TRIBUNA
No a la Ley de Calidad de la Enseñanza
CON referencia al artículo publicado, el sábado pasado, en este mismo diario y titulado: Sí a la Ley de Calidad de la Enseñanza. ¡Faltaría más!, que no estuviéramos de acuerdo en que queremos una enseñanza de calidad, no sólo para la enseñanza secundaria, sino para todos los niveles de enseñanza de nuestro sistema educativo. Pero, evidentemente, una cosa es la calidad de la enseñanza y otra es la llamada Ley de Calidad de la Enseñanza, con la que se pretende mejorar la calidad de ésta, valga el juego de palabras. En ese artículo, se culpa a la Logse de las faltas de ortografía que tienen nuestros alumnos del nivel de enseñanza secundaria y que arrastrarán a lo largo de su vida. Yo diría, que esto siempre ha ocurrido y sino que se lo digan a los sufridos y expertos correctores de periódicos y novelas, cómo han tenido que corregir las faltas de ortografía de afamados periodistas y escritores de reconocido prestigio y eso no ha empañado la capacidad creativa de sus mentes reflejada en su magníficos artículos y libros; y cito a estos profesionales ya que, en cierto aspecto, tienen que ser especialistas en la cuestión ortográfica o, por lo menos, mucho más de lo que pueden ser otros especialistas en ingeniería química, medicina, etcétera y que no hemos surgido de la Logse, sino de un bachillerato con dos reválidas, si estudiamos dicho nivel de enseñanza en décadas muy anteriores a la aparición de la Logse. Sobre este tema no hace mucho el premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, provocó un cierto revuelo al hacer unas declaraciones en el sentido de que debía de darse una cierta libertad a las reglas ortográficas. Desde mi particular punto de vista, una enseñanza de calidad no es ese tipo de enseñanza «enciclopédica y memorística» -el aprendizaje de las reglas ortográficas es de ese tipo- sino aquélla que fomenta la capacidad creativa y razonamiento que conduce a la búsqueda del conocimiento y al origen de las cosas. Precisamente, la Logse nació para romper con los esquemas de una enseñanza secundaria tradicional, decimonónica, en la que primaba el estudio memorístico de las diferentes materias, sobre todo de las humanísticas y afines, creando nuevos itinerarios con asignaturas complementarias que abrían a los estudiantes nuevos campos del conocimiento y consiguiendo que se salieran de la «estrechez de los libros de texto», desarrollando su capacidad imaginativa, etcétera. Otra pega que se ha puesto a la Logse por quienes han introducido la llamada Ley de Calidad, es que hay muchos alumnos mal preparados en este nivel de enseñanza; pero lo que no se dice es que también hay muchos más alumnos mejor preparados que antes. ¿De dónde han salido esa gran cantidad de jóvenes titulados de facultades universitarias y escuelas de Ingeniería y Arquitectura, etcétera? (Las últimas estadísticas dicen que en España, proporcionalmente al número de habitantes, hay más estudiantes universitarios que en los demás países europeos). La formación de enseñanza secundaria de ellos, ha sido Logse, y esto no es un handicap, más bien contrario y me atrevería a decir, con toda rotundidad, que su formación final es mucho mejor que la que teníamos los que cursamos estudios universitarios apoyándonos en un bachillerato con dos reválidas. La moraleja es que exigir por exigir, nunca ha sido bueno. Precisamente en tiempos atrás fuimos muy criticados por diferentes organismos internacionales, relacionados con la educación y el desarrollo, porque en España no había realismo a la hora de diseñar los curriculum y los niveles de exigencia en los estudios universitarios que pecaban de ser carreras de muchos años y con contenidos que no sintonizaban con la formación que deberían tener los estudiantes para insertarse en el mercado del trabajo... Por eso carreras como las Ingenierías Superiores, Medicina, etcétera, vieron reducidos sus años de estudio y, a pesar de eso, sus titulados no salen peor preparados. Esto vuelve a corroborar, de nuevo, lo dicho anteriormente: la calidad de la enseñanza, tanto en el nivel secundario como en el universitario, no está en poner excesivos filtros selectivos, llámense reválidas o lo que sea, sino en que los contenidos que se impartan y como se impartan sean los adecuados para satisfacer las necesidades de los alumnos, que es lo mismo que decir del país, en este mundo tan globalizado y cambiante. Uno de los grandes problemas que tiene actualmente la Enseñanza Secundaria, es que muchos de sus alumnos no soportan un normal y no digamos «excesivo formalismo enciclopédico», ya sean humanidades o ciencias. Estos alumnos son los que van a adquirir una preparación deficiente, según los esquemas de la enseñanza tradicional, siendo estos los llamados alumnos mal preparados por los detractores de la Logse. ¿Qué pasará con estos alumnos si damos una vuelta de tuerca más con esta Ley? Además, ¿para qué sirven tantos controles y exigencias en los niveles de secundario, y universitario sobre todo, si el sistema educativo del país no se pone lo suficiente al servicio del desarrollo científico y tecnológico, para aumentar el nivel de vida de sus ciudadanos? Es el Estado, a través del Gobierno de turno, el que tiene que aprovechar el potencial de los titulados universitarios y demás agentes productivos, haciendo fuertes inversiones en investigación, desarrollo e innovación tecnológica. Si no se activan estas líneas de actuación, el futuro de nuestro país no será bueno al depender, cada vez más, de la tecnología de fuera, lo que conllevará una disminución de la competitividad industrial y, como consecuencia, un aumento del paro.