Diario de León
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León

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ESPUÉS de pisar a fondo el acelerador soberanista, el PNV suele pisar el freno, tal vez para observar con cierta calma si su aceleración le ha instalado en un nuevo paisaje, político obviamente. Cuando firmó el pacto de Estella/Lizarra con ETA, a través de personajes interpuestos, el PNV batió su propio récord de velocidad hacia el soberanismo, pero no hubo frenazo hasta mucho después, hasta que la violencia terrorista ensangrentó siniestramente aquel acuerdo. Pero durante la tregua etarra, el nacionalismo democrático se sintió acompañado por todo el radicalismo abertzale, y esa compañía se interpretaba en el Euskadi Buro Batzar como la prueba del nueve de que los firmantes del pacto estaban cargados de razón, mayoritaria al menos. Ahora se ha encontrado Ibarretxe, tras el acelerón de su Plan de Estado libre asociado, en un paisaje extraño, donde se oyen las voces contrarias de las fuerzas constitucionalistas y de organizaciones muy diferenciadas del País Vasco, mientras el silencio de ETA debe sumir al lehendakari en cierta pesadumbre, sobre todo al comprobar que desde la suspendida Batasuna decía su líder Otegi que el plan de Ibarretxe no lleva a ningún sitio. Bien es cierto que en el País Vasco, como en todas partes, hay vías de comunicación «bajo cuerda», por lo que Ibarretxe podría haber recibido el visto bueno de la banda etarra a su plan soberanista, pero ello es altamente improbable, dado que en varios aspectos se queda este plan más corto que Estella, porque al menos el lehendakari no propone suplantar las instituciones representativas de Euskadi con órganos improvisados. No lo va a pasar bien el PNV durante un tiempo, por mucho que Arzalluz intente dividir la unión antiterrorista del PP y el PSOE, ridiculizando a José Luis Rodríguez Zapatero por haber caído en una trampa electoral, y ser rehén o cautivo de ella. Sugiere así Arzalluz que los socialistas no pueden despegarse de la política vasca del PP, ni de «lo patriótico, incluso, el Perejil y demás», porque saben que «todo el pescado está vendido», refiriéndose al pescado electoral, y oponerse a ello es perder votos. Pero Arzalluz ve cómo su partido está intentando aguar en cierto modo el plan de Ibarretxe, suavizarlo, ¿congelarlo temporalmente?. Marea ya que el nacionalismo democrático haya pasado de su tradicional doble lenguaje a un lenguaje distinto por cada dirigente, pero el hecho es que en esta ocasión el Partido Nacionalista Vasco se ha quedado solo, sin nadie a favor en su izquierda o en derecha, y menos enfrente, donde se enumeran las prioridades ineludibles -fin de ETA, sobre todas- que anteceden a una posible toma en consideración de las ocurrencias o planes soberanistas del lehendakari.

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