Diario de León
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León

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UNA secta rara, los raelianos, que afirma que la vida es un tinglado de ingeniería genética cocinado por una raza de extraterrestres, ha aprovechado las navidades para dar a luz a una niña clonada. Los clones, como señalaba el título de una película taquillera este año, se están vengando de mala manera. Las iglesias los denuestan, pero cada vez hay más. Los niños de Occidente han estrenado o están a punto de estrenar la misma vídeoconsola, lo que favorecerá la comprensión universal, al reducir los contenidos de la mente a lo verdaderamente esencial. Sectores abultados de la clase política están pasando las navidades vociferando tonterías similares. Entendemos que sean malvados y vanidosos. Es perfectamente humano. Pero, ¿quién les obliga a ser tontos? La única explicación es que sean clones de un solo idiota originario, que su existencia forme parte de una campaña de promoción de la secta de los raelianos. La gran ventaja intelectual del Niño Dios es que es único e irrepetible. El personal está descontento en muchos sitios. Ni siquiera la economía va bien. En Estados Unidos, las compras de fruslerías de fin de año están siendo las peores conocidas en muchos años, cuenta en primera página el The New York Times. Eso no impide al machote de Rumsfeld pavonearse de que su país tiene dinero para librar dos guerras a la vez, tras el nuevo frente que se abre -¿por torpeza de quién? ¿ha abierto una sucursal amarilla el eje del mal?- en Corea. Nunca se ha pavoneado, por ejemplo, de que le fuera posible movilizar recursos para acabar a la vez con el hambre de Sudán y de Sierra Leona. Esa vanagloria podría entenderse como el inicio de una conciencia moral y bastante ocupados están ellos en mantener principios como para perder el tiempo en consideraciones morales. Aunque el señor rosado y redondito que hace las veces esta temporada de secretario general de la Otan, acaba de decir que apoyar al machote Rumsfeldt es un deber moral. Diferentes iglesias del Reino Unido recuerdan estos días a Tony Blair, según la prensa de allí, que matar gente no es moral y sumarse a las atrocidades de la CIA tampoco y que torturar presos indefensos no está bien visto en el Cielo, aunque sean herejes. En algo se tiene que notar. Con las navidades la gente decente podría pensar en la urgencia de buscarles a los ejércitos ocupaciones más nobles que la de matar. En nuestro país, Federico Trillo lo ha comprendido bien. Ha puesto a recoger chapapote a sus huestes, que, por fin, conscientes de su utilidad, rebosan de felicidad. Tan felices están que, para nuestra edificación espiritual, los telediarios oficiales dedican a su contento más espacio que a los problemas de Joan Gaspart. Han acaparado palas y rastrillos hasta el punto de que los que no tienen el honor de vestir uniforme, deben recoger la mierda con las manos. Pero las playas -dice el periódico que dice el ministro- están espléndidas.

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