Diario de León

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Después del apagón cada uno es libre de contentarse con las sombras e ilusiones cavernarias que le brinden los de su facción política. Hoy lo tiene más fácil que nunca poniendo los medios de su cuerda y escuchando una vez tras otra sencillos mantras repetidos como ecos. Yo seré muy claro: el gobierno de Pedro Sánchez es responsable del apagón por su incapacidad de regular las fluctuaciones del suministro eléctrico o, dicho de otro modo, por su incapacidad a la hora de regular y participación en la temeraria codicia de las eléctricas.

Ha tenido que ocurrir para que se haga noticia lo que, por lo visto, era un clamor a voces entre los responsables del sector eléctrico, aunque nos enteremos ahora del enorme riesgo de aquello que el Presidente decía que nunca iba a ocurrir. Podría tratarse de ineptitud, pero todos conocemos las puertas giratorias y el compadreo en este negocio de políticos y empresarios que ponen en riesgo el interés general. Si algo tiene de bueno el apagón es el debate que subyace bajo capas de manipulación ideológica y las explicaciones de expertos que vienen a convergir en un punto: los retos tecnológicos en una transición eléctrica hacia fuentes renovables. Quizá uno de los asuntos más mencionados es el de la privatización de las eléctricas. Normalmente esta discusión entre gestión pública o privada presenta un trasfondo ideológico en el que se asume (aunque la realidad no sea exactamente así) que los partidos de izquierda defienden la primera frente a los conservadores más proclives a modelos liberales. Mi postura en la dotación de servicios de interés público en general es que cada modelo tiene sus ventajas e inconvenientes, incluso diría que en ocasiones lo mejor son modelos mixtos. Ahora bien, en el caso concreto que nos atañe considero que poner en manos de poderosas empresas la casi totalidad de la producción eléctrica es como si nos hubieran sustraído al conjunto de ciudadanos el viento, el sol, el agua…, y dificulta el control de la soberanía energética por parte del Estado. Aunque no en su totalidad, el grueso de lo que considero un problema procede de la época de Aznar, en ese momento de fiebre liberalizadora. Ahora bien, comentada la situación de partida, expondré ahora algunas cuestiones que se me plantean. Gracias a la pedagogía de diversos expertos, se puede comprender de una forma sencilla el problema que presenta la transición energética hacia fuentes renovables. Muy sucintamente, mientras que centrales térmicas o nucleares producen electricidad a través de turbinas que permiten sincronizar la oferta y la demanda de energía, las fuentes renovables carecen de esta posibilidad técnica y son más sensibles a fluctuaciones que hagan «saltar los plomos» salvo que se les dote de costosas mejoras técnicas o se acompañe su producción con las anteriores o centrales de ciclo combinado.La primera pregunta que me hago es si nos hemos precipitado en la demolición y cierre de centrales térmicas y nucleares, es decir, si aún resultan necesarias para garantizar el suministro eléctrico mientras se lleva a cabo la transición y si, en el caso de las nucleares, van a resultar necesarias para acompañar a las renovables. No me voy a aventurar para no defender sin conocimiento los posibles intereses de ningún lobby, pero lo que sí está claro es que no se hubiera provocado el apagón si en el mix energético de aquel momento concursara una mayor cantidad de energía de este tipo. Esta cuestión es sangrante en León, donde primero se privatizó Endesa con Aznar y luego, a través de una «incomprensible» OPA con el gobierno Zapatero y torticeras maniobras, terminó en manos públicas italianas, hasta que toda la industria del carbón y producción eléctrica se redujo a la incineración de carbón extranjero por intereses nacionales también extranjeros. Ahora finalizaré con algunos datos aportados por Antonio Turiel (investigador CSIC experto en energía) sobre lo ocurrido que, en muchos aspectos, concuerdan con los de otros expertos del sector. Por lo visto, se produjo una sobrecarga por excesiva producción de renovables mientras que, como mínima garantía, las centrales de ciclo combinado no se encontraban preparadas para responder y corregir la fluctuación eléctrica.En cuanto a las responsabilidades del Gobierno de Pedro Sánchez, el autor afirma que conocían la problemática y que no es cierto que todo se desmoronó repentinamente en 5 segundos, sino que existían fluctuaciones alarmantes treinta minutos antes del apagón, además de tener avisos una semana antes de comportamientos anómalos por parte de las eléctricas a través de Red Eléctrica. Por lo visto, la codicia de las eléctricas y la falta de freno (por no decir coparticipación) del gobierno están detrás de los daños ocasionados y, por qué callárselo, de las subidas exponenciales del precio de la luz con un IVA al 21%. La gestión privada o pública, la necesidad de mantener centrales nucleares o térmicas o un eterno debate de cuál ha sido la causa primera que provocó el apagón no deben desviar el foco sobre la responsabilidad del gobierno de Pedro Sánchez. Mejorable o no, la tecnología actual permite informar a tiempo para corregir sobrecargas y fluctuaciones de corriente; falta la regulación previa sobre las productoras y faltaron las decisiones en tiempo y forma para evitar el apagón, lo que nos lleva a hablar directamente de errores humanos y de Gobierno.

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