AL TRASLUZ
Mero ruido
DURANTE años, he cubierto numerosas manifestaciones de estudiantes de institutos y nunca me han parecido dignas de ser tomadas muy en serio. Los alumnos deben manifestarse por sus intereses, pero también han de conocer el qué y el porqué, algo que rara vez se da. En una foto de este periódico, unas adolescentes aparecen sentadas junto a una pancarta en la que reclaman más laicismo. El Estado no tiene religión, pero dudo mucho que esas chicas supiesen el significado de dicho termino y, lo que es más importante, argumentar su propia reivindicación, no digamos ya contextualizarla en la historia más reciente de nuestra enseñanza. En fin, noto en todas estas manifestaciones la mano que mece al cuna. Puede haber una minoría con tempranas inquietudes políticas o sociales, y de la que surgirán futuros líderes, pero hay sobre todo una inmensa masa adolescente que cambia gustosa su reino por una partida en los futbolines. No hay otra forma de aprendizaje que la basada en el esfuerzo, algo que debe ser compatible con la aplicación de metodologías avanzadas. Todo está inventado, aunque sea mejorable. Pero todo sistema educativo ha de basarse en el tesón, es decir, en el estudio, en la superación de etapas, en echarle horas, en dominar lo que antes se resistía, en renunciar para conseguir. Y aunque la labor del docente sea clave, es el alumno quien ha de ser el protagonista de su propio camino. Es bueno que haya exámenes que sirvan para constatar los conocimientos de cursos pasados, siempre que esas pruebas se ajusten a la lógica de lo esencial y no a la mera cacería. Porque la memoria, lo he escrito aquí ya en otras ocasiones, no es la diosa del aprendizaje, pero tampoco puede ser desterrada, ni los animales pueden prescindir de ella. Se habla también del rechazo a crear jerarquías entre buenos alumnos y malos, pero estas existen y son inevitables, pues las creas la propia dinámica diaria. Me reafirmo en lo ya escrito en otras ocasiones al abordar esta cuestión: esfuerzo del alumno y calidad de los docentes. Sin ambos puntos de partida no hay nada que hacer. Todo lo demás es mero ruido.