Diario de León

TRIBUNA

Una serie de Netflix sin guion fijo

Publicado por
Pedro Marín Usón
León

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Si hay algo que caracteriza la gestión pública en España es, sin duda, su capacidad para mantenernos al borde de la tensión… ¡Y de la risa! En un país donde las promesas electorales se hacen como quien promete no comer más chocolate, pero al final todos caemos en la tentación, la política parece más una serie de televisión sin guion fijo que una gestión seria de los recursos públicos.

Parece que los planes se hacen como los famosos informes: «Ayer lo terminamos, ¡pero todavía hay que pulir algunos detalles!». Y aquí, en España, siempre se encuentran detalles por pulir. Detalles como los plazos que se alargan, las viviendas sociales que nunca llegan, o esas maravillosas listas de espera de la sanidad pública que «pronto» veremos terminadas… en el 2030, junto a unos ferrocarriles que un día son otro, tienen demoras y fallos.

Es como si nuestra administración pública fuera un chef que, cuando ya crees que tienes el menú listo, te sirve un plato distinto y te dice: «Lo siento, hemos tenido que hacer unos cambios de última hora».

Y claro, todos sabemos que cuando un ministro dice «última hora», en realidad quiere decir «nos acabamos de dar cuenta de que esto no lo habíamos previsto hace tres años». ¿Les suena con el sistema de emergencia en la dana?

Además, ¿quién no se ha encontrado alguna vez frente a una ventanilla pública con la sensación de que la fila avanza más lento que el crecimiento de un árbol en invierno? Y eso, que nos han prometido que la cita previa se va a acabar ¿Cuándo?

Ante esta gestión de lo público, es una oportunidad para pensar en la vida, reflexionar sobre el estado del mundo, o simplemente practicar el arte zen del «no preocuparse por lo que no se puede controlar». Es como un chiste: sabemos que algún día mejorará, pero no sabemos muy bien cuándo… ni por qué.

Lo único que sabemos con certeza es que, a pesar de todo, aquí estamos, disfrutando del espectáculo y sufriendo las consecuencias. Porque si algo tiene la política española es que nunca nos deja indiferentes. Y eso, al final, siempre es un buen entretenimiento, para alimentar el «cabreo nacional».

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