Diario de León

Artsaj: hacia el primer genocidio del siglo XXI

Publicado por
Hakob Simonyan
León

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A día de hoy existe en el mundo un riesgo cierto de que se produzca un nuevo genocidio, que sería el primero del siglo XXI, paradójicamente sufrido también por el pueblo que padeció el primero del siglo XX y, en ambos casos, a manos del mismo perpetrador, Turquía y su marioneta en Bakú. Se trata del pueblo de Artsaj, la República de Artsaj (Nagorno Karabaj), no reconocida de iure pero que tiene una identidad propia.

Se trata de un territorio ubicado en el Cáucaso, habitado originaria y actualmente por armenios, cuya soberanía e independencia es reclamada por sus habitantes pero que Azerbaiyán no acepta y niega rotundamente. Azerbaiyán, reclama como suyo el territorio en el que se asienta. Sin embargo, el pueblo que lo habita, que es originario y un 95% armenio, se proclamó independiente con la disolución de la Unión Soviética y, al día de hoy, continúa invocando su derecho a la autodeterminación a fin que se exprese en la consagración de un Estado independiente internacionalmente reconocido.

Aquí corresponde aclarar que, ante la arbitrariedad de la anexión de Nagorno Karabaj a Azerbaiyán y ante el hecho de que la República de Azerbaiyán rechazó el legado político y jurídico de la URSS, considerándose sucesora de la República de 1920, cabe considerar a Nagorno Karabaj como una República Independiente en base a su Independencia declarada. Sin embargo, Azerbaiyán insiste con que Karabaj está dentro de sus fronteras y que tiene soberanía sobre este territorio.

El 27 de septiembre de 2020, en plena pandemia, las fuerzas armadas de Azerbaiyán irrumpieron en el territorio de Nagorno Karabaj, atacando mediante el uso de armamentos de grueso calibre, incluso prohibido por las convenciones internacionales. Asimismo Azerbaiyán contó con la participación de miles de mercenarios sirios, y con ayuda directa de Turquía y Paquistán.

De este modo Azerbaiyán terminó tomando el control de parte del territorio de Nagorno Karabaj.

Si bien, el 9 de noviembre del 2020, se firmó un cese al fuego entre Armenia y Azerbaiyán, con Rusia como garante de la estabilidad; la inestabilidad en la región continúa y se trata de un problema latente. En este sentido, Azerbaiyán ha violado y está violando repetidamente el cese al fuego, no sólo atacando el territorio de Nagorno Karabaj, sino, además, lanzando ofensivas militares contra el territorio indiscutiblemente soberano de Armenia. Esto último pone en duda el argumento azerí basado en que sus ataques son en función de su oposición a los deseos del pueblo armenio de Nagorno Karabaj de ser libre e independiente. Azerbaiyán insiste en que le pertenece el territorio de Nagorno Karabaj y ha bloqueado, desde el 12 de diciembre del 2022, el corredor de Lachín, único camino que une este territorio con Armenia, y deja de ese modo prácticamente en situación de emergencia y riesgo de hambruna a las 120.000 personas que residen allí. Esto se produce a sabiendas que entre la población armenia hay unos 30.000 niños. Pero los armenios de Nagorno Karabaj no se rinden y dicen que morirán de hambre antes que aceptar una ayuda de Azerbaiyán, y rechazan de plano la integración por la fuerza de su territorio en la administración de Azerbaiyán.

El gobierno de Armenia envió, este 26 de julio, unas 400 toneladas de ayuda humanitaria a Artsaj, intentando llegar a través del corredor del Lachín, pero no la dejaron pasar. La misma suerte corrió el convoy de ayuda humanitaria de Francia, acompañado por una delegación oficial gala que encabezaba Anne Hidalgo, alcaldesa de París.

De acuerdo al artículo 9° de la declaración tripartita del 9 de noviembre de 2020, las fuerzas de paz rusas enviadas a la región deben garantizar un corredor de 5 kilómetros de ancho, que une Armenia con Artsaj, con sentido de circulación liberado en ambas direcciones, pero desde hace varios meses se comportan, expresándome moderadamente, como simples observadores de lo que está ocurriendo, sin ningún deseo de intervenir ni cumplir con el mandato tripartito firmado al final de la guerra, al haber permitido la instalación del punto de control de Azerbaiyán y el bloqueo mismo.

La intención de Azerbaiyán es «encerrar» literalmente a la población de Artsaj y hacerla totalmente dependiente del grifo humanitario de Bakú a través de Akna (Aghdam), donde tras la guerra se instaló un comando conjunto ruso-turco. Rusia deja así que Turquía gane influencia en el Cáucaso Sur, porque hoy la guerra es contra Occidente y sus fronteras del Este están cerradas. Necesita a Turquía y a Azerbaiyán.

Todos escuchamos con horror, hace dos años, como tanto el presidente de Turquía como el de Azerbaiyán declaraban que el verdadero objetivo de ambas naciones era terminar con lo que sus padres habían iniciado en 1915, o sea el genocidio y exterminio final de toda la nación armenia.

Estas intenciones evidentes y estos planes de limpieza étnica y genocidio deben ser prevenidos por la comunidad internacional, y una de las formas de prevención, en este caso particular, puede ser el reconocimiento de Nagorno Karabaj como Estado Independiente, tras reconocerle a su pueblo su derecho a la autodeterminación. Pero el primer paso urgente es el despliegue de fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz bajo los auspicios del Grupo de Minsk, de la OSCE, o de la ONU en Nagorno Karabaj para impedir el primer genocidio o limpieza étnica del siglo XXI.

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