Diario de León

TRIBUNA

La jibarización de León

Este grupo municipal ha hecho, con el alcalde a la cabeza, un verdadero paripé que sólo conduce a «invertir» 7.800 ¤ en sus propias expectativas políticas

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Confirmado. Si a una autonomía política (y eso hay que verlo) aspira el viejo, nacional y gran León de otros tiempos según los socialistas de este reducto acomplejado, es a la uniprovincial. «Así es el plan del alcalde de León para separarse de Castilla», titulaba el Diario de León digital el 11-02-2025. Y, como la migaja escasa, algunos lo agradecerán entusiasmados. Nunca sabrán de su engaño y utilización.

Pues resulta que este hombre con su grupo político municipal han ahorrado 7.800 € y los han gastado en un despacho de Madrid (que no esté ‘contaminado de leonesismo’) para que les digan cuál es el camino autonómico. Y tras sesudas reflexiones para justificar cobrar el encargo, los ‘expertos’ juristas vuelcan los resultados a los que han llegado que son los mismos en los que hubiera concluido cualquier anónimo de la calle: que está «muy difícil», que ha de «presentarse por un grupo político», que se requiere «voluntad política», y que tiene que ser «votado» por la mayoría de las Cortes. Obviedades. Y después por la vía del Art. 144 y por «interés general», tal vez suene la flauta de Bartolo de un agujero sólo. Lo que este grupo municipal ha hecho, con el alcalde a la cabeza y primer interesado, es un verdadero paripé que sólo conduce a ‘invertir’ esa cantidad en sus propias expectativas políticas que intentarán que vengan en lo sucesivo con el espaldarazo de ser los nuevos adalides de nuestra redención política y de su pequeño León. Mensaje lanzado que huele a chanchullo. Y esto es peor que negarlo de plano. Menos valiente, más cobarde. Es al actual alcalde a quien he leído la expresión ‘pueblo leonés’ acentuado en la reivindicación autonómica, y eso debería explicarlo, decirnos qué es para él ‘pueblo leonés’, porque si no va más allá de la provincina eso es un absurdo, un insulto, una mentira. Es también un suspenso cultural, o la utilización espuria y perversa de la política para su conveniencia personal. ‘Pueblo leonés’ tiene exactamente la misma dimensión patria y nacional (y además anterior) que ‘pueblo español’ o cualquier otro, aunque a uno se le proclame oficial y a otro oficialmente se le haya apartado e invalidado en los trámites que legislan, no así en el alma ni en el recuerdo. Lo de este hombre y su grupo en este tema debería preocuparnos. Destilan ambigüedad, la peor de las acciones. Claro que los conservadores están enrocados en el no hasta que no se vean obligados (votos) a pensar de otra forma. En cuanto a los dóciles, acomodados y adocenados ‘leonesistas’ (les bastaría con ser leoneses, como yo mismo) ni han estado, ni están, ni se les espera en la medida y con las agallas que el asunto requiere: activa y continuada participación contestataria en despachos y en calles. Que se note, y sobre todo que lo noten. Ha quedado entendido para desilusión colectiva que ni siquiera la historia grande e independiente traducida en la realidad de un pueblo que fue soberano como el nuestro, nos ha servido para la nimia ‘conquista’ de un estatus regional propio. Ni eso. Lo que explica que, quien concede, sólo otorga lo que de otra parte ‘ya se ha merecido’ y, si acaso, una compensación graciosa, es decir, dada voluntariamente. Y en esas estamos, pueblo mal representado y sin fuerza que sólo tendrá lo que le den, nunca lo que se gane. Para eso hay que cambiar. Por eso estas reivindicaciones blandas y reducidísimas de lo que es León sólo entretienen para seguir acumulando tiempo que es el tiempo que cuenta para lo que ya está establecido como poder. Si no hay presión social, incomodidad manifiesta que altere la paz acostumbrada, ¿qué ‘interes general’ puede hallar el Gobierno para cambiar nada? Están ustedes verdes o nos toman el pelo. En este León (el grande) de disparates y de los que se creen extraños entre sí, uno no deja de sorprenderse. La tendencia reduccionista es amplia. Un ejemplo. El Instituto Leonés de Cultura (ILC) ha presentado recientemente en Villafranca del Bierzo unas unidades didácticas en gallego o gallego/berciano para impartirlas en alumnos de infantil, primaria y secundaria en los colegios provinciales que así lo decidan. Y la sola noticia ya ha sido un agravio contra el ‘leonés’. ¡Pero si son expresiones de nosotros mismos! El cuadrante noroccidental peninsular es históricamente un todo en el que la expansión lingüística, variada, flexible y riquísima, con matices incluso dentro de las propias comarcas, nos reconoce. Y no es en ningún caso dialecto, es tan idioma como el castellano derivando por igual del latín. Y aunque hoy el vigor de la lengua ‘común’ (con denominaciones diversas) ha mermado incluso en los lugares más alejados del centrifugador oficial de castellanías y españoladas cañí, unos sitios resisten mejor que otros. Es el caso de Asturias (en menor medida), de Galicia (en mayor medida) y ya no digamos del portucalense. Es en el León regional donde está asentado el mayor abandono, casi la inexistencia, y donde la incomprensión hacia ‘lo que es sí mismo’ es más manifiesta. Lo que ‘venga’ de Asturias o Galicia no son intromisiones, son cabos a los que poder asirnos para seguir reconociéndonos. Y en esta parte está recuperar y aportar como ellos al acervo lingüístico de todos. Nuestro caso es análogo al nexo entre catalanes, valencianos y mallorquines, sólo que aquí el derribo es mayor. El 16 de febrero el León que queda volvió a salir a la calle a expresar su queja. Y van... Desde 1230 hasta este 2025 llevamos 795 años de desleonesización, borrado de cultura, abolición de instituciones, políticos de baratija o directamente peleles, decadencia, pobreza, despoblación, inversiones fantasmas, sucursalismo, menosprecio y ninguneo atrapados en una ofuscación neopatriótica que es claramente contraproducente. Hemos perdido el foco na-cio-nal leonés, lo sé. Por eso cuesta entenderlo. Pero abrazar lo español hoy, en el León regional, es como aceptar al enemigo en casa. Si el Estado es fallido, no interesa. Si cargamos con el mayor perjuicio, tampoco. Y si además no estamos reconocidos mínimamente, mucho menos. Como leoneses, en el actual marco estatal nos hemos diluido, distanciado y extrañado. Y esto es más doloroso si pensamos en el pasado. Hemos terminado en el decaimiento y la fragilidad se manifiesta en la irrelevancia, persistiendo atrasados o incumplidos proyectos de desarrollo que como soberanos de nuestro territorio, o con otra fuerza, no se hubieran dado. Los Estados pequeños son más funcionales, ágiles y cercanos a la ciudadanía. Mejor servidores. Una de las ‘artes’ de los jíbaros era la reducción de las cabezas. Eso lo hemos hecho nosotros con el territorio y aún estamos incidiendo en ello. Es ¿complejo?, ¿impotencia?, ¿ingenuidad?, ¿miopía?, ¿rendición?, ¿maldad?, ¿incompetencia?, ¿ignorancia?, ¿cobardía?

Pues contra el vicio de reducir la virtud de ampliar hacia el envidiable cuadrante noroccidental peninsular rectificando lo que ha sido una trayectoria equivocada y decepcionante. Y emular a Portugal para afrontar otro futuro con un referente nominal único para todo el territorio y distinto al de ciudades, provincias y regiones. Nada es para siempre y nunca se ha caído ningún cielo. Esta es mi opinión.

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