Diario de León

José Luis Díez Pascual

Miembro Del Consejo De Redacción De La Revista ‘Ateneo Leonés’ Y Miembro Del Instituto De Investigación De Estudios Leoneses (Iiel) González De Lama

San Josemaría Escrivá en León

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Cuando se cumplen 50 años del fallecimiento de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, me parece conveniente recordar que León forma parte de los comienzos de esta institución de la Iglesia Católica, ya casi centenaria —el 2 de octubre de 2028, la prelatura cumplirá su primer siglo—. El «santo de lo ordinario», como lo definió san Juan Pablo II, pisó suelo leonés en numerosas ocasiones, como al respecto se han publicado piezas en este periódico que dan cuenta de estas —«Escrivá dejó su firma en la Catedral», Diario de León, 24 de junio de 2016, es el último artículo del que tengo constancia—.

San Josemaría pisó León por primera vez en julio de 1934, seis años después de fundar el Opus Dei. Quienes refieren esta visita y las que siguieron narran que se reunía con distintas personas y predicaba meditaciones y ejercicios espirituales. Difundía el mensaje de que todo cristiano está llamado a seguir a Jesucristo en su trabajo, en su familia, en sus aficiones… sean cuales sean las circunstancias de cada uno. El fundador llegó a León gracias al párroco de San Juan y San Pedro de Renueva, Eliodoro Gil, que conoció a Escrivá en Madrid en 1931, y al que dio aposento en la casa rectoral. El fundador del Opus Dei también se alojó en el Hotel Oliden, en la plaza de Santo domingo de la capital leonesa —hoy, Alfonso V—. La familia Oliden regentaba el establecimiento y su hija Aurora Oliden Sáez se encargaba de la parte financiera del hotel desde que tenía 15 años. Aurora siempre se mostró muy atraída por el mensaje del sacerdote. San Josemaría se hospedó allí en febrero de 1938 y, después de esa fecha, acudió para predicar meditaciones y retiros espirituales en el oratorio que la familia Oliden tenía instalado en la zona privada del hotel. También en 1938, Eliodoro Gil se comprometió a tirar a multicopista la carta que, mensualmente, enviaba a los socios de la Obra, dispersos por España y limitados en sus movimientos por la guerra civil. San Josemaría enviaba el escrito mecanografiado desde Burgos donde residía entonces, a Gil, que imprimía las copias necesarias y las remitía al fundador para su posterior envío postal. En esta se recogían noticias de amigos y consejos espirituales: una buena medicina para quienes se habían acercado a san Josemaría y la Obra y vivían en un país que sufría un duro conflicto bélico. Gil imprimió la carta hasta que la máquina se estropeó definitivamente. En 1940, el obispo de León, Carmelo Ballester Nieto, pidió a Escrivá que predicase unos ejercicios espirituales para los sacerdotes de la diócesis. De diferentes diócesis llegaban las peticiones para que el fundador del Opus Dei dirigiera tandas de retiros para el clero. Ballester y Escrivá habían forjado una estrecha amistad en los distintos viajes del segundo a León y fueron 110 los sacerdotes que escucharon predicar a san Josemaría en León. Pero san Josemaría no dirigió su labor pastoral en León solo a los sacerdotes. En las visitas que realizó a la ciudad —también hay que reseñar que visitó Astorga y conoció al obispo de la sede asturicense, Antonio Senso Lázaro—, el ya mencionado párroco de San Juan y San Pedro de Renueva, le presentó a una joven feligresa, Nisa (Narcisa González Guzmán). La joven mantuvo una larga reunión con el Padre y, aunque tardó en decidirse, fue una de las tres primeras mujeres del Opus Dei. Fue pieza clave en la extensión de la prelatura por diferentes países. Así, Nisa González trabajó en Canadá, Francia, Estados Unidos, Francia e Italia. En la extensión de la Obra, también como una de las primeras mujeres, cabe destacar la figura de Dora del Hoyo, natural de Boca de Huérgano, si bien conoció al fundador en Madrid. Fue la primera mujer que pidió la admisión en el Opus Dei a san Josemaría como numeraria auxiliar: esto es, con la decisión de contribuir con su trabajo profesional —la atención doméstica— al ambiente de familia característico de las residencias desde donde el Opus Dei proporciona formación cristiana. Dora del Hoyo, en proceso de canonización, está enterrada en la Iglesia Prelaticia de Santa María de la Paz, cerca de los restos de san Josemaría. Escrivá adquirió la costumbre de rezar ante la Virgen Blanca de la Catedral, cuando esta escultura aún ocupaba un parteluz de la fachada oeste de la

Pulchra Leonina. Estampó su firma en el libro de visitas del templo en su primera estancia leonesa, en 1934, y celebró aquí los oficios de Jueves Santo, en un viaje en el que pasó por la ciudad. Además, conocía San Isidoro y su importante museo. Además, la ciudad le sirvió de punto de partida para viajar a Santiago de Compostela. Fue el 17 de julio de 1938 cuando Escrivá, Eliodoro Gil y otro acompañante se dirigieron a la estación de tren para iniciar trayecto. Sin embargo, llegaron cuando el tren acababa de arrancar. Gil consiguió que un taxista que era feligrés de su parroquia les acercara hasta Veguellina de Órbigo, donde subirían al convoy perdido. El párroco de Renueva recuerda que, durante aquel trayecto, san Josemaría, «nos dirigió la meditación y nunca se me olvidarán sus palabras. Incluso se le grabaron al taxista que me las recordó muchas veces. Allí, desde las ventanillas del coche, contemplábamos la preciosa vega del Órbigo, donde se cultiva remolacha y lúpulo. El Padre nos habló con la imagen del borrico, que se la debió inspirar aquel campo, en el que se veían muchas norias con sus borricos. Es ese trabajo esforzado y continuo —monótono, si se quiere, pero eficaz—, es ese trabajo el que va llenando los cangilones que derraman el agua a los campos que se cubren de verdor y fecundidad. Fijaos —nos decía—que el pobre burro está dando nada menos que todo lo que tiene, con toda paciencia. Y nos da ejemplo de cómo tenemos que servir a Dios». De aquí surgió el punto 998 de su obra más conocida,

Camino. El taxi llegó a Veguellina antes que el tren, permitiendo a los viajeros seguir su camino hacia Compostela.

De aquí surgió el punto 998 de su obra más conocida, ‘Camino’. El taxi llegó a Veguellina antes que el tren

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