Diario de León

Enrique Ortega Herreros

Médico Psiquiatra Jubilado

La atracción que ejerce la liturgia en el hombre

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Ha muerto un papa, padre espiritual de los fieles de la Iglesia Católica, jefe de Estado, Sumo Pontífice, sucesor de San Pedro y pastor de la «iglesia universal en la tierra», entre otros títulos. Es obvio que sus defensores y detractores tienen materia sobrada de discusión, enfrentamiento dialéctico e incluso dardos envenenados que lanzarse. Para unos, el papa es elegido por influencia del Espíritu Santo, mientras que para otros (autodenominados realistas) creen que no deja de ser más que una elección interesada conseguida por el «poder» o, como mucho, por el resultado aleatorio del «pinto, pinto, gorgorito».

Cuando escribo esto están enterrando al Papa sin acabar de enterrarlo, tal es la necesidad de darle el último adiós y de comprobar que está muerto y bien muerto. Ay, la liturgia de la muerte, fin y principio, dolor y esperanza, retorno a la nada, al polvo, pero resurrección para los creyentes. Qué bonito, qué fuerza que seduce y anima para seguir el camino. A los agnósticos, y no digamos a los ateos, no les entra en la cabeza. Las cosas son como son, afirman convencidos, mientras los creyentes afirman, a su vez, que las cosas parecen solamente lo que son, pero que es únicamente el envoltorio, porque la esencia no se ve, pero existe igualmente. No parece posible ponerse de acuerdo porque se parte de postulados diferentes. Todo lo cambia la Fe, que sabemos en qué consiste, pero que ignoramos en realidad donde se asienta y arraiga en el cerebro; bueno, en el alma. Muere el papa y los poderosos de la tierra (no todos ni mucho menos) aprovechan para asistir juntos al acontecimiento que va más allá de la muerte del pastor. Aprovechan, unos, para rendir homenaje; algunos para «sacar pecho» y marcar territorio, y otros para solidarizarse con los mejores mensajes que el difunto difundió en su vida. Todos, creyentes, agnósticos y ateos inmersos en la liturgia de esa ceremonia religiosa, con solera de siglos, de culto a lo divino humanizado o a lo humano divinizado, da igual. Cuánto tira, qué poder mágico tiene el simbolismo del pastor. No es solamente la imagen del pastor y el rebaño (que también), referencia obligada a la metáfora tan arraigada en la Biblia donde el poder del pastor tiene una identificación nada metafórica, como en el caso de Abraham, símbolo y arquetipo, pastor de ocupación y patriarca rico y poderoso, elegido por Dios para la salvación tanto del pueblo de Israel como del resto de «todas las naciones de la tierra». Estando sumergidos en un mar de dudas, de guerras abiertas, cerradas y soterradas, nada tiene de extraño que, al margen de rendir homenaje al «padre espiritual» que ha dejado huérfanos a sus hijos (legítimos, naturales o bastardos), éstos acudan al evento, al escenario donde la liturgia ejerce un poder especial, para verse las caras y hacer planes de un futuro mejor, al menos en teoría. Ahora se ha producido la elección de un nuevo «pastor». Todo está previsto en la liturgia correspondiente, siguiendo el lema laico de «a rey muerto, rey puesto», aunque en la historia hayan abundado personajes «cabronazos» que, curiosamente, se autonombraban «elegidos por la gracia de Dios». Todas las hipótesis y «quinielas» pugnaron por acertar al que sería elegido. Se barajaban planteamientos tanto de los denominados continuistas como rupturistas, reforzadores o correctores del legado espiritual y no espiritual del finado. Y aquí hay para todos los gustos e interpretaciones para explicar dicho legado: pobreza real o impostada, ensalzada, dignificada, preferida, amada, elegida, obligada, sometida, politizada, manipulada, idealizada, escogida etc. Y a la riqueza que le den... Ay, la pobreza, la del espíritu y la otra, que es el resultado de la lotería en la repartición de los dones o de la avaricia del otro. Problema nunca resuelto ni por las buenas ni por las malas, aunque algunos pretendan hacerse ricos, precisamente, enarbolando la bandera de la pobreza. Bueno, a los pobres de espíritu, no material, ni apocados, el «Maestro» les tildó de bienaventurados prometiéndoles el reino de los cielos. Pero ese es un asunto diferente. Lo cierto es que lo terrenal, lo denominado, con o sin acierto, humano y «carnal» ha sido un tema preferido en los últimos tiempos por el obispo de Roma. Ay, la carne, el sexo, fuente de vida, pero también de segregación, de rechazo, de abusos y de perversión. Con el dinero y el sexo, el diablo se pone las botas. Menudo papelón se le presenta al nuevo pastor, porque hay ovejas no solo descarriadas, sino respondonas, montaraces, díscolas y contrarias a la ley de Dios y de la Iglesia. Algunos ya han advertido que Francisco abrió la «Caja de Pandora», y ya sabemos cómo acabó el mito, y encima lo provocó una mujer. Que esa es otra, el papel de la mujer en la Iglesia. Para empezar (y permítanme mi recurrencia al humor para suavizar el vivir), el nuevo pastor será un hombre y soltero, eso seguro, pues por el momento la elección se lleva a cabo entre los componentes de la asociación del mundo más importante y elitista de hombres solteros, célibes y castos por obligación. Lo de castos por devoción es otro asunto. Bueno, lo de los abusos sí toca y desafina mucho. Dada la evolución (normal y necesaria) de la mujer en los últimos tiempos y en nuestra cultura, que tome nota el nuevo pastor porque ellas no se van a quedar de brazos cruzados, que ya va siendo hora de revisar la teología sacramental. Y si no, al tiempo. Al papa se le presume con un poder político y económico particulares. La Iglesia es rica, muy rica se afirma. Los más sagaces y/o pejigueros aprovechan para sacar punta al despliegue de la riqueza del Vaticano durante la liturgia de las honras fúnebres del difunto. Es por eso que, en la elección, hay que tenerlo muy en cuenta. Dependiendo del contexto mundial conviene no perder de vista los avatares del vaivén de los denarios, sin olvidar que el dinero y el poder político suelen maridarse o «arrejuntarse» a menudo. Hasta dónde el poder del papado es de orden espiritual en el sentido más sublime del término, o humano en el sentido más pedestre del mismo, es un asunto a resolver. Si a mí se me pidiera opinión al respecto (que ya me encargo yo, por mi cuenta, de darla, aunque no venga a cuento) les diría aquello de «dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César», y el que quiera entender que entienda. Amén. Estoy seguro que en la elección del nuevo papa se valoró tanto lo espiritual (fundamental, divino y eterno para el alma) como las necesidades materiales (obligadas, indispensables y que dan mucho juego en el mundo, como es sabido). Si han acertado con el elegido, alabado sea Dios; si no han acertado, se pondrán en marcha las medidas oportunas tendentes a nadar y guardar la ropa si fuera preciso. La diplomacia es la diplomacia y el consenso es el consenso. Doctores tiene la Iglesia que lo sabrán componer. Yo apunto a un papa continuista, reformista, progresista y conservador, y a ser posible, de consenso. También puede ocurrir que se cumplan las profecías de San Malaquías y de Nostradamus, y a tomar vientos. P.S. Este artículo lo he escrito el día del entierro del papa. Cualquier parecido con la elección del nuevo pastor sería, pues, una pura coincidencia…

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