LA ALMENA
Golpes sí, pero al mentón
L martes, en el Congreso de los Diputados, el líder socialista José Luis Rodríguez Zapatero hizo uso de una de sus más temibles armas: la astucia y el sentido de la oportunidad. Su bien estudiada estrategia hizo crugir el banco azul. Fue un golpe de efecto que puso pimienta al debate presupuestario que Aznar y Montoro creían tener perfectamente condimentado. Ya tenemos golpe de efecto. Pero ahora falta el golpe al mentón de nuestros problemas sociales. ¿Quién será capaz de darlo? El reto no es quién parece el más listo de la clase sino quién, está dispuesto y tiene capacidad para dirigir un equipo que conecte con la realidad de los requerimientos y necesidades de los ciudadanos. Hoy por hoy, todavía no se vislumbra con claridad si el PSOE va a ser capaz de ofrecer a la sociedad española un grupo de gente con el ímpetu y la solvencia necesarios para afrontar los retos tan variados, y de tan hondo calado, de nuestra sociedad. Pero, si existen esas dudas, no es menos cierto que el gobierno del PP parece haber agotado su combustible imaginativo. Todo se mueve en esquemas repetidos y conocidos, da la sensación de estar todo dicho. Con este panorama, la sociedad se pone por delante de la clase política que aparece como a rebufo de sus inquietudes, de sus miedos, de sus confusos deseos de cambio. Todo lo realmente importante está por decir y por hacer. Lo apuntaba ayer en Oviedo Hans Magnus Enzensberger, el ensayista y poeta alemán galardonado con el premio Príncipe de Asturias de Humanidades, al reconocer que el juego rutinario de los partidos no le emocionaba lo más mínimo. El alejamiento de los partidos, -y vale decir lo mismo PP que PSOE-, por parte de los jóvenes sigue siendo un fenómeno demoledor. ¿Cómo no va a haber tal alejamiento si ningún responsable político se muestra preocupado por realidades como el creciente abismo entre jóvenes y viejos? ¿Por qué se ha tardado tanto en sacar a la palestra vergüenzas como el desorbitado precio de la vivienda que tiene anclados a los hijos -mal que les pese a unos y otros- en la casa paterna? ¿Cómo no se aborda con seriedad el problema de la inmimgración? Llegando aquí, a nuestra Arcadia feliz a orillas del Bernesga, se nos proponen estadios de primera, espacios verdes, ríos urbanizados, multicines y complejos de ocio, pero no está muy claro si lo que en realidad estamos construyendo es una inmensa residencia geriátrica dotada de todas las comodidades. En ese León ocioso que se otea, se ven pocos niños, poca gente joven, poco trabajo productivo, poco entusiasmo en estado puro. Cosas que no se solucionan con golpes de efecto.