Diario de León

TRIBUNA

Jesús Martín Ramos

Doctor En Historia

Los vikingos en Hispania

La dificultad principal para estudiar esta realidad histórica estriba en la falta casi absoluta de documentos. Los únicos que existen son las crónicas de los estados cristianos

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La presencia nórdica en la Península está ligada a la historia medieval de Castilla y de León, aproximadamente, entre los años 800-1000, cuando descendieron desde el Norte de Europa (Escandinavia) al Mediterráneo, asolando las costas europeas con sus frágiles embarcaciones y saqueando todo cuanto encontraban a su paso. Disponían de barcos de una sola vela que movían con remos. Tanto la proa como la popa eran altas y la primera tenía cabeza de león o de serpiente.

Su eslora media en torno a los 25 metros y cada embarcación contaba con alrededor de 60 hombres. Al no establecer campamentos se refugiaban siempre en sus naves. La palabra vikingo no caracterizó a una raza determinada. Es el nombre con que se autocalificaban. En nuestro idioma significa guerrero, que deriva del nórdico wicing; vik, viken,... referido a los habitantes de los fiordos o de las bahías. En Francia y Alemania se les conocía como normandos; en Inglaterra daneses; en Rusia variages; etc.

Su objetivo era apropiarse de un gran botín pero, sobre todo, prisioneros por los que pedían fuertes rescates. El terror que inspiraban a los hispanos era tan grande que en las letanías de las iglesias se incluía la invocación «De la furia de los hombres del Norte, líbranos Señor». En los territorios cristianos de España, se les llamaba «piratas del mar», y en los del Sur (Al-Ándalus), dominados por los musulmanes como «madjus». Daban culto a Odín, dios del Sol, y a Thor, dios de la guerra. Sus correrías las hacían siempre por la costa y desembocadura de los ríos pero, muy raramente, penetraban en el interior, aunque excepcionalmente, conocemos el caso de Pamplona, transmitido por historiadores árabes quienes señalan que los normandos llegaron a esta urbe haciendo prisionero al franco García, señor de la ciudad, que pagó por su rescate 90000 dinares. La presencia vikinga en nuestro suelo procede, básicamente, de las investigaciones del historiador holandés R. Dozy, quien parte de fuentes musulmanas y de las crónicas medievales de nuestra región, muy difusas y con frecuencia contradictorias. El normando Vittingur en el siglo IX llegó al golfo de Vizcaya enfrentándose a los balleneros vascos. En Asturias, raras fueron las poblaciones costeras que se salvaron de su presencia sobre todo las próximas a Gijón. Los habitantes huían despavoridos a la montaña, ocultando antes los objetos sagrados de las iglesias en la Cámara Santa. Algunos de sus moradores lograron avisar al rey Ramiro I, quien, después de quemarles varias naves, les obligó a retirarse. El monarca Alfonso III para proteger Oviedo construyó una fortaleza en la que hubo una inscripción, hoy desaparecida, en la que aconsejaba a la población que se protegieran de los escandinavos. A mediados del siglo X, Sisenando, obispo de Compostela, envió al conde Gonzalo Sánchez a luchar contra el famoso vikingo Guld Harala. La crónica de Albelda nos transmite que Ordoño I se enfrentó a lo normandos, y que al reaparecer de nuevo, fueron derrotados por el conde Pedro. Sebastián de Salamanca señala que robaban y quemaban los lugares que encontraban. En las costas gallegas obraron de la misma forma. A la localidad de Tuy, en 1012, el vikingo-noruego Olad Haraldsson, según una crónica noruega, saqueó toda la población. Unos años más tarde, entre 1048 y 1066, el vikingo-danés Ulf penetró por una gran parte de las rías gallegas. Las costas portuguesas no se salvaron tampoco de la ira de Vittingur, que centró su actividad en torno a Lisboa. Aquí se enfrenó a las tropas del emir musulmán Abderramán II. Pasó luego a Huelva, Cádiz y subiendo por el Guadalquivir llegó a Sevilla cometiendo toda clase de desmanes. El latrocinio de sus soldados continuó en poblaciones del Norte de África. Estando en Al-Ándalus y pensando regresar a Escandinavia con su inmenso botín, fue cuando tuvo conocimiento de la existencia de una gran ciudad en el Mediterráneo: Roma. La dificultad principal para estudiar esta realidad histórica estriba en la falta casi absoluta de documentos. Los únicos que existen son las crónicas de los estados cristianos citados. Por parte nórdica no hay ninguna información, sólo raros datos de obras literarias (sagas) o de su alfabeto (runas). Los vikingos, dirigidos por Erik «el rojo», llegaron a Groenlandia antes que lo hiciera Colón a América, sin embargo, al no crear centros de colonización desaparecieron en seguida. Sus fechorías y vivencias verlas en: Dozy, Rehinart; «

Los vikingos en España» o Eric Graf Oxenstierna; «Los vikingos».

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