Primer milenario del Reino de Sevilla
Aveces acontece, así es sí así parece, el que para hablar/decir/relatar, en y por la libre voluntariedad cívica (de los ciudadanos españoles de la Nación Española, que tienen desde 1978 una Constitución Española en vigencia), sobre aspectos que pudieran entenderse y/o asimilarse tanto trascendentales como, e igualmente, en lo que se conjeturasen, aquellos otros que son intrascendentes o, por alguna característica y hasta especificidad, más livianos, se tuviera que efectuar, y como antesala prologuista ante cualquier iniciativa, alguna especie previa de acción homologativa estribada (o visado autorizable) y/o procedimiento cuasi obligatorio.
Tal, y desde lo precedente, señalado recoveco previo, asemejaría la activación consistente en consultar/seguir/adecuar a lo que, sobre tal cuestión y/o cometido, se tuviera previamente ya formado (o en vías de tal logro) en las esferas dominantes, de la gobernanza de la centralidad y sus aledaños, donde, y a forma referenciada, hubieran ya instalado un determinado y específico «servicio visador», dotado de una aplicativa parametrización completista (¡de todo, con todo y para todo!) que ejerciera, en formato universalista, admonicialmente de obligada guía conductual tanto a los neófitos intervinientes como al resto de foráneos.
Hablar a estas alturas, estamos en el siglo XXI, de la Corona Leonesa y/o del Reino de Sevilla, es tener, desde nuestra consideración, oportuna y atinadamente fijada la fronteriza línea medieval del río Pisuerga (al oriente castellanos y al occidente leoneses), así como todos esos corrimientos de la misma, ¡siempre hacia el oeste!, organizados desde la llamada «operatividad del favor real» (recuérdese la truculenta organización de la impuesta «diócesis pucelana», que recortó Medina del Campo a la diócesis salmanticiensis amén de otro bocado que le endosó a la diócesis palentina).
El que este año, de 2023, se cumpla el «I Milenario del Reino de Sevilla», vuelve a poner, aunque realmente nunca se había ido, sobre la mesa de la actualidad, ¡y otra vez!, las interpretaciones, con infinidad de anécdotas, sobre la territorialización peninsular y, con ello, el sesgo que, de las mismas, se ha venido efectuando con más o menos inclinación decisoria y más o menos supeditación (hacia algún tipo de intereses de sus respectivos momentos) y/o centralización.
Desde nuestro apoyo a la celebración del «I Milenario del Reino de Sevilla», parte también la consideración sobre todas las interacciones del mismo a lo largo del proceso histórico y la forma en que estas tuvieron lugar con todo el espacio hispánico en general así como de la particularización hacia la Corona Leonesa.
La propia perimetración, dentro de las oscilaciones que tuvo, del Reino de Sevilla nos lleva a su tangenciabilidad en el sur y oeste de Hispania y más en concreto con la propia Corona Leonesa y, por ello, a la constatación de aconteceres comunes.
El «I Milenario del Reino de Sevilla» no puede dejarnos caer en el olvido los hechos anteriores al año 1023, donde nos encontramos que tal espacio territorial mantenía en activo lo que puede considerarse el más antiguo camino de «la ibericidad romanizada» cual es «La Vía de La Plata» (diseñado en el occidente de la Península Ibérica).
«La Vía de La Plata» surca, por la Corona Leonesa, en las actuales regiones constitucionales de Extremadura y Reino Leonés, desde Hispalis hasta Astúrica ( la ciudad más antigua de España), para proseguir dualmente, desde aquí, ir o hacia «La Camara Santa» en Oviedo ( de Asturias) o al «Sepulcro del Apostol Santiago» en Campus Stella (de Galicia).
«La Vía de la Plata», ya era camino de viaje y peregrinación, entre Hispalis y Astúrica, antes de ser el «camino mozárabe jacobeo», baste recordar para ello, tan solo la devoción premedieval tan extendida a Santa Eulalia de Mérida en su itinerario.
