Los coches, ¿un lujo en estos tiempos?
Si me dan a elegir en León entre más industria y más contaminación o cero industria elegiría la primera opción. ¿Y ustedes?
Puede ser. Y lo digo sobre todo porque los políticos se empeñan en que nos olvidemos de ellos por su contaminación ambiental. Así, como suena. Como si no hubiera otros múltiples focos de contaminación. Piénsenlo. Lo que les toca a los políticos es buscar maneras de aminorar esas fuentes de emisiones tóxicas. Y no son solo los coches, ni siquiera los más contaminantes, pero parece que en ellos se abren surtidores de dinero a base de multas. Y no es un buen camino. ¿Por qué no van por la concienciación en vez de la sanción? Me asaltan muchas dudas.
Hay países, capitales, que se han puesto las pilas: los ciudadanos cogen las bicis mayoritariamente, utilizan el transporte público, cambian los materiales de construcción, regeneran la agricultura y la ganadería con nuevas prácticas, modifican las fuentes de calefacción, etc. Todos estos cambios son reales y necesarios y en nada interviene la sanción.
Si queremos reducir las emisiones, convenzamos a las personas a cambiar su modus vivendi. Pero ya. A partir de ahora solo se podrán fabricar coches con determinadas características y dejemos a los existentes en paz (quizás con una ITV más estricta y unas zonas urbanas más vigiladas). Pero no seamos más papistas que el papa. De hecho, ya los coches contaminan menos y no deja de ser un grano de arena en el desierto. Hoy si nos centramos solo en los coches extorsionaría la vida de muchos que se valen del vehículo para subsistir. Dejémoslos en paz.
Miremos con altas miras. Las ciudades han de construirse con un criterio más acorde a esa regeneración de la atmósfera. Podemos acercar los servicios esenciales a pocos metros unos de otros, de modo que lleguemos a ellos andando o en bici. Podemos construir las viviendas con materiales menos invasivos. Podemos oxigenar las calles con árboles. Podemos poner en marcha una calefacción más eficiente con las bombas de calor. Podemos sustituir los fertilizantes por medios más apacibles. Podemos sustituir los insecticidas por flores… ¿A qué esperamos?
Quien ha querido ha podido ver los documentales HOPE donde se estudian estos problemas ambientales. Son expertos que indican la deriva del cambio climático y dan soluciones. Estúdienlo, de verdad. Se consigue más y mejor convenciendo que sancionando.
Cuando se hace hincapié en sancionar en vez de en convencer se pierde todo el crédito. Y eso es, por lo que parece, el lema del político, del mal político. Hay que ser más amable con la gente de a pie. Por el camino de la sensatez se llega lejos. Por el camino de la imposición y la multa se avanza menos y peor. Es muy cómodo y fácil multar. Es más difícil encauzar con razones de peso. Los expertos dicen que las emisiones hay que controlarlas y aminorarlas, pero las fuentes son muchas y diversas. Ya están detectadas. Poco conseguiremos —o nada— si lo limitamos todo a la cuestión de los vehículos.
Solo espero que lleguen al poder personas expertas y sensatas que nos hagan ver de dónde vienen esas emisiones y cómo abordaremos ese control. Y nos convenzan. Los demás, seguro, seguiremos sus consignas. Sin trampas. Con la satisfacción de que dejamos una atmósfera más limpia, más sana, más humana. Es posible. Nadie se negará a contribuir a esta conquista.
Queda en manos del alcalde y su cabildo hacer valer su saber sin llegar a la fácil sanción. Miren para todos los lados, hagan más pura la atmósfera, aten cabos para reducir las emisiones al mínimo, piensen en muchos ciudadanos, vayan construyendo otro modo de vida, etc. León, en parte, tiene una excelente planificación de verdor y arbolado y no creo que esté tan lejos como para impartir sanciones sin ton ni son. Es verdad que nos faltan industrias, por desgracia, pero también se ve que hay una preocupación alabable de puesta en escena para una atmósfera limpia.
Ante la sanción saldrá alguna triquiñuela y, sin embargo, cuando la persona acepta el cambio todo sale mejor. Pocos están en desacuerdo con la urgente necesidad de cambiar los hábitos: orillar el auto, incrementar las zonas verdes… ¿No alteran mucho más el ambiente las guerras vigentes? ¿Por qué nos se penalizan estas barbaridades? Está bien alejar los coches de los centros, propiciar un combustible menos contaminante, etc. De verdad, si me dan a elegir en León entre más industria y más contaminación o cero industria elegiría la primera opción. ¿Y ustedes? Pues, eso.