Ver y narrar monumentos por los hermanos Trapiello
Narrar y promocionar los valores culturales y monumentales responde a un sentimiento de amar a nuestra tierra

Todos sabemos que existen muchas formas de narrar y describir la realidad de los acontecimientos que nos rodean; incluso sobre nuestros sentimientos y ensoñaciones. Así, Ortega y Gasset sostiene que no solamente somos espectadores, sino narradores en general del mundo que nos circunda. En el caso de los hermanos Trapiello (Severino y Pedro) hay que decir nos dejaron una huella cultural relevante en unos pliegos o suplementos, que son claves de «aprender y saber». Se trata de una descripción de nuestro patrimonio monumental que se plasmó en unos cuadernillos de cuatro caras, bien labradas, publicadas hace algún tiempo. Pero merece la pena recordar y evocar a Severino quién ha sido llamado por el Señor hace poco tiempo, era un amigo y un leonés de raigambre que nos ha legado una obra original relevante sobre nuestro patrimonio artístico y monumental. Su método recoge las características de dibujante y proyectista, con sus bocetos y croquis a modo de arquitecto para embellecer y resaltar los diversos monumentos que abarcan: Catedral de León, San Marcos, monasterios de Sandoval, Gradeces y Carracedo, Palacio Episcopal de Astorga, Castillo de los Templarios de Ponferrada, así como iglesias y casas maragatas y otros valores artísticos.
Pues bien, conservo dicha colección, que recibí merced a la generosidad de unos amigos y con la intención de dedicarles unas letras, pero por diversas circunstancias, no ha sido posible hasta hoy y es que las ideas, si son persistentes, siempre tienen a realizarse, como sostiene Platón. Desde que tuve la fortuna de admirar y contemplar la obra de los hermanos Trapiello que comprende: dibujo y narración, me llamó mucho la atención la forma de plasmar en un pliego las maravillas del patrimonio monumental de nuestra tierra. Es sin duda, una forma precisa y artística de poner las escenas en color, con fotos y bello diseño que acompañan con un texto literario a un monumento concreto: la descripción corre a cargo de Pedro. Desde mi perspectiva, les deseo contar que los folletos los conservo como muestra de lo que representan tres tesoros monumentales: En primer lugar, la Catedral de León, y para este fin, abro el pliego extensivo y quedo asombrado por la perfección de la obra, el diseño del edificio catedralicio con sus leyendas que, a través de una serie de líneas verticales y horizontales cruzadas y armonizadas, me permiten observar la poderosa musculatura de las Torres Norte y Sur de nuestra Catedral, así como el trazado matemático del Crucero y la cabecera de la misma. Hasta puedo admirar la nave central y lateral con todo detalle. Incluso el hermoso hastial con su rosetón, los ventanales trifolios y las portadas principales con sus pórticos estelares: San Juan, Juicio Final y San Francisco. Sin olvidar la columna «Locus Apellationis». Entre estos umbrales, Severino nos ha diseñado un boceto original y bello con la clave de leyendas informativas hasta contemplar, mediante el artilugio de la apertura de una ventana la «sillería gótica» del coro que es uno de los más antiguos y espectaculares de España. Y todo con una simple mirada, y para complementar la parte central del bosquejo aparece la firma de su hermano Pedro que nos habla de las piedras de XX siglos, en una colaboración que hace destacar «la deslumbrante joya de las vidrieras», que conforma una guía práctica y atractiva para el visitante de la «Pulchra Leonina». En segundo lugar, he tenido la fortuna de conocer gráficamente el monasterio cisterciense de Sandoval. Aquí Severino una vez más muestre sus dotes de maestro delineante para «Ver y aprender» con una mirada la estructura del monasterio (S: XII y ss.) donde Guzmán (1256) completó su formación, tras cursar sus estudios, en la primera época, casi infantil en el monasterio de San Pedro de Gumiel en Burgos. En esta segunda etapa, en el Zenobio de Sandoval, Guzmán llegó a tener su primer caballo (Sandoval), comenzando así su plan para ser «caballero de armas». No podemos ignorar que era hijo bastardo de Pedro Núñez de Guzmán, consejero de Alfonso X, el Sabio. De ahí que siguiera el programa educativo señalado por el personaje más influyente de la época. De aquel monasterio leonés se han conservado sus ruinas. Según relata Pedro durante los siglos XIV y XV decae la vida en este monasterio Sandoval (fundado por Pedro Ponce de Minerva y su esposa Estefanía donaron una gran finca entre Mansilla y Valverde llamada» Saltus Novalis»). En el siglo XIX con la desamortización de Mendizábal los monjes son exclaustrados, sus bienes enajenan y se subastan: «La ruina está servida». Y, sobre estos pilares, Severino ha sido capaz con mucho mérito, esfuerzo y un ingenio notable nos ha legado una obra de reedificación con muchos detalles que enumera en sus leyendas informativas: antiguo refectorio, cocina y calefactorio; celdas, dependencias conventuales, sala capitular, capilla absidal, bóvedas de crucería, iglesia tardía, puerta de la abadía y claustro porticado, casi un diccionario de restauración de «Matrícula de honor». Y finalmente, en el Palacio Episcopal de Astorga obra de Gaudí: el arquitecto más genial del siglo XIX, cuando abrimos el pliego y aparece «en cuerpo y alma» un boceto y diseño como si el delineante fuese un arquitecto en prácticas. Contemplo y admiro esta obra bien elaborada a tres colores: gris verde y rojo como si fuera el resultado de una fantasía. Sinceramente algo mágico un edificio con piedra granítica del Bierzo. Toda una lección del quehacer de un delineante proyectista y hasta pintor. A este Palacio gaudiano, su hermano Pedro, pone la guinda en brillante prosa y con un punto de ironía propia de su estilo. En resumen, narrar y promocionar los valores culturales y monumentales de León responde a un sentimiento de amar a nuestra tierra, por sus obras los conoceréis: «La obra bien hecha».