Diario de León

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Por exigencias del guión, me perdonarán que, casi sin pudor, use datos personales referentes al tema de este escrito. Desde 1963 y hasta 1977, por motivo de estudios universitarios y de trabajo, pisé suelo catalán, viviendo y conviviendo, con absoluta satisfacción, mayoritariamente en Barcelona. En años de juventud y luego en plena adultez, aprendí y disfruté la bondad y valía de las gentes que habitaban esa querida región de nuestra geografía patria. Nunca tuve problemas de convivencia a causa del idioma. Aprendí el catalán, sin que nadie me obligara, al igual que aprendí el francés, el italiano o el gallego-portugués. Los idiomas, incluido el latín y el griego, me han servido para comunicarme y comprender mejor mi entorno; diré más, en el curso 1976-77, completando en la Universidad Central de Barcelona los ciclos del doctorado, en la asignatura Psicología del Lenguaje éramos dieciocho alumnos y yo el único castellanoparlante, por lo que los compañeros pidieron al catedrático Dr. Miguel Siguán que la impartiera en catalán. La respuesta del Dr. Siguán fue tajante: «no tengo ningún problema y me encantaría hacerlo, pero con la condición incuestionable de que el único alumno castellanoparlante aquí matriculado, nos lo autorice” (sic). Puse condiciones, que todos aceptaron de buen grado. No hubo problema alguno con el profesor ni con mis compañeros; superé la asignatura con sobresaliente; en esa fecha ya lejana, mi autorización y plácet condicionó la impartición en catalán de la citada asignatura. Cincuenta años después, contra el derecho constitucional, el gobierno permite ilegítimamente que en Cataluña (España) las clases se impartan solo en catalán, desde la guardería hasta la universidad, sin posible opción para miles de menores y jóvenes. Tamaña tropelía contra esos menores y sus familias que, deseándolo, no pueden estudiar en la lengua oficial del estado español, es tolerada y permitida, con el silencio interesado y ominoso de nuestros gobernantes.

¿A qué viene esto? Pues a que estando en un país democrático, como ciudadano responsable, conociendo causa y tema, protesto públicamente por el daño irreparable que se causa a miles de menores españoles, silenciando su derecho a estudiar en el idioma patrio; la felonía del gobierno, el atropello contra la infancia y la juventud de esa región, que no país independiente, aún no nos ha puesto en pie, a pesar de que un día al año (20 de noviembre), se nos llene la boca con soflamas, que realmente sólo son brindis al sol, sin el menor compromiso. Siento vergüenza e irritación por la pasividad de unos y otros: unos por ideología partidista y desfachatez, otros porque no ven más allá de sus narices y desconocen lo que ya publicitó Bertolt Brecht: «Primero se llevaron a los comunistas, pero a mí no me importó porque yo no lo era […]. Luego apresaron a los curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó. Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde». Pues, mucho cuidado: Una vez roto un botón, el pantalón se desbragueta, y todos quedaremos con el culo al aire.

Hoy es Cataluña y sus adláteres; mañana será Vasconia y su riñonera Navarra; no tardará Galicia; Asturias ya ha levantado la patita para marcar territorio con el bable, en plan caniche, porque su perímetro no da para más; luego vendrá León, que fue reino; ya empiezan nuestros mastines políticos a mostrar su envergadura rotulando espacios; ¿quieren ver una prueba? Entren al ILC por la Puerta de la Reina, emburrien y verán en qué se gasta la Diputación los dineros de cultura; no para hacer una sala digna de investigadores en su archivu, (el único de León que carece de tal servicio), sino para ponernos todos los letreros en l.leunés; se ve que ante la progresía del alcalde capitalino rotulando calles, la Diputación, por ahora sólo nos invita a emburriar la puerta principal, flanqueada por fuera y dentro con una lamentable barrera de peldaños.

