Diario de León

Innovación de la fiesta de las Cantaderas

Publicado por

Creado:

Actualizado:

Abona la tradición que la aparición ecuestre del Hijo del Trueno, en los campos riojanos de Clavijo, propició el triunfo de Ramiro I (842-850) sobre el príncipe omeya Abd al-Rahmán II (833-852). Era el 22 de mayo del año 844. Esta victoria supuso la supresión del ‘nefando tributo’ concertado con el emirato cordobés en tiempos del rey Mauregato (783-789), hijo bastardo de Alfonso I y de una sierva probablemente berebere. Dicho impuesto obligaba al monarca cristiano al pago anual en feudo al sarraceno de cincuenta doncellas provenientes de la nobleza y de otras cincuenta procedentes del pueblo llano.

Más de un milenio después, en 1950, año de perdonanzas, en un opúsculo titulado Fiesta del Foro u Oferta, Raimundo Rodríguez, a la sazón canónigo y archivero de nuestro primer templo, «A guisa de portada» lo evocaba así: «de este tributo no se exceptuaba ni la familia más noble, como las Casas de Guzmán y Quiñones […] La casa que no tenía doncella, tenía que buscarla y vestirla bien y si no lo hacía había de pagar multa y cárcel y llevarla al año siguiente. No era recibida la que no iba vestida y aderezada como convenía».

La mencionada contienda de Clavijo es el origen de la fiesta de las Cantaderas que, en sucesión de siglos, se celebra en nuestra ciudad. Si bien se desconoce cuándo se inició en esta antigua Corte de Reyes el singular y polícromo ceremonial que conlleva esta conmemoración, en 1501 ya se estima de «inmemorial antigüedad». El P. Lobera presenció su desarrollo en 1595, dejando constancia de ello en su obra Grandezas de la Iglesia y de la ciudad de León.

En aquellas postrimerías del siglo XVI, su desarrollo comprendía cuatro días: 14, 15, 16 y 17 de agosto. Los dos primeros había ceremonias religiosas; el tercero se «corrían toros», que hasta canónigo torero hubo encargado de este cometido; y el último se celebraba el acto del Foro u Oferta, consistente en la entrega de un cuarto de toro, de las reses lidiadas el día de San Roque, un cesto de cotinos, (panecillos pequeños, exentos de sal, típicamente leoneses), y otro de peras y ciruelas. Desde 1816, el cuarto de bóvido se sustituyó por una aportación pecuniaria de 250 reales. Todo ello se entregaba por parte de los representantes del pueblo de León como ofrenda o dádiva voluntaria, siendo recibido, sin embargo, por el cabildo catedralicio como «boto u obligación». Luminarias, hogueras, fuegos de artificio, obras teatrales y juegos de cañas completaban los actos.

Por supuesto, no había acuerdo. El secretario municipal y el notario canonical, cada uno por su lado, levantaba el acta correspondiente llevando cada uno el agua a su molino, por decirlo de forma coloquial. Y hasta el año que viene. Lo mismo que acontece hoy día.

El Marqués de Fuente Oyuelo, en 1693, en el capítulo XV de las Políticas Ceremonias, ya lo resumía de este tenor: «Está allí el Procurador del Cabildo con un Escribano, [que] pide por testimonio que es voto, y el Procurador de la Ciudad, con uno de los [escribanos] del Ayuntamiento protesta [que] es devoción y obsequio a aquella Santa Imagen, por tan singular favor como recibió este Reino. Y hecho esto, se acaba la función y la Ciudad se disuelve».

Este ritual se celebra actualmente el domingo anterior a la festividad de San Froilán, 5 de octubre, patrono de la diócesis legionense. Entonces, la Corporación Municipal, ‘en forma de ciudad’, desde la Casa de la Poridad dirige su andadura hacia la S.I. Catedral. Va acompañada por los cuatro ‘Reyes de Armas’, es decir, por los cuatro maceros, la policía municipal de gala y la banda de música. Preceden a esta comitiva el carro chillón, engalanado a la manera típica leonesa, tirado por una pareja de bueyes con roscas de pan en las astas, las doncellas cantaderas, con sus cestillos colmados con los frutos típicos leoneses que servirán de ofrenda, y, por supuesto, la Sotadera, portadora de un arco floral que depositará ante Nuestra Señora del Foro y Oferta de Regla, relieve situado en la panda sur del claustro catedralicio, en el tímpano protogótico del chantre Munio Ponzardi, fallecido el 19 de septiembre de 1240.

En nuestros días, tras las tres intervenciones del síndico y el capitular se celebra la eucaristía. Después, ante la imagen de la Virgen Blanca, situada en el parteluz de la Puerta del Juicio Final, lo mismo que hicieron cuando llegaron y ante Nuestra Señora del Foro u Oferta, a los sones de dulzaina y tamboril, las Cantaderas interpretan la Cantiga décima de Alfonso el Sabio. Después, efectuadas las despedidas de rigor, la municipalidad se desplaza hacia la plaza de Santa María del Camino, destino de los carros engalanados.

La fiesta de las Cantaderas estuvo siempre incardinada intensamente en la sociedad leonesa. Lo rubrica la siguiente anotación de Fray Arturo Álvarez, O.F.M., en su obra La Virgen del Camino, en León, [1968, p. 33-34]: «En 1657 Francisco de la Fontanilla fundó varias misas que habían de oír en el Mercado las famosas Cantaderas, que en la fiesta de la Asunción actuaban evocando la libertad de las cien doncellas […] utilizándose unos viejos atabales que durante siglos se guardaron en el templo del Mercado y la tradición los hace venir de la batalla de Clavijo».

En resumen y en detalle, dando, pues, cumplimiento a la tradición, en este año del Señor de 2023, la fiesta de las Cantaderas tendrá lugar el próximo domingo, día 1 de octubre, en el claustro del primer templo de la diócesis legionense.

tracking