Diario de León

Emiliano Alonso

Abogado Y Especialista En Asuntos Europeos

España y el rearme europeo

Disfrazarlo de falsos debates morales nos dejará en tierra de nadie de cara al futuro geopolítico de autocracias frente a democracias liberales

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Desperté a la idea de Europa escuchando a Altiero Spinelli en el salón gótico del Ayuntamiento de Brujas, pronunciar el discurso inaugural de mi año académico del Colegio de Europa. Era septiembre de 1984 y España se preparaba para su entrada en Europa.

Spinelli fue coautor del Manifesto de Ventotene («Por una Europa libre y unida»), escrito desde la prisión del mismo nombre en 1941, al principio de la Segunda Guerra Mundial. Más de cuarenta años después, en septiembre de 1984, el entonces europarlamentario Spinelli pugnaba por su proyecto de Constitución europea que acabaría frustrándose como ha ocurrido con otros intentos posteriores. Su determinación y la del del «grupo del cocodrilo» (por el nombre del restaurante de Estrasburgo donde se reunía con otros europeístas) fue siempre para mí fuente de reflexión e inspiración. Mis viajes al Berlín dividido en la década de los 80 del siglo pasado, cuando se desmoronaban la Unión Soviética y con ella el muro, me acercaron a la historia de Europa y afianzaron mi europeísmo. Ahora, Europa busca rearmarse con la guerra instalada a sus puertas y huérfana de la protección del «tío americano». Comprendo que, como españoles, no vivimos la Segunda Guerra Mundial y llegamos tarde al proyecto europeo. Si a eso le añadimos la falsa sensación de seguridad de vivir en la periferia, tenemos el cóctel perfecto para mirar a la guerra de Ucrania desde una torre de marfil y que el pacifismo militante se instale en nuestra sociedad y clase política pidiendo cambiar la palabra «rearme» por algo más suave o reclamando, incluso, la salida de España de la Otan. Como Alonso Quijano —que echaba mano del bálsamo de Fierabrás para curar sus maltrechas carnes cuando desfacía entuertos— en España preferimos protegernos con un manto de discurso moral antes de afrontar la realidad. En esta nueva etapa europea, nuestros estériles debates internos nos alejarán aún más del eje de toma de decisiones —París, Berlín y Londres— que desde hace décadas entendieron el papel de los ejércitos como fuerza de disuasión y herramienta de paz. Aunque presa de sus contradicciones (fue la Asamblea francesa la que se cargó el proyecto de Unión Europea de la Defensa en 1952), estos tres países —y no la UE— liderarán el nuevo proyecto europeo de defensa, con el apoyo de otros países de la UE (Polonia y los países bálticos) y de Noruega y Canadá. Podemos seguir enredados en nuestros debates morales y buscar espacios bilaterales imposibles (China) o bien participar plenamente. Para ello hay que empezar por contárselo a la gente y tener un plan estratégico de país. Y, sobre todo, hay que entender que detrás del rearme, la seguridad o la defensa (poco importa el nombre) están los valores comunes que defendemos: la paz, la libertad, la igualdad y la solidaridad. No entenderlo nos arrojará a la cuneta de la irrelevancia. Disfrazarlo de falsos debates morales nos dejará en tierra de nadie de cara al futuro geopolítico en el que rivalizarán las autocracias frente a las democracias liberales y en el cual no valdrán las medias tintas. Yo prefiero la Europa federal soñada por Spinelli en su Manifiesto de Ventotene, refundando Europa y lanzando un proyecto constituyente que añada la defensa a otras políticas comunes. Aún aceptando que eso tendrá que esperar, no apostar por las soluciones que empiezan a plantearse es ya perder el tren del futuro.

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