Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

N hombre que no bebe vino y que no quiere dar la mano a las mujeres porque, ante todo, quiere ser leal a los preceptos de su religión, se cogió ayer de la mano de la criatura más libre de nuestra literatura para criticar a los falsos «quijotes» de nuestro tiempo «que no conocen a nadie más que a sí mismos». Harán muy mal, en efecto, -como apunta Fernando Onega en su artículo de la página siguiente-, quienes se queden en el mero anecdotario del protocolo de la visita del presidente iraní, Mohamed Jatamí. Por muy absurdas y criticables que nos resulten las pretensiones del excéntrico invitado, -cargadas sin duda con el pesado lastre de una intransigencia religiosa que aquí resulta ya infumable-, lo cierto es que no conduce a nada plantear respuestas desmesuradas que parecen beber de las soterradas corrientes por las que aún circula nuestro peor «integrismo». Es malo no tener memoria histórica. Nuestras abuelas, nuestras madres, no osaban entrar en la iglesia sin mantilla. Y Franco -anteayer- no hacía ascos a los palios en una expresión de interesada simbiosis entre el poder civil y religioso que hoy nos parece ridícula y chirriante. Claro que, si nos vamos a los tiempos de Cervantes, tan caros al misógino Jatamí, nos encontraremos con la intolerancia religiosa más obtusa. Tiempos difíciles «en los cuales no puede uno hablar ni callar sin peligro». Es a Jatamí, y al régimen que representa, al que le toca apechugar con sus abrumadoras contradicciones pero no deja de ser significativo que eche mano de Cervantes como instrumento conciliador. Y resulta especialmente esperanzador que fuera en aquella época de fuerte olor a incienso, dentro de aquel permanente peligro, donde Cervantes diera vida a sus criaturas, tan libérrimas, que hoy siguen caminando enhiestas, lanzando a los cuatro vientos el mensaje de lo compleja que es la condición humana. Jatamí dejó ayer la alfombra persa y se montó en Rocinante para criticar las visiones quijotescas de las superpotencias que, vaticinó, «sólo pueden desembocar en genocidio universal». Queda claro que aludía a la política norteamericana y a un mundo «carente de afecto, de humanidad y de compasión». A su juicio, el auge del poderío militar es el síntoma claro de la derrota del pensamiento moderno. No son para perder de vista los juicios de Jatamí pero, para que ese «diálogo entre civilizaciones» que propone sea fecundo, algunos regímenes islámicos tendrán que poner también más de su parte. Y, si hace falta, releer los textos sagrados porque no puede ser malo; muy al contrario, es bueno, darse, todos y todas, las manos.

tracking