Diario de León

TRIBUNA

Carbón, lo que se ve y lo que se oculta

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En Comisiones Obreras nos preguntamos si es que quienes están al frente de nuestras instituciones más cercanas (Junta, Diputación y aquellos ayuntamientos mineros del PP, por no decir quienes tienen más alto grado de representación por la provincia), no saben lo que se está cociendo en el Ministerio de Economía en relación con la reserva o cupo estratégico de carbón nacional que el Gobierno español debe determinar y comunicar a Bruselas. Parecen tener una confianza tan ciega en sus compañeros de partido en el Gobierno que no cabe siquiera inquietarse desde la comunidad autónoma y desde la provincia por el rumbo que puedan tomar las ayudas. O quizá lo único que ven son los fondos Miner, y como tales recursos económicos hay que estar presto a ver lo que se puede aprovechar para su feudo y sisar a los rivales políticos como si de una feria se tratase. ¿Cómo puede dejarse escapar al Secretario de Estado de la Energía, en su visita a la provincia y a una cuenca minera, sin ponerle delante la exigencia razonable, y con argumentos sobrados, de que todas las empresas de León, junto con las de Palencia, deben estar en esa reserva estratégica con sus cinco millones de toneladas de producción y con algo más importante: con más de cinco mil empleos directos y un número difícil de cifrar, pero no menos importante, de empleos auxiliares, subcontratas, etcétera. ¿Cómo se le deja ir sin ponerle en serios aprietos tratando de obtener respuestas sin rodeos? Que el único que lo demande públicamente sea Vallvé y su voz no sea acompañada en griterío deja la exigencia del consejero como a quien da voces en el desierto o como el que lo pide para un amigo o familiar. ¿Qué significa eso de que si algunas minas de la provincia no estuviesen en la reserva nacional nunca conllevaría traumas? Quizá crean que esto se debe jugar a la ruleta rusa, o negociarse entre bastidores para que no haya estridencias por alzar la voz cuando hace falta. Inaudito e incomprensible para nuestra organización sindical, y en esto no sólo los populares, sino también agentes políticos de diferente color causan asombro. Saben que los sindicatos en la comisión de seguimiento del carbón llevamos dos reuniones plantados para impedir que el debate siga corriendo por el camino deslumbrante de la creación de empleo alternativo, de los fondos que se gastan con puntualidad, etcétera. Mostremos tal cual está hoy el sector (plantillas, producciones, reducciones, minas, yacimiento, condiciones de trabajo y salariales de los mineros) y abordemos desde aquí el futuro mapa, reserva y cupo minero. Y nadie entre los que políticamente se reúnen con Folgado, salvando la actitud del consejero de Industria al que dejan solo, le transmite que el debate que se está pidiendo para León no es una bobería de los sindicatos, sino una necesidad para aclarar de una vez qué intenciones se tienen para esta provincia. No le llevan el temor de los mineros de León, el hartazgo de los mismos por ser siempre referente de altos salarios cuando están cayendo alevosamente los mismos. Y sirve esto para que empresarios y políticos que o no lo ven, o no quieren verlo, justifiquen las disminuciones de costes en las empresas de la provincia . Y tan sorprendente resulta para Comisiones Obreras, igualmente, que sigan en su modorra de actos estratégicos, políticos, congresuales, etcétera, y desprecien el significado de visitas a la mina como ésta, después de que hemos puesto también sobre la mesa los acuerdos y compromisos empresariales con los sindicatos y con los comités tomados al comienzo del Plan del Carbón que legitimaron y pusieron base legal para que cada empresa, en su caso, pudiese así con esta legalidad tener ayudas. ¡He aquí lo que todos los miembros de la comisión de seguimiento hemos visto!: algunas empresas de nuestra provincia incumplen abiertamente sus acuerdos en cuestiones como recolocaciones o nuevas admisiones en número superior a doscientos empleos. ¡Bah, una bagatela!, que son cuarenta, ciento cincuenta o doscientos empleos en una comarca o cuenca minera, en una provincia donde todos los días se crea una empresa que supera esa cifra. Y si esa visita sin otras explicaciones parece avalar esos comportamientos empresariales, el silencio de los demás agentes políticos lo hace igualmente, y libra a quien tiene la responsabilidad del coste político que eso debe tener. Si la impresión que el secretario de Estado de Energía puede llevarse es que aquí todo vale, que no hay inquietud ni problemas para los mineros, de que damos por bueno lo que se está y como se está haciendo, no va a ser con el plácet de Comisiones Obreras. Pero en nuestra censura entran también las posiciones políticas que intentan despistarnos a sindicatos y mineros y huyen de cualquier reprobación a estrategias o procederes empresariales que están teniendo graves consecuencias para los territorios donde desarrollan su actividad. Pero intentan acaparar la atención pública y política señalando a un único causante político de nuestros males.

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