Diario de León
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León

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Tengo que confesar que Galicia me duele en el corazón, que parte de mi sangre tuvo su origen allí, que en ella conocí la mar por primera vez, que en una de sus playas me doctoré como Biólogo, que en numerosas ocasiones he trabajado en sus aguas o en sus playas y que, aunque ahora mis derroteros científicos me han llevado a aguas mucho más cálidas, todavía siento algo muy especial, algo muy mío, cuando me sumerjo en cualquier punto de la costa atlántica o cantábrica. Por todo ello, considero que en este momento tengo que mantener la cabeza muy fría ante un hecho como el que ha protagonizado el petrolero «Prestige» y no dejar que ese corazón, hoy henchido de rabia e impotencia, sea el que dicte mis palabras a continuación. En estos días hemos sido testigos de una descoordinación absoluta por parte de quien se entiende que tenía que coordinar, de una burla política y de los políticos bajo el lema «todo está bajo control», de una carencia de información -política de nuevo- que se ajustara a la realidad de lo que allí estaba ocurriendo y de una impotencia seguida, o acompañada, por la desesperación, de aquellos que se ven más afectados o de los que de manera altruista han ido hasta allí para ayudar en lo que pudieran. Sobre todos estos aspectos nos hemos hecho ya muchas preguntas y se han escrito ríos de tinta, algunos más negros que el propio chapapote, y por eso no quiero ahora ser redundante. Pero sí me gustaría hacer una pregunta a quien tomó la decisión sobre lo que había que hacer con el «Prestige», una vez conocido el percance: ¿consultó usted a los científicos? Y es que, según mi opinión, la respuesta ante hechos de estas características hay que buscarla en la Ciencia. En la Ciencia con mayúsculas, en la Ciencia interdisciplinar y en la Ciencia universal. El conocimiento científico sirve para prevenir, ya que el científico es capaz de generar hipótesis, las cuales puede trasladar a modelos predictivos, poner en práctica, modificar, etcétera; en definitiva, confirmarlas o desecharlas, adelantándose a los acontecimientos que en un futuro se puedan producir. Además, el conocimiento científico sirve para actuar, ya que el científico, basándose en los conocimientos previos adquiridos, por él mismo o por otros colegas, es capaz de aportar soluciones razonadas, que tienen su origen en un ejercicio de la Ciencia en libertad, libre de ataduras coyunturales, libre de partidismos, libre de ingerencias externas y de grupos mediáticos, libre, en fin, porque se basa en los hechos, en los resultados y en la exposición razonada de unas conclusiones. ¿Se le ha ocurrido utilizar el conocimiento de los científicos, para establecer un plan de prevención adecuado ante posibles eventos como el del «Prestige»? ¿Se le ha ocurrido utilizar el conocimiento de los científicos, una vez que se ha comprobado que no existían medidas de prevención, para tomar la decisión más adecuada en relación con la magnitud de unos hechos ya consumados?... Creo que la respuesta, sobre todo a la segunda pregunta, es obvia, porque si se hubieran utilizado los conocimientos de los científicos que han dedicado sus esfuerzos, en los últimos 25 años, a estudiar, desde todos los puntos de vista, la mar en Galicia, estoy seguro de que las decisiones que se hubieran tomado habrían sido bastante diferentes. Hoy, con mi modesto saber, comparto con esos científicos una sensación de impotencia, de inutilidad, de marginación -en el sentido de haber sido ignorados-, de haber sido tratados como unos entes a los que se contenta y se mantiene entretenidos anualmente con el reparto de unas migajas, en forma de presupuestos para la investigación, para que sigan «jugando» con sus bichitos, plantitas, moléculas, maquinitas, etcétera... y poco más. Pues a quien corresponda le digo, desde la modestia de mi opinión, pero desde el convencimiento absoluto, que servimos para mucho más de lo que usted se cree; y le digo también, que hoy muchos se han quedado sin «juguete», porque hoy los investigadores marinos en Galicia -y, sin duda, más adelante los de Asturias, Cantabria y País Vasco-, algunos de ellos en período de formación, han visto paralizados sus proyectos de investigación, tesinas de licenciatura y tesis doctorales, en cuyas páginas de conclusiones, y al día de hoy, sólo pueden colocar un folio tan negro como el «chapapote» que impregna sus áreas de investigación. Por último, no dude que mañana nos va a necesitar de nuevo. Somos útiles porque sabemos no sólo aprender, sino aplicar lo que hemos aprendido, y aunque estoy seguro de que ninguno de nosotros lo sabe todo, sí le aseguro que entre todos sabemos de todo, y eso es lo que usted, a la hora de tomar decisiones, habría necesitado: el conocimiento global, el conocimiento multidisciplinar que la Ciencia le hubiera proporcionado.

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