Diario de León

Manuel Arias Blanco

Profesor Jubilado De Secundaria

¿Por qué seguimos escribiendo/leyendo?

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No es un oficio que garantice una solvencia económica, de manera que nos distraiga de otro trabajo de base. La inmensa mayoría vive de otra cosa. Por eso, el premio Cervantes último decía que el escritor no deja de ser un mendigo, un don nadie que apenas recoge una cosecha menguada. Salvo unos pocos, los demás atienden a otros menesteres y solo un chispazo de fortuna puede encumbrar su trayectoria.

Antes, además, no era lo mismo que el libro estuviera escrito por un hombre o por una mujer. De hecho, si lo firmaba la mujer se exponía a que no se lo publicaran y de ahí que haya multitud de libros que nunca sabremos si ha salido de la creatividad de uno o de otra. Así era la sociedad. Ahora, bien creo que esto ha variado del todo. Y lo mismo que hay más mujeres lectoras, seguro que habrá más mujeres escritoras. No obstante, lo bueno es que no haya discriminación sobre la autoría. Y en esto se ha avanzado de manera determinante. La lectura debería ser asignatura transversal en la enseñanza. Tal vez, algunos profesores se lo curran y ofertan al alumno lecturas que afectan a varias materias. No es fácil esta sincronización, pero en mis tiempos estuvimos a punto de iniciar esta aventura. Casi no me acuerdo si lo hicimos y si lo hicimos, cómo nos salió. Quizás, lo hablamos y lo pospusimos, no sé. Quisiera pensar que los programas no eran flexibles como para hacer ciertas experiencias. Yo animaría desde aquí a que hablen de esta conexión materia y lectura y den un paso adelante. Dicho esto, tampoco tengo claro qué lecturas han de prevalecer a la hora de obligar al alumno. Iría más por el camino de la voluntariedad y el consiguiente premio adicional. De todos es sabido que con frecuencia se copian unos de otros y apenas se lee. Sí tengo claro que debemos fomentar la lectura en el aula, pero no acabo de estar muy de acuerdo con las elecciones propuestas. No creo que tengan que ser obras clásicas, sino más cercanas a la juventud. Dejaría esas obras para lecturas parciales en el aula con la consiguiente explicación por parte del profesor. Quizás me equivoque. Un buene comienzo de la clase podría iniciarse con diez minutos de lectura y una breve reflexión. Los pueblos tienen cierta ventaja en aportar hechos y aventuras que enriquezcan la fantasía y el realismo del aula. Hay mucha materia prima. Tenemos informantes de garantías como son las personas mayores, así como el conocimiento próximo del devenir de la gente. Cualquier pueblo de cierta entidad está lleno de aventuras y ensoñaciones singulares. Está a flor de las calles la intrincada relación de las personas que conforman el transcurrir de la vida. Cada pueblo abre un abanico incalculable de escenas de interés que miden el palpitar del día a día. ¡Qué riqueza! ¡Qué singularidad! Sería una forma de implicar a todos en la escuela. Además, habría una tarea de recuperación de costumbres y lenguaje que con el tiempo puede que se pierda. Esta labor solo es posible en esos lugares donde el contacto es más fácil y más entrañable. No sé hasta qué punto sería aconsejable que de vez en cuando se pasaran por los centros de enseñanza escritores de cierto prestigio y dialogaran con los alumnos sobre esa mágica tarea de creación. Sé que se hacía en mis tiempos, pero de manera muy escasa y tacaña. Merece la pena que el escritor forme parte del entramado escolar, pero de una manera digna y aprovechada. Son ellos los que pueden dar las últimas pinceladas a la tarea del profesor. Y si de todo esto sale un Club de lectura, miel sobre hojuelas. Soy optimista en apostar por el libro de papel, a pesar que nos invada la IA. No es lo mismo la lectura a través de una pantalla que la lectura acunada por las manos de cada cual. La relación manos y libro forman un tándem difícil de superar. Y el silencio y la reflexión como acompañantes necesarios en ese placer insuperable. Nadie podrá arrebatar este recogimiento al amparo de esos libros que nos atraen poderosamente. La lectura es un bien al alcance de cualquiera, porque disponemos hoy día de Bibliotecas que nos surten con generosidad, aunque de cuando en cuando compremos algún libro.

No sé hasta qué punto sería aconsejable que de vez en cuando se pasaran por los centros de enseñanza escritores de prestigio y dialogarán con los alumnos

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