Algunas previsiones sobre el final de la guerra de Ucrania
Hace unos días la Unión Europea decidió suspender un importante paquete de ayuda financiera a Ucrania, justificando tal suspensión en base a la toma de control por parte del presidente Zelensky de las agencias anticorrupción de su país.
Como era sabido, casi desde el principio de la guerra, una buena parte de la ayuda recibida por Ucrania fue a parar a los bolsillos de sus dirigentes políticos y militares, por lo que detrás de este cambio de actitud de la UE tiene que haber algo más. Ucrania cada vez interesa menos, las contraofensivas militares fracasaron estrepitosamente y a su gobierno cada vez le resulta más difícil encontrar soldados para la «picadora de carne». Por su parte, Rusia continúa avanzado paso a paso y cada vez parece interesarle menos un fin de la guerra que no signifique la rendición casi incondicional de Ucrania. Por su parte, la continua entrega de material militar al régimen de Kiev dejó exhaustos los arsenales europeos, aparte de suponer una considerable carga financiera para los países de la Unión, que acabaron por repercutir a los ciudadanos en forma de impuestos e inflación. Aun así, los políticos de Bruselas parecen seguir estando al servicio de la industria armamentística, por lo que sustituyeron la urgencia de armar a Ucrania por la necesidad de rearmarnos nosotros mismos para hacer frente a la amenaza rusa. En estas circunstancias, dejar caer a Kiev puede ser incluso interesante, pues permitiría justificar mejor ante la opinión pública la necesidad del rearme, así como la de asumir sus costes, ante el peligro de una Rusia que, supuestamente, querría invadir toda Europa. Por otra parte, ante la falta de financiación, escasez de efectivos, las deserciones y la baja moral de las tropas ucranianas, la mayoría de los analistas independientes coinciden en la posibilidad de un hundimiento total del frente, tal y como parece confirmar la reciente captura de Chasiv Yar y la más que previsible de Pokrovsk, ciudad en la que las tropas ucranianas corren el riesgo de quedar embolsadas. Si se llegase a dar tal hundimiento y los tanques rusos aparecieran de nuevo por los arrabales de Kiev, esta vez ya no sería para intentar un cambio de gobierno, sino para incorporar la capital de la primitiva Rus a la patria rusa. Pronosticar lo que pasaría en la parte más occidental del país no parece tampoco demasiado difícil. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, lleva tiempo quejándose del reclutamiento forzoso de los habitantes de la Transcarpatia, que también tienen la ciudadanía húngara, por parte del ejército ucraniano; por lo que sería de esperar que el ejército magiar ocupase ese territorio con el pretexto de proteger a sus nacionales. El mantenimiento del orden podría ser la excusa del gobierno polaco para ocupar los territorios de Galitzia y Volinia, la antigua Kresy Oriental, que ya formaron parte de la Polonia de entreguerras. Por Polonia circula, desde hace años, un tren histórico con una imagen de Józef Pilsudski y un mapa en el que tres ciudades de Ucrania —Leópolis, Rivne y Lutsk— están señaladas como territorio polaco. Que la eurodiputada Diana ?el?oaca sea contraria al actual gobierno rumano, probablemente no va a impedir la ocupación de los territorios del norte de Bucovina, la región de Hertsa, Budzhak, el norte de Maramure? y la Isla de las Serpientes que ella misma propuso reclamar como propios de Rumanía. Ursula von der Leyen quería a Ucrania dentro de la Unión Europea. De seguir las cosas así, es probable que una parte importante de la misma pase a ser UE, de facto, y quizás en no demasiado tiempo.