«La Vía de la Plata» fue el camino por donde subieron, hacia la Corona Leonesa, los restos de San Isidoro (uno de los cinco de Cartagena que tanto saber derramó en los Concilios de Toledo y que tanto perpetuó desde Hispalis), en atención a Sancha I de León ( y a su valeroso esposo, el navarro Fernando I El Grande) y descansan en la Colegiata de León, que tuvo que ver con «el abadengo» de Da. Urraca Fernández (Señora que fue de Zamora) y de Da. Elvira Fernández (Señora que fue de Toro).
San Isidoro, junto al Apóstol Santiago son consideradas como «copatronos de toda la Corona Leonesa», cuyo enlace con el neovisigoticismo es más que evidente (recuérdese que San Ildefonso, otro hombre clave de loa Concilios Toledanos —que están en el origen primigenio de la Nación Española—, es el patrono de la ciudad leonesa de Zamora).
Todos sabemos que Fernando III de León está enterrado en Sevilla y que su padre Alfonso IX de León y su abuelo Fernando II de León están enterrados en la basílica de Santiago de Campus Stella. Los tres forman parte de la Casa Real/Imperial de la Corona Leonesa, de la cual deriva directamente la actual Casa Real Española.
Todos sabemos que Fernando III de León, de origen en Peleas de Arriba (provincia de Zamora, Región Reino Leonés, España, Unión Europea), es el reconquistador de Sevilla, donde también intervinieron más gentes de la Corona Leonesa, así como de otras latitudes.
El «león pasante» que preside una de las puertas de La Alcazaba, de la ciudad de Sevilla, es el símbolo heráldico de la Corona Leonesa, como lo es el distintivo «león rampante» municipal de la ciudad de Córdoba.
La reconquista medieval y moderna de las hoy tierras de Andalucía, sea en: Jaén, Córdoba, Sevilla, Cádiz (ligada a la casa de los Ponce de León, con «La isla de León» —donde se aprobó La Pepa —), Almería (ligada al Emperador de la Corona Leonesa Alfonso VII), Huelva (con toda serranía de municipios tildados como «de León»), Málaga y Granada, se hace en clave originaria, de ideario matriz, de la Corona Leonesa y tal raíz permanece.
El tamboril y la chifla, que suena en El Rocío, está presente a izquierda y derecha de «La Vía de la Plata» como lo está en «La Vía Dalmacia» o en «La Vía XVII» (entre Astúrica y Bracara).
El «I Milenario del Reino de Sevilla», debe recordar el sistema de entrelazamiento de «las parias» establecidas con la Corona Leonesa y el como, a traves de las mismas, se vinculaban y hermanaban los territorios y otro sí con «los mercenarios y/o soldados de La Frontera», provenientes de la Corona Leonesa, que se quedaban a vivir en el sur y algunos, en pasando el estrecho, llegaron hasta Tombuctu (donde constituyeron un reino).
El «I Milenario del Reino de Sevilla» es, que duda cabe, un recordatorio muy importante y altamente trascendente para toda la Corona Leonesa, así como, desde nuestra consideración particular y sostenido criterio, para toda España.
Quienes somos devotos de «Na. Sra. de La Hiniesta», patrona de la leonesa regional comarca de «La Tierra del Pan» [en la provincia de Zamora] y de la ciudad de Sevilla, no lo podemos olvidar, antes al contrario, estamos para ensalzarlo y proyectarlo, ya que liga nuestro actual presente con un pasado de amplia común raigambre.
Pudiera ser que, por aquello de los caminos convergentes, este «I Milenario del Reino de Sevilla», sirviera también para profundizar en cómo, ¡y de qué forma!, se han hecho los trazados territoriales en España antes del 6-12-1978 e incluso antes del 9-12-1931, dándoles otra, más y mejor, muy informada consideración.
Nuestra constitucional España Nación se asienta en la integración en ella, por mandato constitucional, de sus quince regiones españolas, y con ello en la solidaridad e interdependencia de las mismas, asi como en el mantenimiento de sus patrimonios (materiales, inmateriales y morales), que ahora, con ocasión del «I Milenario del Reino de Sevilla» se pueden, ¡y deben!, cumplimentar en el tiempo presente.
Sean expresas las felicitaciones a Sevilla (con el ámbito espacial de todo su reino y humano de todas sus gentes), por su «I Milenario del Reino de Sevilla», por su ser y por su estar en la Corona de España.