Diario de León
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León

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EL Colegio de Médicos de Madrid ha solicitado la retirada inmediata de ese anuncio de televisión en el que una doctora ausculta a un paciente hasta que, embriagada por el olor de su desodorante, emprende lo que en el "spot" se insinúa como una felación. Se trata, en efecto, de un anuncio repugnante, uno de esos muchos que desvelan el yermo mental y cultural en que hozan los llamados creativos de la propaganda, si bien el Colegio de Médicos se confunde al determinar la repugnancia, que no deriva, como dice en su nota, de que el anuncio presente a la doctora como una acosadora sexual, sino como una muñeca que, seducida por un olor, se convierte en mero instrumento para el placer del hombre, encarnado en ese anuncio por el joven paciente. ¡Tantos siglos de lucha por la igualdad, la libertad y la dignidad de la mujer para que los publicitarios genialoides y locoides hagan estas cosas! Pero más repulsivo aún, sin duda, es otro anuncio televisivo, éste de yogures, que, sin embargo, no ha motivado la menor queja de Colegio o colectivo alguno: el que presenta dos culos de mujeres jóvenes, embutidas en ceñidísimos tejanos, que hablan por ellas. El spot anuncia, como habrá supuesto el lector, un producto con imaginarias virtudes estilizantes y adelgazantes y, por eso se reduce a las dos mujeres que conversan a la condición de culos (perfectamente esculpidos, perfectamente despojados de todo cuanto no sea narcisismo y reclamo sexual) que las suplantan. En ningún momento, por lo demás, el anuncio contempla o visualiza el rostro, o los ojos, o los labios, o el resto del cuerpo de las modelos que interpretan el spot, sino que, como fusilando a don Francisco de Quevedo, nos muestra a dos mujeres a sendos culos pegadas. Son, el de la doctora presuntamente lasciva y el de las nalgas parlanchinas, dos anuncios repugnantes, pero más lo es, si reparamos en ello, la mentalidad y el ambiente comercial y social que los está propiciando.

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