Diario de León

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El estallido de la llamada burbuja de la vivienda costó en 2008, en España, un millón de empleos; la bancarrota de un millar de constructoras y los impagos de 30.000 millones a la banca por sus créditos no recuperados. Desalojó de la Moncloa al nefasto don Zapatustra, (el auscultador de nubes, hoy comisionista de Maduro) y obligó al Gobierno del otro lado, don Chapapote, (el que vendió a España al PSOE y sus socios de marrullerías, por un retiro sin juicios) a hincarse de rodillas ante Bruselas, recortar las prestaciones del Estado, y endeudarnos a todos por el rescate de los 30.000 millones de la banca. Los efectos de ese estallido fueron devastadores, paralizó la economía de España durante una década y expulsó del país a un millón de emigrantes sin empleo. Todo lo parcheó, de momento, la suicida política de la Reserva Federal, imitada dócilmente por el Banco Central Europeo, de imprimir dinero en cantidades históricas y reducir su precio al cero por ciento hasta 2022. Los resultados de ese salto en el vacío contra la ortodoxia monetaria aún están por revelarse, y mejor que no lo hagan, porque serán catastróficos.

Quince años más tarde, en este ‘Reino de Barataria’, nos encaminamos alegremente hacia otra catástrofe pareja sin que el Gobierno en curso se le ocurra otra ocurrencia, que tramitar un ridículo bono de alquiler para jóvenes que solo persigue conseguir nuevos clientes electorales. ¿Saben hacer otra cosa, estos genios del márketing político y podencos de la eficiencia económica, que hacer clientes a costa del presupuesto común? Las quejas por la carestía de la vivienda nos llegan ya desde los escritores del siglo del Quijote. Cuatro siglos más tarde el escenario se repite por enésima vez. Bien sea por exceso de demanda, como en la burbuja ya antedicha, o por escasez de oferta, como la que llega ahora, los precios se empingorotan como reptiles, vomitando su mortífero tóxico, lo que arruina las ilusiones de propiedad de millones de jóvenes y desequilibra los patrimonios de millones de familias. Todo para que nadie gane porque es un estupido juego de suma cero donde el porcentaje que gana el que vende su vivienda lo paga al comprar otra sustitutiva. Sin ser economista de oficio, me atrevo a postular una causa de peso entre otras muchas posibles: el Indice de Precios al Consumo. El referente más importante para fijar el precio del dinero y a su vez es el referente más importante para fijar el precio de la vivienda. Asómbrense ustedes pero el famoso IPC que se supone está hecho para medir las variaciones de precios de las cosas que consumimos, no incluye la variación del precio de la vivienda, el gasto más importante con mucho en cualquier economía familiar. Esta anomalía, no sabemos si premeditada, ha provocado los dramáticos errores de política monetaria de las últimas décadas que son la causa principal de las burbujas referidas. A principios del siglo, Alemania vivió una situación recesiva por la necesaria integración de la Alemania excomunista en la economía nacional. Al ser el miembro más influyente de la Unión Europea, obligó al Banco Central a bajar los tipos de interés del dinero para favorecer su recuperación lo que los llevó del ocho al cero por ciento entre 2000 y 2020. Esta política ocasionó de forma colateral un daño crítico en España que entonces vivía una situación de expansión económica Al rebajarse el precio del dinero el paisanaje se lanzó a la compra de inmuebles en una espiral enloquecida que duró cinco años, con la complicidad criminal del Gobierno Zapatustra, cuyo ministro Solbes, el divino tuerto, dijo que de ningún modo había burbuja inmobiliaria. Una actitud que agravó el problema de exceso de demanda al restringir arbitrariamente la creación de suelo urbano y multiplicar las trabas administrativas. Quince años después nos asomamos una nueva burbuja con los mismos protagonistas y la misma miopía, yo creo que interesa de todas las partes. Alemania se encuentra de nuevo en aprietos, obliga al BCE a bajar el precio del dinero, cuando en España la situación es expansiva en la economía y esto induce de nuevo al personal a la compra de inmueble. Ahora el problema es distinto, de momento, ya que es la escasez de oferta la que empuja los precios. Y las administraciones entre tanto, silbando en el prado, solo atentas a aumentar la recaudación de impuestos derivados de los incrementos inmobiliarios que a impulsar la construcción con esos fondos europeos que pocos saben para qué sirven. Tanto que les gusta lo público a los que gobiernan, ¿por qué no crean un empresa publica de construcción residencial que edifique masivamente en terrenos también públicos a precios sociales, es decir no especulativos? ¿Por qué no aumentan la oferta de suelo con leyes que permitan a las constructoras disponerlo a precio razonable? ¿Por qué no subvencionan a las empresas privadas que quieren construir? Por qué no reducen la burocracia para ejecutar los proyectos de edificacion? Tantos porqués sin respuesta nos lleva a pensar que, a lo peor, no les interesa. Don Zapatustra quiso enmendar el estrago del estallido de la burbuja con un ridículo Plan España que se financió con la venta de las reservas de oro a trescientos euros cuando ahora valen tres mil. El Gobierno de don Cum Fraude quiere arreglar con un Bono Alquiler Joven para conseguir nueva clientela electoral, La vivienda, en España, como la j.. no tiene enmienda...

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