TRIBUNA
Nadie es perfecto

escritor
«Ninguén» es perfecto, ni siquiera Ayn Rand (Alisa Zinóvievna Rosenbaun, nacida en San Petersburgo el 2-2-1905 y fallecida en Nueva York el 6-3-1982), autora de los bestseller El manantial, escrito en 1943, y La rebelión de Atlas, en 1957. En El manantial, conocido también por Uno contra todos, intenta desarrollar un sistema filosófico al que sus seguidores, conocidos como «clase del 43», llaman «objetivismo». El arquitecto, protagonista de la película, defiende el «egoísmo racional», el «individualismo», el «capitalismo laissez faire» (dejar hacer), argumentando que es el único sistema económico que le permite al ser humano vivir como persona, es decir, haciendo uso de su facultad de razonar. Por eso rechaza totalmente el «socialismo», el «altruismo», y la «religión».
En La rebelión de Atlas dice que los empresarios cargan con el mundo y lo sostienen, contra el gobierno, los políticos y las administraciones, que siempre son una rémora para el desarrollo.
Ayn Rand no es anarquista, tampoco es liberal, y sí defiende un Estado o Gobierno mínimo, tan reducido y escaso, con tan poco poder, que sería ridículo simulacro sin operatividad. Por eso digo que nadie es perfecto, que los extremos son malos, que entre el individualismo contumaz que ella predica y el colectivismo del socialismo real tiene que haber, y hay, un punto de encuentro, un lugar justo, en paz, para bien de todos, para progresar y convivir.
En el 2007 el alcalde de la ciudad de León, Mario Amilivia, del PP, fue criticado por el PSOE por haber dejado una deuda de 268 millones de euros. Cuatro años después, en el 2011, el alcalde socialista señor Fernández, con el apoyo de la UPL, le dejó al alcalde del PP, don Emilio Gutiérrez, una deuda de 434,2 millones, según la auditoría de Deloitte.
Es decir, que los que se quejaban tanto de la mala herencia económica dejada por el señor Amilivia no fueron capaces de mejorarla y ni siquiera la mantuvieron, pero sí la incrementaron en un 62%. Es un claro ejemplo de «ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio».
La Historia es así y así sigue y se repite, cada vez más y con peores formas e intenciones. Es la verdadera desgracia de España, dividida y enfadada porque los políticos en ejercicio no buscan el entendimiento, la concordia y la paz, viven y prosperan buscando y consiguiendo el enfrentamiento de la gente. Siempre encuentran ocasión para llevarse la contraria en cualquier asunto real que se presente, o que ellos se inventen, de tal manera que unos «genios» dicen que hay que hacer políticas de austeridad y reducción de gasto público.
Otros «iluminados» dicen que hay que hacerlas de gasto público y crecimiento. Todos estos «expertos» se empeñan en su cerrazón sin querer entender que esas políticas que defienden (más de boquilla que con hechos reales), no son antagónicas ni incompatibles, y sí complementarias y convergentes. Un servidor, con su ignorancia, siempre ha recomendado cosas muy elementales y sensatas, como es ahorrar eliminando gastos superfluos, e invertir el ahorro en I+D+I, no en desalinizadoras, aeropuertos y palacios de congresos.
Durante muchos años se nos prestó dinero a buen precio, y en vez de dedicarlo a la inversión productiva nuestros mandamases lo tiraron en campos de golf, en carísimos muebles. Si el presidente de Alemania visitara los despachos de algunos alcaldes quedaría muy impresionado con tanto lujo.
España es una nación afortunada, está bien situada geográficamente, con buen clima, una diversidad de paisaje y de riqueza impresionantes, pero viene arrastrando y sufriendo una mala gobernación. Un ciudadano alemán puede dirigirse por escrito a las más altas instancias y será debidamente contestado con explicaciones.
Aquí escribes a la Moncloa, al consejero tal o al diputado cual y pierdes el tiempo, e incluso el alcalde de tu pequeño pueblo y cualquier concejal pasarán sin hacerte caso. Todos se aíslan, están muy ocupados, no escuchan, no quieren saber nada, no ven ni padecen, siempre con caras de risa y dientes relucientes para las fotos. ¿De qué se ríen, de nosotros?
Es mentira y una gran insensatez afirmar taxativamente, sin matizar, que los problemas de orden público se solucionarían con más educación y enseñanza, sin necesidad de tantas leyes coercitivas y fuerzas de orden público. Lo demuestra el hecho incuestionable de ver todos los días, a cualquier hora, como sale en los medios de comunicación esa gran caterva de sinvergüenzas, canallas, corruptos, delincuentes, mentirosos, difamadores que «están muy estudiados» y lucen títulos universitarios. Todos ellos, con su mal proceder, están certificando que los males de España no son culpa de la llamada «clase obrera», que sí es víctima.
Es muy lamentable que la política lo envilezca todo. Incluso el mejor presidente que ha tenido España en periodo democrático, señor Aznar, llegó un momento en que los espejos de La Moncloa le traicionaron, le dijeron que medía más de uno noventa, que era rubio de ojos verdes, elegante, de sonrisa irresistible. Así pues, no es raro que el ministro don Oscar Puente se sienta feliz y diga que ha llegado muy alto.
Seguramente este sea el problema, la altura, la egoísta y cegata altura personal que muchos creen tener con el cargo que les regaló la diosa fortuna (en este caso Sánchez), que no se corresponde en absoluto con la altura de miras que deben tener y demostrar los verdaderos «servidores públicos» que han llegado tan alto, sean rojos, azules, verdes, morados o desteñidos. Nuestros políticos casi nunca saben estar a la altura de las circunstancias, lo estamos viendo en la terrible y dolorosa catástrofe que sufren las personas de la zona de Valencia: no están dando soluciones urgentes y acertadas, pero sí estorban a la buena gente que generosamente ayuda todo lo que puede.
Nadie es perfecto, ni falta que hace, pues la perfección sólo está al alcance de muy pocos genios como Carlos Alcaraz que, sin embargo, también es capaz de romper una raqueta dándole golpes contra la cancha de tenis, como si ella, la pobre, aunque cara, fuera la culpable de su mal juego en aquel funesto partido.
Con la escasez de médicos que padecemos, es lamentable que muchos hayan abandonado tan digna, servicial y altruista profesión vocacional para dedicarse a la política. Han pasado de la excelencia médica a la vulgaridad política, del respeto, admiración y cariño de todos a ser despreciados por muchos.
¿Para qué tantos estudios, tantas prácticas, tantos esfuerzos? Tampoco son perfectos los creadores del juego Trivial Pursuit, que no se enteraron que León no es Castilla. Por eso en la tarjeta 307 del 2009, apartado cuarto, el de color morado, pregunta:
«¿En qué ciudad castellana están los frescos románicos de la Real Colegiata de San Isidoro?»
Es fácil insultar: «No sé si alguna vez buscaste la perfección, pero la has encontrado: ya eres un perfecto imbécil».
¿Ninguén es perfecto, nadie es perfecto? ¡Anda ya! Ustedes y yo sí lo somos. Los errores que cometemos son voluntarios, y con ellos pretendemos disimular nuestra perfección. ¿Queda claro?
El que esté libre de culpa...
Con toda Burbialidad.