Diario de León

José Antonio García Marcos

Psicólogo Clínico Y Escritor

Recordar Hadamar en el 80 aniversario de su liberación

El hospital psiquiátrico, después de un tiempo de parálisis, siguió funcionando como lugar de muerte dentro de otra modalidad de eutanasia

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En el libro La Filosofía después del Holocausto, Reyes Mate, su autor, dice que en nuestro país no se ha hecho una profunda reflexión sobre el significado de Auschwitz y que, por tanto, hemos vivido de espaldas a la mayor tragedia ocurrida en el siglo XX europeo. Es cierto que estas reflexiones, hechas en el año 2002, han ido perdiendo sentido a medida que nos hemos adentrado en el siglo XXI. Así, desde hace ya algunos años, se celebra en España el 27 de enero como el día del aniversario de la liberación de Auschwitz. Por otra parte, el 15 de abril del 2007 se inauguró en Madrid un monumento a las víctimas del Holocausto judío y ese mismo año se concedió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia al Museo Yad Vashem de Jerusalén, un lugar ideado para mantener viva la memoria de los judíos europeos asesinados por el nazismo. Además, el 27 de enero de 2020 los Reyes de España acudieron, junto a otros mandatarios europeos, al 75 aniversario de la liberación de Auschwitz. Un gesto que se ha repetido cinco años después el día que se conmemoraba el 80 aniversario.

Sobre Hadamar, el hospital psiquiátrico que simboliza el exterminio de los enfermos mentales crónicos e incurables, sigue existiendo en nuestro país un silencio sepulcral, lo cual llama poderosamente la atención porque las cámaras de gas del Tercer Reich fueron inventadas por los psiquiatras nazis para ejecutar su concepción de la eutanasia e instaladas en cinco hospitales psiquiátricos y en una cárcel abandonada cerca de Berlín. Después, y sólo después, se emplearon para el exterminio de los judíos europeos. Hadamar, el hospital psiquiátrico situado a las afueras de esta pequeña ciudad, representa para la eutanasia nazi lo que Auschwitz para el Holocausto judío. El día 26 de marzo de este año 2025 se ha celebrado el 80 aniversario de su liberación por las tropas de Estados Unidos. Los nazis comenzaron a gasear allí a los enfermos incurables a mediados de enero de 1941 en el marco de la denominada

Aktion T4 y continuaron hasta que Hitler ordenó, a finales de agosto de ese mismo año, su paralización, debido al malestar generado entre la población por las matanzas de los alemanes más débiles e indefensos. La homilía del 3 de agosto del obispo de Münster, monseñor Von Galen, fue el punto álgido de esas voces que se levantaron en contra del régimen nazi. Pobre pueblo alemán, clamó el prelado desde el púlpito, si es capaz de violar el sagrado mandamiento de «No matarás» que nuestro Dios transmitió a Moisés en el monte Sinaí y que está interiorizado en nuestra conciencia humana. Pobre pueblo alemán si viola este mandamiento sin castigar a los culpables. El hospital psiquiátrico de Hadamar, después de un tiempo de parálisis, siguió funcionando como lugar de muerte dentro de otra modalidad de eutanasia que los nazis denominaron

Sonderbehandlung 14f13. Ahora se trataba de eliminar a prisioneros de los campos de concentración que tuvieran enfermedades contagiosas, que fueran incapaces de trabajar o cuyo comportamiento transgrediera las normas del campo de forma reiterada. Los mismos psiquiatras que seleccionaban a los enfermos mentales recorrían estos campos para decidir a quién había que eliminar. En Hadamar murieron también muchos enfermos dentro de la fase conocida como Wilde Euthanasie o eutanasia salvaje, caracterizada porque la decisión sobre la vida o la muerte de los pacientes ya no estaba centralizada en el número 4 de la calle Tiergarten de Berlín, de ahí el nombre de Aktion T4, sino que eran las autoridades de los distintos manicomios las que asumían esa competencia. La cámara de gas y el horno crematorio fueron sustituidas por las inyecciones letales o por la desnutrición. El manicomio de Hadamar se vio, como consecuencia, obligado a adquirir unos terrenos colindantes donde enterrar a las víctimas. Cuando el 26 de enero de 1945 llegaron las tropas americanas ya tenían información sobre lo ocurrido allí. Los primeros días, equipos especiales se dedicaron a documentar los crímenes y a abrir las tumbas. Nombraron a un nuevo director y, con las pruebas recogidas, en octubre de 1945 celebraron, ante un tribunal militar, un juicio contra el antiguo director, el doctor Adolf Wahlmann, y sus colaboradores. Tres fueron condenados a muerte. Wahlmann a cadena perpetua. Yo visité Hadamar en el año 2012, tras terminar mi ensayo

Hadamar, Treblinka y Auschwitz: De la «eutanasia» a la «solución final». Es impresionante recorrer las instalaciones de este lugar de memoria que es visitado cada año por unas veinte mil personas, la mayoría estudiantes de secundaria alemanes o alumnos de medicina venidos de todas partes. Delante del manicomio hay una gran estructura de madera donde aparcaban los autobuses que trasladaban a los enfermos para eludir así la mirada de los curiosos. Desde allí se accede al sótano donde está reconstruida la cámara de gas, la mesa de disección de cadáveres y el horno crematorio. Después de subir por las escaleras de un montículo se accede al cementerio donde enterraron miles de cadáveres. En Hadamar se estuvo matando hasta pocos días antes de su liberación y solo a comienzo de los años ochenta del siglo pasado se volvió a investigar a fondo lo que había ocurrido dentro de sus muros. Como ya he resaltado en otras ocasiones Hadamar, lo mismo que Auschwitz, debería formar parte de la conciencia de ser europeos. Nuestro país, atascado en su propia memoria reciente, no ha hecho una reflexión profunda sobre lo que simboliza Hadamar, como pudimos ver cuando se aprobó la ley de eutanasia en medio de la pandemia. Ahora bien, sí somos expertos en utilizar los escasos conocimientos históricos para denigrar al adversario político. Dos breves ejemplos lo ilustran. Por una parte cuando la derecha madrileña acusó al doctor Luis Montes de practicar

eutanasias masivas como los médicos nazis y, por otra, cuando algunos «intelectuales» de izquierda denominan las recientes muertes de ancianos en las residencias madrileñas como la Aktion S7, Puerta del Sol número 7, en referencia explícita a la Aktion T4 hitleriana. El 80 aniversario de la liberación de Hadamar debería servir para profundizar en su legado histórico y huir de analogías simplonas y fuera de lugar.

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