Diario de León

Fidel Otero Álvarez

Ingeniero Técnico Agrícola Del Estado Jubilado. y Secretario De La Junta Vecinal De Oterico

¿Por favor, un clavo para colgar un candil?

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Como decía hace unos meses a raíz del desastre de la dana, veo preocupado el mundo a través de un prisma que me lo refracta como un mediocre. Igual que entonces me surge la duda de expresar mi opinión y equivocarme o no expresarla y equivocarme, por lo que como pienso que es mejor hacer y arrepentirse que no hacer y arrepentirse, he optado por lo primero. En referencia a los incendios que asolan España en general y mi tierra omañesa en particular, no me queda más que la rabia por lo sucedido, el estupor de seguir viendo cómo el centro de mando avanzado se convierte en el «photocall» —escaparate al que acuden los políticos con camisa remangada- y las soluciones que vislumbro son aumentar plantillas de bomberos, brigadas, prevendas.... Bla, bla, bla, que políticamente quedan bien y no se atajan los problemas de fondo. Lo que si era previsible era que, dada la actual idiosincrasia de los cuerpos de seguridad, emergencia y militares, la ayuda llegase tarde, mal, descoordinada y a cuentagotas.

Ver a los voluntarios armados con sulfatadoras, escobas, desbrozadoras intentando subsanar las deficiencias del sistema no deja de ser surrealista, ineficiente y la materia de las veces, generar un mayor problema su coordinación que los servicios que puedan llegar a prestar, amén de poner de manifiesto la ineficacia de los poderes públicos y sus protocolos de movilización automática de los servicios de emergencia, propios de un Estado moderno. Vuelvo a repetir que disponemos de 22.000 bomberos aproximadamente. Entre sus organizaciones sindicales y la clase política de la que dependen orgánicamente, han hecho posible que las sucesivas reivindicaciones de derechos se hayan convertido en prebendas. Se han conseguido calendarios de alrededor de 65 días laborales anuales, siendo habitual jornadas de 24 horas, lo que se denomina turno 1-4 o 1-5. Jornada de 24 horas de trabajo, que, a pesar de su excelente preparación y autoestima (veamos los calendarios a los que son adictos), va en detrimento del servicio del que hacen gala prestar, ya que no me imagino 24 horas de vigilia, sino bastantes de ellas en el mundo de Morfeo, ocio y demás. Como ejemplo, un parque de bomberos con 15 efectivos es habitual que tenga tres de ellos de servicio.

Ahora vemos que se quejan de jornadas de 12 o 16 horas después de haber conseguido jornadas de 24 que les permiten un régimen laboral en que prima el ocio y que amenazan con manifestarse para exigir una ley que coordine su actuación y permita una movilización urgente ante una catástrofe. Dame la risa... ¡Cómo pretenden localizar a efectivos que en muchos casos se encuentren por un país nórdico, en el Atlas, por el Caribe, ilocalizados en su pueblo o quién sabe dónde! Un cuerpo cuya actuación se centra en sucesos puntuales y no permanentes y con continuidad en el tiempo, en su mayoría debería componerse de voluntarios, con una formación suficiente y a los que se retribuyese su disponibilidad, independientemente de su actuación, con una minoría de profesionales para su coordinación. Existen ejemplos en nuestro país de brigadas de bomberos voluntarios y de Protección Civil que han demostrado su eficacia. La pertenencia a la zona siempre implica. He llegado a ver un incendio forestal al que acuden a extinguir los voluntarios de Protección Civil mientras los empleados de las brigadas antiincendios permanecían de descanso.

Nuestro Estado dispone de cinco batallones de la UME (Unidad Militar de Emergencias) creada por Orden DEF/1766/2007, de 13 de junio (BOE N.º 145, de 18 de julio de 2007) y sus modificaciones posteriores. Cada batallón se compone de 800 efectivos. A esto sumamos todo el Ejército, que no me voy a detener (Orden DEF/710/2020, de 27 de julio, por la que se desarrolla la organización básica del Estado Mayor de la Defensa). Igual sucede con los Cuerpos de Seguridad del Estado, dedicados en un gran porcentaje a la escolta de la clase dirigente y con jornadas laborales continuas que conllevan largos periodos de descanso que hacen imposible su movilización.

Cada día asistimos a sus exigencias salariales, poco a poco cumplidas, que han llevado a que entrar en estos cuerpos sea el anhelo de gran mayoría de nuestros jóvenes por encima del desarrollo laboral de sus respectivas titulaciones universitarias y profesiones , ya que los calendarios laborales son compatibles con una vida de ocio y mejor remuneradas. No oigo a nadie que escudriñe en el origen de los desajustes medioambientales.

Cada año la naturaleza te renueva, la hierba crece, el matorral crece, el monte se cierra.....y eso hay que equilibrarlo bien con ganado que lo paste, tractores que lo labren, desbrozadoras que lo limpien o quemas controladas en época invernal que eliminen restos de materia vegetal combustible. Porque únicamente no arde lo que no existe. Y la magnitud de los incendios de este año son consecuencia de un invierno y primavera con unas condiciones ambientales que han generado una mayor masa combustible forestal y herbácea.

El ganado caprino y ovino es en gran medida incompatible con el aumento de la población de lobo. (Vemos en los Pirineos, franceses sobre todo, pequeños rebaños que pasarán libremente sin pastor ni perros que las protejan). Respecto a los desbroces, vemos brigadas que gran parte del año carecen de carga de trabajo, cuando vemos en el mercado desbrozadoras robotizadas que pueden trabajar en pendientes de hasta un 135% y que dotarían de contenido a ese personal.

Toda esta retahíla nos lleva a sospechar que lo que ocurre cuando hay una catástrofe o una emergencia no es fortuito ni accidental, sino la consecuencia lógica de unas circunstancias concretas. La siguiente catástrofe, por desgracia, volverá a repetir los mismos resultados, los mismos profetas y las mismas luchas entre grupos antagonistas.

Volveremos a escuchar a incompetentes, políticos sin formación alguna, tertulianos de medio pelo politólogos hablarnos del metano de los rumiantes, del Centaurium somedanum, de la nidificación de un ave inexistente, mientras permitimos el crecimiento forestal a su libre albedrío,

Cuánta razón tenía León Felipe cuando decía en su poema ¡Qué pena!: ¿Quién lee diez siglos en la Historia/ y no la cierra/ al ver las mismas cosas siempre/ con distinta fecha?

Parafraseando a Ramón del Valle Inclán, he deshilachado lo que creo una realidad y no una opinión subjetiva: «Hoy, marchitas ya las juveniles flores y moribundos todos los entusiasmos, divierto penas y desengaños».

No hay un clavo del que colgar el candil.

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