Diario de León
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León

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ESPAÑA es un país con un curioso sentido de lo religioso, las blasfemias que en otros países sólo son pronunciadas por el hampa mas inmundo, aquí las escuchas a poco que se tuerza una partida de tute; eso sí, el santín no sale del pueblo, ni siquiera para ser restaurado en el museo diocesano. Cualquier sacerdote podría poner numerosos ejemplos de estas contradicciones castizas, que, buen gusto aparte, no anulan finalmente la sinceridad de las creencias. Los españoles llevamos dentro un Quijote y un Sancho, pero también cuarto y mitad de Rocinante. Ahora, el mundo de la moda se ha sentido agredido por los trapos de David Delfín, con mujeres encapuchadas, con sogas al cuello, portadoras de rosarios y crucifijos. La indignación fue demasiado espontánea para calificarla de hipócrita, en un mundillo que se caracteriza por lo desinhibido. El diseñador se defiende alegando que se inspiró en Buñuel, pero ignora que el gran cineasta aragonés sí pretendió escandalizar la moral burguesa de su tiempo; a golpe de genialidad surrealista, que no es lo mismo que meras ocurrencias para dar que hablar en el mundo del dinerete y del glamour. En Buñuel encontramos discurso y concepto, españolismo. Pero a este chico, le viene grande la polémica. Hay imágenes más irreverentes en los capiteles de muchas catedrales. Aunque hay aspectos excesivos en este escándalo, pues algunos indignados fomentan la banalidad y la anorexia, está siendo positivo para contrastar ideas y conductas, más allá de trapos que ofenden, en primer lugar, por ser tan feos.

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