Diario de León
Publicado por
Jesús Martín Ramos
León

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La Edad Media, de la que muchos quieren prescindir especialmente determinados políticos, es rica en realidades y anécdotas. Nos circunscribimos ahora al primer caso que, si no tuviéramos documentos históricos que acreditan su veracidad, tendríamos que incluirla en el segundo. Suero de Quiñones fue un caballero feudal (León 1409–Castroverde, Lugo 1458) cuya fama se debe a las famosas justas (torneos) que organizó en las inmediaciones del puente del río Órbigo conocidas como «passo honrosso» en las que venció a cuantos caballeros osaron enfrentarse a él.

Los hechos se inician en el año 1429 cuando el rey Juan II de Castilla se hallaba en Laguna de Negrilla, villa de señorío perteneciente a su padre Diego Fernández de Quiñones. Suero solicitó del monarca autorización para celebrar competiciones caballerescas, quien concedió el permiso aunque él rey no asistió a ellas.

La crónica de la provincia de León nos transmite uno de los sucesos más memorables referidos a los anales medievales que tuvieron lugar en las orillas de aquél río. Fueron redactados por el notario de Juan II, Pedro Rodríguez Delena, por orden del monarca y que, posteriormente, recogió y difundió el cronista Pineda, que nos muestra las gestas de caballería de aquellos tiempos en las que se entremezclaban el amor, la religión y los preceptos caballerescos del siglo XV, que constituyen hoy día, uno de los símbolos más exóticos del régimen feudal. Tales efemérides hay que relacionarlas con el fin que persiguió el celebérrimo Miguel de Cervantes Saavedra, en su obra El Quijote, de acabar con los libros de caballería.

Conviene saber antes de proseguir que, el antiguo concejo de Luna de Arria o de Susso, perteneciente al Ayuntamiento de Láncora de Luna, al construirse el embalse del Pantano de Luna en 1956, sepultó siete pueblos. A causa de este hecho el Ayuntamiento se trasladó a Sena de Luna. Los tres concejos de Luna, Órdas y Valdellamas (hoy Llamas de la Ribera) aparecen en los Fueros de León, obra del historiador de nuestra tierra, Justiniano Rodríguez Fernández (1910-1997). El último pasó a la familia de los Quiñones en tiempos del rey Enrique II (hacia 1366). Los tres fueron lugares de señorío del padre de nuestro personaje, quien organizó y participó en el torneo contra otros caballeros. Para construir el tinglado cogió grandes cantidades de madera de los terrenos de su progenitor que, según otro escribano del monarca, Pero Vivas Laguna, nombrado por el rey para que levantara un acta diaria de todo cuanto se realizara, indica que se utilizaron más de trescientos carros tirados por bueyes para el traslado de la madera. La ubicación del «passo honrosso» se situaba junto al Camino francés que conducía a Santiago de Compostela. Se levantaron varias gradas para que los jueces, escribanos, armeros, carpinteros, médicos, etc. pudieran ver el acto.

Las normas que se establecieron para lo que se llamó «Ley del Passo» fueron veintidós, siendo una de ellas que no podía durar más de un mes. Comenzó el 10 de julio y terminó el 10 de agosto de 1429. Se admitió también la presencia de caballeros extranjeros que fueron franceses y alemanes, y entre los peninsulares, encontramos catalanes, aragoneses, valencianos y sobre todo castellano-leoneses. En tan peligrosos ejercicios se contabilizaron más de setecientas carreras de caballos, se rompieron ciento sesenta y seis lanzas y sólo hubo un fallecido además de otros muchos con graves contusiones. En realidad los actos consistieron en que, Suero de Quiñones con nueve de sus jinetes situados en un extremo del puente, debía impedir el paso de cuantos opositores (caballeros) desearon intervenir, como así sucedió. Una vez acabados los actos que transcurrieron en aquellos días de verano, Suero marchó con sus nueve caballeros a descansar, oír Misa en Sta. María de Carrizo y, penetrando por la «Puerta Gallega» llegaron a León donde estuvieron rezando en el Altar Mayor de la catedral. Más tarde, pasaron al palacio del padre en Laguna de Negrilla y de aquí siguieron a Santiago de Compostela.

No podemos finalizar sin señalar, que muchos fueron los contendientes en los enfrentamientos, destacando entre los peninsulares por su mayor cuantía, aparte de los castellanos y leoneses, los aragoneses, catalanes y valencianos, mientras que los defensores del puente del río Órbigo con Suero de Quiñones a la cabeza fueron: Lope de Estúñiga, Diego de Bazán, Pedro de Nava, Álvaro (o Suero) hijo de Alvar Gómez, Sancho de Rabanal, Lope de Aller, Diego de Benavides, Pedro de los Ríos y Gómez de Villacorta.

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