TRIBUNA
Inútiles, políticos y viceversa

ECONOMISTA, PROFESOR DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
Estas cosas de las danas, que toda la vida llamamos gotas frías, normalmente no pasan por aquí. Somos afortunados; seguimos teniendo comida, luz eléctrica, calefacción, agua corriente, nuestros coches están intactos y el sofá desde lo que vemos las noticias en la televisión no está lleno de barro.
Continuamos tranquilamente con nuestras vidas y, como mucho, los más preocupados de nosotros donamos unos euros a alguna ONG para comprar la tranquilidad de nuestras conciencias.Vemos y escuchamos, a través de las pantallas, los llamamientos desesperados de los damnificados por una ayuda que no acaba de llegar. Nos llegan rumores de que la administración autonómica falló en su cometido de dar la alerta, y que la estatal está fallándoles a los valencianos a la hora de mandar ayuda. Hay incluso quien los acusa de un comportamiento criminal por impedir que el ejército acuda al rescate con sus medios humanos y materiales, o también que se rechace la ayuda exterior, hasta el punto de haberse presentado en Valencia una compañía de bomberos franceses por su cuenta y riesgo. No damos crédito ante las declaraciones de la consellera valenciana, Nuria Montes, diciendo que no van a permitir a la gente acercarse a sus muertos y que permanezcan en sus casas o en lo que quede de ellas. En idéntico tono oímos también a la ministra de Defensa, Margarita Robles, decir que «lo que no podemos es que en un país el ejército haga todo», o la portavoz de Sumar en el Congreso, la señora Aina Vidal, quien afirmó que «los diputados no estamos para ir a Valencia a achicar agua». Hay quien dice que esta soberbia y altivez se adquiere desde que uno empieza a usar ropa interior de Louis Vuitton o similar, olvidando que quienes la pagan son los contribuyentes; pero eso no debe ser cierto, y de sello sería de un machismo insoportable por parte de quien lo afirme.Que no se manden medios no quiere decir que nuestros dirigentes no se preocupen y no acudan al lugar de los hechos, acompañados de una amplia comitiva y un despliegue de seguridad (de la suya propia) que podría pensarse que es superior a la ayuda enviada; lo que no deja de ser una percepción defectuosa por nuestra parte.Somos gente educada y tampoco se nos ocurriría nunca, como hizo Juan Manuel de Prada, llamarles «hijos de la grandísima puta» a todos esos políticos que aprovechan el lodo de las calles de Levante para lanzarlo unos contra otros. Quizás por eso nos hablen tanto de «la máquina del fango». Ahora estamos conociendo lo que realmente significa esto.Después del puente de los Santos volvimos a nuestros trabajos y, mientras tomamos el café con los compañeros, seguimos debatiendo si la culpa fue de Carlos Mazón, que logró el gobierno con los de Vox, o de Pedro Sánchez, que lo hace con todos los demás. Argumentaremos sobre si los inútiles son los del PP o los del PSOE, sobre si Feijoo hace bien en defender a Mazón, si la culpa fue de Putin, y todas esas cosas que conforman nuestra rutina diaria.Después de todo Juan Manuel de Prada es un extremista, dicen que carlista, y aunque pudiese tener algo de razón, a la hora de la verdad preferimos quedarnos con aquella sentencia de Franklin D. Roosevelt en la que, refiriéndose a Anastasio Somoza, parece que dijo: «sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta». Así, nosotros también defendemos a aquellos con los que compartimos ideología. ¡Son de los nuestros! Escuchamos a Marc Vidal, decir, citando a Platón, que «el castigo de los que no se interesan por la política es ser gobernados por los peores hombres», y que ¿cómo se nos ocurre escoger para gestionar situaciones complejas a gente que nunca gestionó ni su propia escalera? Pero nosotros creemos que inútiles, lo que se dice inútiles, solo los debemos tener en León o, como mucho, en Castilla y León. Pensamos que, seguramente, en Madrid hay gente más preparada y diligente, como el ministro Óscar Puente, responsables de nuestros puentes, autopistas y ferrocarriles, y que era de lo mejorcito de nuestra Comunidad. Y ya no digamos en la Unión Europea, donde tenemos a la Ursulina von der Leyen que todo lo controla, pues para algo es alemana, y ya sabemos que los alemanas, tan técnicos, cuadriculados y tan protestantes ellos, nunca serían capaces de meternos en ninguna guerra. ¡Estamos en buenas manos!Y cuando llegue el típico aguafiestas diciéndonos qué todos nuestros dirigentes son iguales, le llamaremos extremista, negacionista y antisistema. No hay peor cosa que debatir con gente desnortada y carente de ideología. Muchos de ellos hasta llegan a decir, como ese loco de Javier Milei, que «el estado es el problema». En un caso como el de Valencia, Milei, más maleducado todavía que De Prada, seguramente se acordaría de «la concha de su reputísma madre» para referirse a «los chorros de la política». Así, con esos modales, lo único que va a hacer es hundir su a propio país, en el caso de que sea posible hundirlo todavía más de lo que estaba.Estas cosas de las danas o gotas frías solo ocurren por Levante. Pero si alguna vez nos llega a pasar algo parecido, debemos pedirle a Dios que nos conceda tiempo, antes de morir ahogados, para poder debatir con quien tengamos al lado si la culpa fue de los suyos o de los nuestros para así poder morir tranquilos.