Diario de León
Fernando Jáuregui

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A marea negra es mucha marea, y se va a llevar en sus aguas emponzoñadas a más de uno, ya lo verán. De momento, el nerviosismo en el PP es patente, y ya el propio presidente del partido y del Gobierno, José María Aznar, advirtió este martes contra las prisas sucesorias de «alguno». Aviso a navegantes, o a navegante, porque las conjeturas acerca de a quién pudo referirse el «jefe» ya han, desde luego, comenzado: ¿caza de brujos? Como han comenzado a circular los rumores acerca de las tormentosas (presuntamente, claro) sesiones de los seudo gabinetes de crisis, en alguno de los cuales ya participa, por fin, Fraga. La sintonía entre el padre fundador de la casa Popular y los hijos tampoco parece ahora ser ya tan buena, y los reproches entre el noroeste y el centro abundan. Siente don Manuel que le empujan hacia afuera, y reacciona con las vísceras. Sectores monclovitas culpan de muchas cosas a los comunicación, y el responsable de la cosa, Alfredo Timmermans, un joven eficaz a quien las ojeras llegan ya hasta las rodillas, empieza a saber, a su costa, que quien se encarga de lo que a él le ha tocado encargarse acaba siempre siendo culpado hasta de que los autobuses estén mal aparcados. Otra cosa es que Mariano Rajoy, su jefe, haya tenido que salir a dar la cara mañana y tarde, explicando al fin la verdad o algo que se le aproxima mucho; y la gente quiere la verdad, aunque la verdad sea dura y agrietada por todas partes. ¿Es sólo una cuestión de comunicación, de celos ante el comunicador, de peleas por salir o no en la foto, lo que agita internamente las aguas del PP? Yo creo que no. Hay más. Aznar está como inmóvil, recibiendo muchas cornadas de medios de comunicación y de periodistas que antes caminaban a su lado o, para ser exactos, dos pasos detrás, respetuosamente. Y no siempre estas críticas están del todo motivadas, ni todo lo que dicen los medios de comunicación se atiene al tono mesurado que ahora sería deseable. Está Aznar recibiendo, en suma, un castigo inmoderado, algo parecido al que recibió el Adolfo Suárez de la última etapa monclovita. ¿Pasará la galerna negra? Nadie puede predecirlo; esta es una de esas crisis de chapapote que dura meses, oscureciéndolo todo, incluso las perspectivas electorales de un PP al que parece haberle abandonado la «baraka». Y ya se sabe que, a perro flaco, todo son pulgas. Sobre todo, pulgas correligionarias. Ha habido demasiado silencio, excesiva unanimidad, casi nada de autocrítica en el PP, montañas de aplausos aduladores en los congresos y en los pasillos y eso, ahora, se paga. Esperemos que no a un precio demasiado alto.

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