Diario de León
Publicado por
Vicente Pueyo
León

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Hay una España agazapada, encogida, hipocondríaca, insolidaria, metida en el caparazón del ahí me las den todas. Y hay otra España abierta, solidaria, desprendida, de corazón ancho. Es la España voluntaria que no pide nada y da todo lo que está en su mano. Es la única referencia que nos queda para seguir confiando en que este país vale la pena. Esa España voluntaria, pringada de fuel hasta las cejas, es la que estos días está poniendo colorada a la clase política que sigue ensimismada en sus trifulcas y en su incapacidad para bajar a la arena. Muchos van a pagar caro esta especie de embotamiento pero también la credibilidad en el sistema democrático donde, al menos en teoría, deberían recalar los mejores. Algo que, hoy por hoy, no deja de ser una utopía. El Gobierno sigue encastillado en el absurdo objetivo de quitar hierro a la catástrofe pretendiendo poner sordina u obstáculos a una información que habla por sí sola y a gritos. Y mientras se constata día a día la dificultad y la penosidad de los trabajos de limpieza, sigue sin echarse mano del Ejército; algo que nadie entiende pero que invita a pensar si no se trata de más de lo mismo: no querer reconocer la gravedad de la catástrofe. Tampoco se consigue la eficacia necesaria para la disposición y reposición de los medios que son imprescindibles para que el trabajo a pie de obra sea efectivo y no solamente épico y voluntarioso. «Si es que no cunde el trabajo» comentaba estos días desolado uno de esos cientos de voluntarios mientras intentaba despegar de su pala una mugre pastosa que es lo más parecido a una plaga bíblica. Mañana jueves, recién duchados y atufando a Egoist, dicen que los señores diputados darán la cara en el Congreso y se pondrán de nuevo de vuelta y media. ¿Volverá Cascos a insistir en el «y tú más» y a mentar lo del Gal? En fin, el PP se asirá como un náufrago a la flema galaica de Rajoy, insustituible salvavidas cuando arrecia semejante temporal. ¿Y el PSOE? ¿No se ha visto un partido desbordado más que un partido con capacidad de gestión y con sana vocación movilizadora? Lo dicho; nos queda la España voluntaria, la que no se va a cazar a deshora en los penúltimos latifundios, la que está en su puesto, la que sobrevuela por encima de las mezquindades políticas y se presenta valiente y decidida: «dadme un rastrillo y una pala». Lo que ocurre es que son demasiado pocos. Es tiempo de que cada cual se mire para adentro y que aguante su vela. Aún hay tiempo de coger el mono.

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