui, como primer paso a una absorción con los pronunciamientos favorables del derecho internacional. La ONU, sin embargo, persistirá hasta dentro de seis meses al menos en la necesidad de que el destino del Sáhara sea sometido a referéndum. Marruecos, por el contrario, esperaba el triunfo de la nueva tesis de Francia y Estados Unidos, según la cual el referéndum debería sustituirse por la concesión marroquí de una amplia autonomía administrativa al Sáhara. El Frente Polisario, administración y brazo armado del pueblo saharaui, rechaza cualquier grado de autonomía y lucha por su independencia. Al aplazar la ONU su decisión sobre un asunto palpitante para la monarquía alauita, y tras la vuelta del islote del Perejil a su anterior statu quo, era inevitable que Mohamed VI disparase en su tercer «discurso del Trono» salvas de encendido nacionalismo contra España, sacando a relucir los espacios de soberanía española en el Norte de Africa, que se siente con derecho legítimo a reclamar. Ocurre, sin embargo, que España no se cuestiona la situación de esos territorios, Ceuta, Melilla e islas próximas, al considerarlos tan españoles como cualquier otro peninsular. Desde una perspectiva de coherencia histórica, el discurso de Mohamed VI no tendría respuesta española, por la inutilidad de reiterar permanentemente una obviedad, pero como se enmarcaba de algún modo en las relaciones bilaterales, y ahí sí tiene España mucho que decir, el vicepresidente Rajoy dijo ayer que, aunque no tiene mucho sentido glosar declaraciones sobre el status de Ceuta y Melilla, que no está en tela de juicio, sería bueno que todos diesen pasos, y en especial Marruecos, en la dirección de alcanzar unas buenas relaciones. El líder socialista Zapatero reiteró que cuando se serenen de verdad las aguas del Estrecho habrá que hacer un debate a fondo sobre por qué «estamos en el peor momento de la relación con Marruecos desde la transición democrática». Pero esas aguas van a tardar en serenarse, y cuando llegue septiembre y venga Benaissa a Madrid, para ser tratado cortesmente por su colega española Palacio, no será el momento de debatir públicamente los errores que han llevado a la situación actual. El aplazamiento indefinido de ese debate no libera, sin embargo, al Gobierno del PP de la obligación de esforzarse al máximo para restaurar las relaciones bilaterales de la mejor manera posible. 07/31/16-48/2002