Exhortación de la Ronda
Dará comienzo un recorrido por los rincones, calles y plazuelas de esta bimilenaria urbe regia, avisando a los cofrades para reunirnos en Santa Nonia

León, Jueves Santo. Balcón del Ayuntamiento - Plaza de San Marcelo:
Con la venia del Hno. Abad y del Sr. Alcalde: «Hermanitos de Jesús»,/ leoneses y visitantes./ La noche de Jueves Santo/ tiene un misterio imponente,/ acuchilladas las sombras,/ Viernes Santo ya amanece. Por las calles leonesas/ pasa la Ronda, inclemente,/ con todos sus espeluznos,/ en marcha lenta y doliente. Estos versos de Máximo Cayón Waldaliso, resumen el especial momento leonés que vamos a vivir todos los aquí reunidos. En esta ciudad imperial, llegada la anochecida silente y al borde del Viernes Sacro, la cuatro veces centenaria cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno inicia el agitado protocolo que marca la antiquísima e histórica norma nazarena; precepto y cortesía que obliga a visitar a las autoridades civiles, eclesiásticas y militares de la ciudad, anunciándolas, que a la amanecida de la jornada del Calvario, van a cumplir con su inveterada y estatutaria obligación de «sacar» la procesión de los «Pasos» por las calles y plazas del viejo León. El Abad y la Junta de Seises, con la Ronda al frente —esquila, tambor, clarín y voz-, elevarán, primero ante este Ayuntamiento y posteriormente en el Obispado, la Diputación y las Subdelegaciones de Defensa y de Gobierno, los sonidos ancestrales de estos instrumentos, junto a ese estribillo peculiar, «levantaos hermanitos de Jesús, que ya es hora», que será repetido incansablemente, hasta clarear la mañana. Después, «encerrarán» al Abad en su domicilio y dará comienzo un recorrido frenético por los rincones, calles y plazuelas de esta bimilenaria urbe regia, avisando a los cofrades, «hermanitos de Nuestro Padre Jesús Nazareno», que nos preparemos para, de madrugada, reunirnos confraternalmente en la antañona capilla de Santa Nonia, alma, corazón y epicentro de la Semana Santa de la capital. Desde allí, evocaremos el sufrimiento y muerte de Cristo a través de las trece escenas de su Pasión, denominadas «Pasos», portadas a hombros en recogida y anónima penitencia, por los más de cuatro mil «papones», palabra esta con la que, con tanto orgullo, nos designamos los cofrades leoneses. Y viene siendo así desde 1611, en que se erige esta denominada, inicialmente, «Compañía de Jesús» en el Conventón de Santo Domingo, cumpliendo esta función principal cada primavera, la propia «Ronda» y la procesión de los «Pasos», en el llamado, siglos atrás, «día de la Cruz», entre otros actos de marcada importancia en nuestras heredadas Reglas fundacionales, adaptadas hasta los tiempos actuales. En versos propios: Ronda cofrade leonesa,/ de esquila de prendimiento indigno,/ de toque solemne y funerario./ Ronda de azabache y lirio,/ de alaridos de clarín trompeteante,/ de cantos de gallo flagelante./ Ronda del Dulce Nombre,/ de quebradas percusiones de tambor,/ de ásperos y rudos sonidos de patíbulo./ Ronda nazarena, Ronda nuestra. Y ahora y como preludio, después de rezar un Padrenuestro en memoria de los «Hermanitos de Jesús» fallecidos de todos los tiempos y con un profundo silencio, la Ronda, en histórico ritual, rasgará el velo de la noche, con unos toques resonantes y una voz armoniosa y potente. Y así, se iniciará su recorrido por el callejero legionense hasta rayar el alba, momento en que la ciudad entera deberá estar vestida de enlutada túnica y emblema de corona morada, para presenciar la salida de Jesús Nazareno, acompañarle y tenerle siempre presente en nuestras vidas. He dicho.