¿Quién enmienda esto?
No sé a ti, pero a mí ya me llega tarde el complejo mundo de internet y todas sus circunstancias. Me asombra cómo mi nieta de cinco años está más atenta que yo ante esta conquista. Y así debe ser. Pero no quita que nos supriman ese cara a cara con la realidad diaria. Todo será a no tardar online , a distancia, en la sombra. Y aquí viene el lío. Resulta que hay errores en la facturación o en las distracciones y cuesta un mundo resolverlos cara a cara. No sabes con quién hablas, ningún responsable de entidad te atiende, acudes a ciertos organismos estatales o comunales y nadie te escucha. A veces, te tachan incluso de ingenuo, porque te has fiado en exceso. Como si los errores los cometieras adrede. Y en vez de escuchar y corregir el problema se van enquistando hasta que te cansas. Te van dando largas y no sabes a quién acudir.
Vayamos al grano. Resulta que una compañía eléctrica, a través sus comerciales, te ofrecen una tarjeta-regalo para que la gastes en grandes superficies comerciales… Y vas y la coges. Quizás firmas pensando que es por haber cogido esa tarjeta valorada en 20/ 30 euros. Y te lo gastas pasados unos días. Y tan contento. Pero la sorpresa viene después, porque te han metido un seguro de ¡protección! eléctrica, que está valorado en unos ocho euros al mes. Ese es el regalo de la tarjeta. Te dan 20 a cambio de casi 100. Eso lo descubrí al segundo año (quizás otros aún lo estén pagando) cuando descubrí que me habían metido el seguro y me cancelaron la tarjeta al darme de baja. Entonces asocié seguro y tarjeta. Y así era. Y desde entonces estoy reclamando ese dinero a mayores que me metieron y en esas estamos. Encima acudes a Consumo y te llaman ingenuo y cosas por el estilo. En vez de desenmascarar a los caraduras, te dejan indefenso. ¿Para qué sirven esas oficinas públicas si no resuelven estos engaños? Yo no firmé nada relacionado con ese Seguro, a mí nadie me dijo que recibía una tarjeta a cambio de un seguro. Al final no sé quién tiene más culpa: si quienes cometen el fraude o quienes lo toleran. Y venga organismos.
Una empresa telefónica, por su parte, me ofrece una promoción por seis meses con un descuento interesante. Y va y al primer mes me cobran como si no tuviera promoción. Y me dicen que ha sido un error, que les ha pasado a muchos. Espero la devolución. Hasta hoy. Y empieza mi pelea. Les presento un escrito donde figura en qué consiste la oferta según ellos y miran para otro lado. O sea, me cobran, como si no tuviera la oferta, canales que no tenía: Netflix, series, ficción, dos líneas más…Les dije que esto yo no lo había firmado, ni lo quería a no ser bajo la oferta que me ofrecieron ellos. Y nada. Llamé por teléfono y ni caso. Llamé y tuve que oír que a algunos se lo hacían, que me iban a compensar bien… Pura comedia. Sigo a la espera. Parece que no hay nadie detrás cuando te sientes ninguneado. Y seguramente no hay nadie responsable detrás porque sigo como al principio o peor.
Tal vez, esperan que uno desista ante el silencio. Es una pena que no se pueda reclamar ante una autoridad de más mando, ante aquellos que se embolsan cantidades ingentes de dinero para que escucharan y atendieran estas quejas más que fundadas. No quiero ni pido regalos, solo quiero que respeten lo contratado. No creo que mi protesta sea porque sí. Tienen que entender mi posición. Parece mentira que entidades tan prestigiosas estén en manos de trabajadores que engañan a sus clientes. Seguro que ignoran estos pormenores, pero no es una buena manera de andar por la vida.
Ojalá que no haya más engaños. Y, ante todo, les pido que escuchen a sus clientes que, al fin y al cabo, son los que hacen posible que esas empresas estén en pie. No todo vale. Si se acercaran más al ciudadano de a pie, otro gallo cantaría. Espero que estas reflexiones lleguen a muchos usuarios que han pasado estos calvarios. Saben de qué les hablo, saben bien cuántas vueltas hay que dar para pedir lo que es de cada cual. En resumidas cuentas, siempre ha de haber entendimiento entre la empresa y el cliente y el mutuo acuerdo ha de regir el concierto.
Los buenos acuerdos harán posible llegar lejos y a gusto hasta el final. Estamos uno enfrente de otro con ánimo decidido de cumplir fielmente el contrato. No hay por qué andar de acá para allá con dimes y diretes. No es bueno para nadie. Y sobre todo para el más débil, el cliente.