Volando va…, en orbital ilusión
‘Órbitas’. Con apuntes de una vida en constante exploración, lo ha subtitulado Sara, y todo encaja, aventuras imaginarias, cuentos o relatos están en el libro

Apuntes los míos hoy reflejo de unas sorpresas, al ver y leer, sobre una leonesa que pude «conocer» en los medios. Visualmente me impactaron, primero la imagen, y ya en la letra periodística la formación bien ganada por Sara García Alonso. Leonesa y por lo tanto paisana, y eso enorgullece ya de mano.
Sara, sí, la del pelo sanguino, y por si no es muy preciso el término digamos pelirroja, panocha, según en qué fotografía. Discúlpeme la hoy doctora en biología molecular, lo ampliamente llamativo era, por el momento, lo de astronauta, en ciernes, o bastante más allá al haber sido seleccionada como miembro de la reserva de la Agencia Espacial Europea. Pero… Me faltaba algo, un tercer mimbre, para componer una trenza «opinable», y éste venía incorporado al vestido que eligió para su boda. ¡Color rojo! Un vestido brillante, explosivo, llamarada de pasión, para un alto vuelo marcado en la media cola cual estela que iba a lucir en su trayectoria hacia el Consistorio legionense.
Lo del estelar y explosivo color de llamarada va de «añorado símil al cohete impulsor hacia el espacio», que ponía una alegre nota en la plana diafanidad ante el palacio de la Poridad, tan distinta a la que conocíamos como de Las Palomas, máxime si ponemos ahora la mirada en el ¾ de león que, digan lo que quieran, no se está librando de fango y detritus: ¡pugna por no dejarse hundir! Que ni está bien ahí, ni es la mejor imagen (símbolo vivo) de lo leonés. Gracias Sara, por, sin pretenderlo, haber dado oportunidad a este opinador leonés, comprometido de siempre con lo nuestro, por poder otra vez aportar algo, sobre la imagen del león fuera de todo blasón (que es lo suyo, heraldo y símbolo) siempre en la memoria gozosa de los que nos identificamos como legionenses, primero por vecindad ciudadana, luego por gentilicio provincial, y sin esfuerzo extraordinario incorporado a lo regional, aunque en este campo, debamos evocarlo, tal vez mejor, como pasante. En marzo de 2023 fue declarada Hija Predilecta de la ciudad de León y tuvieron el honor en las fiestas de San Juan, de verla actuar como pregonera. Ya entonces dejó volar su imaginación al hacer un repaso sencillo entre alegre y jocoso del programa festero, desde el mismo Consistorio, destaquémoslo como muy útil para proclamas y afinidades leonesas «reales y populares», a donde, en esta ocasión, la llamada del amor conyugal la reclamaría no tardando mucho. Casi de fiesta a fiesta. La de San Juan, para el que los niños de antes pedían «una limosna» y la del otro al que hoy se va a tocar las narices en romería en octubre, el santo Froilán, allá en el santuario de la Virgen del Camino.
Órbitas. Con apuntes de una vida en constante exploración, lo ha subtitulado Sara, y todo encaja, aventuras imaginarias, cuentos o relatos, que no parábolas, están en el contenido del libro que así se titula. En las tapas cobijadoras, la tonalidad roja, más o menos, nos habla de su afinidad cromática. Sinceramente para su obra literaria no estoy en condiciones, ni lo pretendo, de emitir un juicio crítico. Pero tampoco divago, aprovecho la coyuntura. Ha dicho que para escribirlo necesitó un excelente «motor»: la curiosidad, válida tanto para grandes vuelos como para los más sencillos. Y enraizada ésta en su decir será ánimo y expectación para el lector. Y con él entramos en un especial Filandón leonés, ¡ahí es nada!, imaginativamente al lado del hogar ante el embrujo y símbolo de la llama, rojiza, que calienta la imaginación, cuando las largas noches o los silencios, tan sólo se rompían con narrativas bien acompasadas, y celebradas las más de las veces, como cosas comunes que contar. Maestros de ésta, la que podemos llamar hoy disciplina literaria oral leonesa, o tal vez mejor de lo leonés, estuvieron con ella en la presentación de Órbitas, los literatos Juan Pedro Aparicio y José María Merino, quienes en mi memoria leonesista remota, aparecen como defensores a ultranza de lo leonés, ante la imposición martinvillista autonómica, desde que pude conocerlos en su oratoria reivindicativa en el «globo del Hispánico», momentos heroicos de lucha contra la imposición del ente autonómico. Y que hoy, junto a Luis Mateo Díez, los tres escritores leoneses ya consagrados, han dedicado al Filandón momentos y encuentro inolvidables. Dando imagen y perfilando un estilo de decir y asombrar. Muy buena imagen como fabulosos padrinos para esta ocasión, en el Palacio del Conde Luna, acompañando a Sara García Alonso, que sabe caminar por lo utópico y plasmarlo, como escritora y como leonesa. Filandones leoneses: Letras que son caminos, lodos autonómicos que nos has de pisar, sino órbitas a dibujar más allá de nuestra tierra… con Sara, en su buen hacer de futura astronauta. ¡Un gran lujo!