Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

Los jóvenes no dimiten

Publicado por
J.F. Pérez Chencho
León

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Está probado -no se supone- mi aversión a madrugar. Si ahora lo hago, después de tres décadas de bohemia -¿de qué: no será de trabajo, en lugar de esa magia que suponen como ocio?- es por puro joder de la superioridad o por exigencias del guión. Un guión bufo que no tiene autor. Suele ser tan aberrante y necio que ningún hijo de la púrpura se atreve a rubricarlo. A cualquier hijo de la púrpura se le pueden sacar los colores por su insensibilidad a ese corte de navaja barbera que separa la noche del día. Ayer nevaba con gula a esa hora. Y poco después de tomar el primer café de la mañana recibo la llamada de Luis Artigue, columnista de fin de semana en este periódico. Es uno de los fichajes estrella. No es fácil en nuestros días encontrar talentos comprometidos. Y Luis es uno de ellos. Me desconcertó con su madrugón. Quizá aspira a que cuando le guiñe la diosa de la inspiración, sea de mañana, tarde o noche, le encuentre sentado ante el ordenador. Fue preciso, casi lacónico: he estado en Galicia durante este puente sin ojos, pero alargando pero la emoción. Es uno de tantos y tantos jóvenes que glorificaron valores como solidaridad, el respeto al medio ambiente, la dignidad y la esperanza. A esa hora de la mañana, Luis, casi no recibo. Pero me quedó colgando el mensaje. Y volvimos a hablar al amor de una infusión y un café. Lo hiciste a borbotones, como los vómitos del «Prestige». Con una sola diferencia: tú lo hacías en blanco, y ese buque cabrón sigue con el ropaje de la negrura viscosa. Lo mejor de los periodistas, igual que los psiquiatras, es que escuchan. Escuchar no es callar. Tu versión de lo que estaba sucediendo en Galicia con esa marea negra que todo lo pudre, estaba y está en las alforjas de los jóvenes y en la negritud inmensa de los marisqueros, marineiros y hombres/mujeres de las aldeas. Después de partiros el alma en las islas de Ons, en Corrubedo o en las Cíes, en el relax del almuerzo, no reconocíais absolutamente nada de vuestro trabajo en el Telediario de la «uno». Sólo el amor de los vecinos ofreciéndonos pan con sardinas, queso de tetiña o empanadas de berberechos. Luis Artigue deplora que el Gobierno tenga una idea motriz de la juventud: si protesta por meter con calzador la Ley de Calidad de la Enseñanza, desde las alturas oficiales llueven granizadas descalificando a los opositores como si fueran desarrapados que aman más el botellón que la cultura; si piden condones, son hijos de la lujuria y les importa una mierda, en concordancia con el Episcopado, que el sida prenda en el ramaje más fértil. La riada de jóvenes es la que ha ahogado a Aznar y a su Gobierno. Ha estado a pie de obra, mientras algunos de los ministros y el propio Fraga institucionalizan el ocio. Los jóvenes no dimiten. Tampoco lo harán los ministros.

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