Algunas teorías de la conspiración muy conspiranoicas

Un día, hace ya muchos años, tomé un café con un perito de seguros que venía de efectuar una inspección en un conocido club de alterne. El hombre estaba aún un poco turbado por lo que acababa de ver.
Parece que el local estaba provisto de un circuito cerrado de televisión, con cámaras en las habitaciones. «¡Podrían extorsionar a cualquier político!», no se cansaba de repetir. Supongo que lo que me contó sería verídico. El caso es que fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando escuché una teoría de la conspiración muy disparatada, y que «se non é vera, é ben trovata». Parte ésta de unos datos confirmados, cuáles son que el exministro Miguel Sebastián denunció al también expresidente del BBVA, Francisco González, por, supuestamente, contratar al excomisario Villarejo para que lo espiara y hacerle romper con su pareja, acusándolo de infidelidad. No olvidemos tampoco que Sebastián había apoyado el intento de OPA de Sacyr sobre el banco vasco. Por otra parte, acaba de decir Alberto Núñez Feijóo en las Cortes que el suegro del actual presidente del gobierno, Sabiniano Gómez, hizo fortuna con el negocio de las saunas gay. A partir de aquí dan comienzo las teorías conspirativas de verdad, relacionando a Sabiniano con Miguel Sebastián, gay declarado, y vinculando el ascenso de Pedro Sánchez dentro del partido al presunto apoyo de este último por mediación de su suegro. Muchos aseguran que incluso la tesis doctoral de Sánchez fue elaborada, presuntamente, por miembros del equipo económico de Presidencia del Gobierno por indicación del propio Sebastián. Como digo, nada de esto está probado, y menos que pudiera deberse a un presunto chantaje, como dejan entrever los conspiranoicos en las redes sociales. Realmente lo que un político sea o haga no debería tener mayor importancia, a no ser que él no quiera que se sepa. En Galicia, en la época en que Mariano Rajoy era vicepresidente de la Xunta, circulaban rumores de que el futuro presidente era un presunto gay aún no salido del armario, y de que fue Fraga quien le recomendó casarse para acallarlos. Incluso algún diputado llegó a hacer alusiones en el Congreso y Jiménez Losantos le llamaba «Maricomplejines» con evidente doble sentido. Los conspiranoicos aprovechan ahora esta información no verificada para explicar el hecho de que, durante su presidencia, no se derogaran las leyes de José Luis Rodríguez Zapatero, en base a otro presunto chantaje. ¡Ya les vale! Y, ya metidos en harina, también se habló mucho de Feijóo, diciendo que lo de «Chinny» era una tapadera, pero cuando se casó y fue padre cesaron los rumores. Él mismo se encargó de taparles la boca en una entrevista, que
El País tituló «Sé que algunos dicen que soy homosexual». En todo caso, de momento, que yo sepa, nadie habló de chantajes ni nada parecido. Pero, puestos a compararlo con Pedro Sánchez, a quién muchos acusan ahora de robarle las primarias a Susana Díaz, también hay quien señala a Feijóo por, presuntamente, hacerle lo mismo, en Galicia, a José Manuel Barreiro en 2014, trasvasando militantes de unas agrupaciones para otras. Los más maliciosos llegan a decir que el actual líder popular es una criatura de José Manuel Romay Beccaría, y que es este quien todavía corta el bacalao. Aseguran que, cuando Feijóo quiso volar por libre, presuntamente fue desde el propio partido desde donde se filtraron, a modo de aviso, las famosas fotos con Marcial Dorado, que provocaron que Xosé Manuel Beiras se refiriera a él como «narcopresidente» en sede parlamentaria. Los políticos se empeñan en decirnos todo lo que debemos hacer y, cada vez más, tratan de monitorizar nuestras vidas al más puro estilo chino, pero cuando se trata de las suyas, hacen lo que quieren y no les gusta que se sepa. Como decían los curas: «¡Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago!».