Diario de León
Publicado por
Julia Navarro
León

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LA ineficacia del Gobierno de la Nación está a la par del de la Xunta de Galicia y al de la Unión Europea en el caso del Prestige. Desde que se dio la alarma sobre la situación del superpetrolero «Prestige», hasta hoy, el Gobierno ha brillado por su ausencia, por su incapacidad para coger las riendas de la situación y procurar evitar los mayores efectos de la catástrofe. Es sorprendente también la dejadez de la oposición que no ha sabido plantear la necesidad de un debate urgente en el Parlamento para que el Gobierno informe de la situación y de las posibles consecuencias. Es precisamente en momentos como éste cuando más se evidencia la necesidad de que las Cortes renueven sus reglamentos para hacer posible que, cuando un problema de este calibre está en la calle, el mismo día se trate de ese problema en el Parlamento. ¿A qué esperan sus señorías para tratar la catástrofe del Prestige? ¿A qué esperan para plantear una línea de acción que trate de impedir que vuelvan a reproducirse sucesos tan lamentables como éste? La Unión Europea también ha mostrado su incapacidad para abordar y resolver problemas. Ahora resulta que en la UE existen unas normas de seguridad aprobadas pero que todavía no han entrado en vigor, así que mientras tanto no se pone ningún impedimento para que sigan surcando nuestros mares y los de otros países europeos buques que, como ha quedado meridianamente claro, son bombas de relojería como el famoso «Prestige». Accidentes como el de este petrolero son evitables, simplemente prohibiendo la circulación de barcos que no reúnen las debidas condiciones de seguridad. Pero lo cierto es que vivimos en una economía donde nadie se plantea poner límites a nada hasta que no ocurre una desgracia. Las vacas tienen enfermar y contaminar a los humanos para que todo el mundo se lleve las manos a la cabeza descubriendo que la ganadería intensiva es una barbaridad y que es un atentado contra la Naturaleza convertir a un rumiante en carnívoro. Tiene que ocurrir una catástrofe ecológica, también social y también económica, como la provocada por el «Prestige» para que los gobernantes se planteen que quizá ha llegado la hora de poner coto a que los buques sin medidas de seguridad pasen por nuestras costas. Es decir que, si no hay escándalo público, lo que se sigue haciendo es miran hacia otra parte permitiendo un mercado sin control. Pero, sobre todo, sorprende la falta de decisión del Gobierno español para afrontar esta crisis, que según los expertos se podría haber paliado si se hubieran adoptado algunas decisiones que no se han tomado. Me parece a mí que en caso de catástrofe con estos gobernantes sólo cabe decir aquello de ¡sálvese quién pueda!

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