Diario de León

TRIBUNA

Álex J. García Montero
Papón y docente

Cristo de la Cruz Quemada (y Ánimas de Ciegos)

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Es curioso, pero a muchos del norte gustamos de veranear en el sur. Cada estío, cientos, miles de cruzados caminan hacia las ásperas tierras del sur para respirar su humedad y bañarse en las aguas cálidas de sus mares, océanos de sosiego para unas inquietas y atormentadas mentes del cumplir, laborar, ordenar y planificar.

Viene a cuento esto, porque, somos varios los leoneses, que cada verano, acudimos prestos a las aguas del mar Mediterráneo o del Atlántico; Huelva, Cádiz, Málaga… y otros destinos son magnetos que nos atraen hacia una cultura bañada de los otrora invasores islámicos, hoy ansiadamente respetados como religión de la paz, la convivencia, la tolerancia y la igualdad.

Entre alminar y alminar, junto a unas playas abandonadas por los moriscos hace más de medio milenio, floreció el barroco con todo lo que ello supuso: toros, cultos, imágenes, retablos, pinturas y Semana Santa.

Entre estas imágenes, destaca en Málaga, la del Cristo de Ánimas de Ciegos; un crucificado que tiene su origen en los maestros invidentes que debían guiar a las muslinas por el buen camino de la fe verdadera en la capital malacitana.

Otro Cristo, éste leonés, y muy legionense, es el Cristo de la Cruz Quemada; este crucificado toma su nombre de un desastre acaecido, en el cual se quemó, tras un voraz incendio su cruz, no así la imagen tardo-gótica acunada en dicho madero.

Son muchas las cofradías las que han pretendido a este vetusto crucificado de las Madres Concepcionistas de León. Minerva, Redención y otros han querido ponerlo en la calle, sin que, hasta el presente, dicho cristo haya salido de la clausura blanquiazul, sede espiritual del bercianismo en la Rúa.

Pero hay algo que vincula a estos dos espléndidos iconos de la kénosis divina. Más allá de vacaciones o periodos estivales soporíferos y exultantes a partes iguales, el Cristo de la Cruz Quemada es titular de todos aquellos que poco a poco han ido apartándose de la Semana Santa por haber sido quemados en múltiples piras funerarias al efecto. Destacan esas personas que desinteresadamente llevaron publicaciones de cofradías y juntas mayores logrando un esplendor inusitado y a los que defenestraron por mor de hacer sombra sobre unas paupérrimas luciérnagas desorientadas. Cuando ha habido que pregonar o exhibirse, dichos mandatarios han confiado la tarea sobre otros, que ni siquiera han tenido o tenían vinculación con la Semana Santa. Quemados y muy quemados nos vamos quedando.

Y, ¿Ánimas de Ciegos?, pues traigo a colación al eterno aspirante al Premio Nobel de la literatura, don Benito Pérez Galdós, con calle homónima en esta ciudad. Benito Pérez Galdós se quedó ciego. Dicen los expertos que, debido a su anticlericalismo y su viraje al progresismo, fue vetado para dicho galardón, aunque llegó a pisar moqueta de Academia. También, que vestía descuidado y que no aparentaba todo lo que había legado a la historia de este país cainita. Ni siquiera en el vestir era el típico intelectual del Café Gijón. Su ceguera era espejo de la invidencia infinita de la sociedad española de aquel entonces. En nuestro León, seguimos ciegos mirando desde las lentes de apariencia binocular de sociedades recreativas de alta alcurnia a personas que han dado lo mejor de sí a nuestra Semana Santa. Que, sin ser anticlericales, han mostrado discrepancias más que sonoras con juntas y directivas. Que el único progresismo ha sido intentar cambiar somatenes de cobardes que perpetúan cada año el beso de Judas. Y, finalmente, que se han dejado la piel caminando con el capillo alto, bien alto por las calles de León.

La Horqueta, esa asociación que aunó ilusión, juventud y cambio a partes iguales, pesa como un pecado original para el cual no hay bautismo que valga en esa farisaica santa iglesia de la junta menor.

La autoridad eclesiástica, ni está ni se la espera, tal como se predicó del emérito en el 23-F.

Quizás mi amigo, casi hermano de sentimiento y puja, y, sobre todo, penitencia de dimes y diretes, Carlos García Rioja, esté velando, purgando, rogando… (más penas que armas) ante estos dos crucificados para seguir procesionando entre el áspero barro y el pan negado de la vida cofrade leonesa. Porque parece que en este ya cercano 2025 tampoco toca el Pregón (y no hablo de la extinta revista). Y van…

En nuestro León, seguimos ciegos mirando desde las lentes de apariencia binocular de sociedades recreativas de alta alcurnia a personas que han dado lo mejor de sí a nuestra Semana Santa
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