Diario de León

Aquilino Poncelas Abella

Profesor

La España despoblada y la cantina de Teixeira

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Aunque siempre supone un cierto riesgo realizar generalizaciones y no sin cierta razón ser catalogadas, por ello, como simplificaciones ante una cuestión de la que no faltan sesudos estudios de índole muy diferente, no está demás, creo, tratar de aportar una visión del asunto desde una perspectiva local o de experiencia personal. Reconozcamos, antes de nada, que un pueblo de montaña (ni siquiera entre ellos existen los mismos problemas) no requiere las mismas soluciones que uno mesetario, ni uno cercano a una gran población respecto a otro alejado. En cualquier caso y, mutatis mutandis, la mayoría padece esa gran epidemia llamada despoblación.

La pregunta que nos hacíamos de manera reiterativa y no exenta de una cierta inocencia, no era sino por qué los pequeños pueblos resultábamos tan opacos, a veces inexistentes, para las administraciones, cuando se trata de atender a sus múltiples carencias; cuál podría ser la razón de tanto desinterés y abandono. Y, aunque no existen respuestas fáciles para problemas complejos, terminábamos achacándolo a la ausencia de representantes de estas poblaciones en los estamentos de poder (nadie defiende lo que desconoce).

Lo cierto es que hemos llegado al estado de plantearnos como situación de emergencia, evitar que la única cantina del pueblo desaparezca. Así que me parece pertinente reflexionar cómo hemos llegado a esto.

Muchos de nosotros, los que hemos nacido en pequeños pueblos rurales (no pretendo con ello que no erijamos como únicos valedores o defensores de la cuestión), nos llevamos preguntando por qué estas poblaciones llevan cincuenta años perdiendo sus habitantes año tras años sin que ninguna de las supuestas medidas alivien la situación.

Acompáñenme al recorrido histórico-vital de un pueblo del entorno de los Ancares en el Bierzo. Hablemos de Teixeira, años 60-70, en su momento del Ayuntamiento de Paradaseca, actualmente del de Villafranca del Bierzo. Entonces pasarían de los 100 vecinos y no menos de 20 niños y niñas en la escuela. Sus habitantes compartían o complementaban sus labores agrícolas con temporadas en el extranjero o trabajos en empresas en el Bierzo.

Aquí empieza la búsqueda de un mejor nivel de vida y el primer gran abandono del pueblo. A la agricultura de subsistencia no se atisba ninguna solución por parte de la Administración. No existe. El propio pueblo instala agua corriente en las casas y financia una pequeña planta eléctrica. Se desprende, pues, ser una comunidad emprendedora (por utilizar terminología al uso).

Década de los ochenta. Con el trabajo y la colaboración desinteresada de los vecinos se asfalta la carretera que hasta el momento era pista de tierra. Se sigue perdiendo población, pues los jóvenes se ven obligados a emigrar en busca de un mejor futuro. Existe teléfono público y se asegura la oferta eléctrica. Planes para la mejora de infraestructuras de regadío o mejora de pastos por parte de las administraciones, ni se les ve ni se les espera. Como gran hallazgo para fijación poblacional se generaliza la subvención al abandono de la ganadería. ¿Qué le debe a la Administración (entiéndase el término en sentido amplio: local, provincial, autonómico y estatal)?

Década de los noventa-dos mil. Apenas quedan niños por lo que se cierra la escuela. Se habilita una parte como consultorio de médico que jamás se estrenó. Desaparece paulatinamente el ganado y la agricultura cada vez más residual. Se contrata una cuadrilla para control de incendios pero durante dos meses como máximo que imposibilita la fijación de familias. Alguna subvención para rehabilitar un par de casas rurales con fines turísticos.

Para ser objetivos, y que mi denuncia no se convierta sin más en una retahíla de incumplimientos, cabe señalar que en la actualidad existe servicio de transporte, subvencionado y dos veces por semana a Villafranca, y que se construyeron dos edificios, uno destinado a tratamientos de plantas y otro destinada a estancias de escolares, que jamás se pusieron en funcionamiento.

Hoy. Apenas 20 vecinos, mayoría jubilados, y una cantina.

En todo este tiempo, la Administración ha estado prácticamente desaparecida. ¿Se ha aportado alguna solución al minifundismo? En otras comunidades, sí. ¿Se han facilitado insfraestructuras básicas para el turismo como carretera, servicio de internet (carretera tercermundista y conexión segura a internet para el trabajo, todavía hoy no existe)? En absoluto. ¿Una plantilla de unos trabajadores para cuidar el entorno y prevenir los incendios? Nada de nada. (durante muchos años se las tuvo que organizar los propios ciudadanos.) Y suma y sigue.

La cantina (La Cantina de Teixeira). Hablemos del único lugar de reunión y que ofrece un espacio de ocio para los parroquianos. Durante los últimos años, además de cantina, regentada por un matrimonio, desempeñaba las funciones de tienda de ultramarinos. Este último cometido, tras la Pandemia, se vieron obligados a darse de baja, pues el negocio amenazaba ruina. «No lo creerás, pero nuestro negocio tiene que soportar las mismas cargas e impuestos que si estuviera en Ponferrada», comenta el matrimonio. ¿Nadie (me refiero a las administraciones), es capaz de entender la importancia que supone para un pequeño pueblo la existencia de una cantina, que a su vez realiza las funciones de tienda de ultramarinos? Desaparecido el servicio de ultramarinos, me temo que no están dispuestos a evitar que este último pequeño bastión se derrumbe.

No creo que sea por cuestiones económicas (¡podría suponer una gran perturbación en el balance económico de la Comunidad, como se podrá entender!), más bien me parece una permanente desidia y abandono por parte de los gobernantes. Y creo que en ello la Comunidad de Castilla y León se muestra como alumno aventajado. Existen en otras comunidades pueblos y a veces solitarias casas, en las que no faltan servicios básicos como carreteras aptas para transitar, conexión segura a internet y hasta visitas de médico. ¿No es esto a lo que todo gobierno debe a cualquier ciudadano por serlo y no atribuible a una maldición divina o a un determinismo insoslayable de la naturaleza?

Por fin, esta Comunidad ha publicado una orden cuyo propósito es ayudar a determinadas actividades de poblaciones rurales. Reza así y corresponde a la Orden de 18 de junio de 2024, de la Consejería de Presidencia, de la Junta de Castilla y León, y en las que se determina los requisitos, plazos y justificaciones para el acceso a determinadas subvenciones.

Cómo no aplaudir este tipo de actuaciones que deberían haberse producido años ha y que, aunque tarde, son bien recibidas. En ellas se establecen, aunque escasas, algunas cuantías para costes de luz, internet, etc. Espero que la burocracia no termine por convertir en camino intransitable y a la postre en iniciativa fallida.

Alegrémonos porque de momento, y contra viento y marea, esta Cantina, comandada por este matrimonio, sigue ofreciendo un gran servicio de bar y cocina (de excelente calidad) a parroquianos y visitantes.

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