Con todo respeto pregunto: ¿De verdad estas rotulaciones son tan perentorias, urgentes? Espero que al diputado de vías y obras no le entre el berrinche y, en lugar de asfaltar bien las vías provinciales, se gaste el presupuesto rotulando todo el territorio en leonés, o en latín las Médulas, la Pons-ferrata y la Asturica-Augusta, recordando a los romanos y a la loba que los amamantó; o en gallego, Villafranca y su entorno, por aquello de ser la pequeña Compostela y haber sido Diputación galleguizada durante tres años. Bueno, y si aún le quedan unos euros, rotular en bable todo el ayuntamiento de Cabañas Raras y Cabañinas, pues su origen proviene de pastores asturianos que venían a pastar nuestros prados y montes con sus rebaños de ovejas. Esto lo sé porque mi abuelo materno era de allí y mi madre fue pastora desde niña, hasta que se casó.

Las urgencias, que algunos políticos emplean para afianzarse en sus sillones, a costa de nuestros dineros, sin mejorar nuestras vidas, debemos frenarlas antes de que sea tarde; con lloriqueos puntuales, que no les duelen en su bolsillo, no se consigue nada. ¡Firmeza, pues, y no silencio acomplejado! La realidad, recordémoslo, es que Cataluña ya está escolarizando a todos los menores en catalán, suprimiendo, ¡con un par!, el derecho a estudiar en el idioma del estado español, incumpliendo las sentencias del TC. El actual gobierno incumple su obligación de defender el derecho fundamental que asiste a los menores de la región autonómica de Cataluña en lo relativo a estudiar en castellano el cupo de horas lectivas legales. Por ello pregunto e interpelo a toda la sociedad sensata: ¿Tendrá que llegar al Parlamento nacional un nuevo Cicerón que recuerde a los padrastros de España, aquello de: «Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?». ¿Hasta cuándo Catilina, Pedro, Alegría y compadres, seguiréis abusando de nuestra paciencia, incumpliendo la Constitución y pateando los derechos de los más indefensos? ¿No os dais cuenta que la mayoría de este pueblo ya ha visto hacia dónde nos arrastráis con vuestro orgullo insatisfecho y vuestras ansias de poder omnímodo?

Parodiando a Cicerón en el templo de Júpiter Estator el 6 de noviembre del 63 antes de Cristo, hoy, digo en mi parlamento: Catilina, (ponedle nombre), España y los españoles disponemos de una Constitución que nos protege contra ocupas y malandrines; pero si nos callamos ante los abusos cometidos ya en alguna región, contra padres y menores, no falla la Constitución, falla el gobierno y fallamos estrepitosamente los ciudadanos de a pie, que se lo consentimos; fallamos por quedarnos en silencio sin protestar abiertamente, defendiendo los derechos ninguneados en los mal llamados países catalanes, que nunca existieron. Si callamos, pensando que no nos incumbe, pronto vendrán por nosotros los catilinas de turno, como profetizó Bertolt Brecht. Necesitamos políticos valientes que desenmascaren a los malnacidos, que hoy rompen Cataluña y mañana romperán Navarra y todo el norte, con las islas, si les dejamos. Necesitamos salir de esta pasividad, porque la libertad hay que conquistarla a diario con esfuerzo y valentía. Estos asilvestrados pueden desgarrar nuestra piel de toro a dentelladas en cuatro días, si consentimos su impunidad. La paz y la libertad son frutos sabrosos, pero muy frágiles. Los farsantes son insaciables y hemos de plantarles cara sin complejos, con respuestas firmes, sin miedo y sin concesiones. Ya está bien de vivir acomplejados. Lo pido fundamentalmente para todos los menores y jóvenes de nuestra España plural, a los que estos catilinas han abandonado, hipotecando su futuro. ¿Dónde están nuestros derechos, los de todos los españoles? Los idiomas sirven para entendernos y comunicarnos, no para separarnos y que algunos se lleven la mejor tajada, dejándonos tiritando a los más pobres. El idioma nacional es cohesión sustantiva para todos; florituras y adjetivaciones, solo cuando lo esencial, (hoy depauperado), lo tengamos asegurado; mientras, como Fuenteovejuna, todos a una, o lo lamentaremos.

La paz y la libertad son frutos sabrosos, pero muy frágiles. Los farsantes son insaciables y hemos de plantarles cara sin complejos

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