Diario de León

Más deporte y menos pantallas, por favor

Publicado por
Cristina Fernández González
Cáritas León

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Pertenezco a ese numeroso grupo de padres/madres abnegados a las actividades deportivas de sus hijos, esos que se pasan la semana solapando entrenamientos (cada vez más numerosos según se van haciendo más grandes) con el resto de actividades escolares y familiares. Soy de las que llegan fundidas al final de la semana y organizan minuciosamente su finde priorizando las diversas competiciones correspondientes, y sabiendo de antemano que —además— habrá que añadir a los partidos las horas previas, la mayoría de los desplazamientos hasta el lugar, el avituallamiento correspondiente en caso de salir a otra provincia, y el no poder hacer planes concretos hasta el viernes noche, cuando el entrenador de turno nombra a los convocados de la semana que esperamos con la idéntica expectación que si fueran las nominaciones a los Oscar. Me incluyo en las que a estas alturas prefieren no cuestionarse las decisiones de los mister y dan por hecho que la evolución esta ahí, incluso aunque a veces nos falten minutos de juego para que nuestro hijo/hija lo demuestre en el campo o en la cancha, y acumulo resignación y complicidad a partes iguales entre progenitores en pabellones y gradas…y, aún con eso, sigo siendo una firme defensora del deporte de base como imprescindible en la educación integral de los niños/as, un aspecto fundamental en su desarrollo personal y social.

En un contexto donde las tecnologías y la vida sedentaria parecen ser una constante en nuestras rutinas, el deporte ofrece una alternativa que va mucho más allá de la simple actividad física. A través de la práctica deportiva, los niños aprenden conceptos esenciales como la disciplina, el trabajo en equipo, el respeto hacia los demás y la importancia del esfuerzo, valores fundamentales para su desarrollo y crecimiento. A lo largo de todos estos años, en distintas categorías y disciplinas deportivas que han realizado mis tres hijos ahora adolescentes, he visto cómo esta práctica ha ido moldeando su carácter y gestionando sus emociones tanto en momentos de victoria como de derrota. El entrenar cada semana les ha ido proporcionando habilidades para la resiliencia, la superación personal y la toma de decisiones, elementos que a buen seguro serán clave en su vida adulta. También les esta permitiendo (aun estamos en ello) construir una autoestima sólida, al ver reflejado en sus logros todo el esfuerzo y la constancia puestos en la práctica deportiva.Además, el trabajo en equipo va mucho más allá, formando una unión entre ellos/as muy única, que enseña a ser mejores personas, a valorar la cooperación, a respetar las diferencias, a comprometerse con los demás, a preocuparse más allá de su propio ombligo, a confiar en el otro sabiendo que te complementa y mejora y a desarrollar habilidades sociales y vínculos que les serán útiles a lo largo de toda su vida. Estas semanas, a raíz de una intervención médica de mi hija, he podido comprobar el sostén y el apoyo que para ella significa contar con sus compañeras de equipo cerca (tanto el actual como el anterior), y hasta qué punto el volver a estar ahí, siendo parte de algo mucho más grande, es su máximo aliciente en su pronta recuperacion.Es por todo ello que sigo dando el esfuerzo familiar que supone tener un futobolista, una baloncestista y un árbitro por válido cada semana, cuando celebro en la grada cada canasta o vitoreo animada el gol del equipo, renovando energía, dedicación, perseverancia e ilusión con ellos con el convencimiento como madre de que los beneficios que aporta el deporte base van mucho más allá de lo físico, de lo bien o regular que jueguen y de las frustaciones proyectadas de nosotros como padres, ya que por encima de todo refuerzan valores que permiten a los/as niños/as ser mejores individuos y ciudadanos responsables….y eso siempre nos acaba ganando.

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