Diario de León

Gaspar Méndez

Economista, Profesor De Geografía E Historia

La doctrina de la Mano Muerta

Se trata de una doctrina militar y geoestratégica, al tiempo que un sistema de represalia masiva automatizado, que haría que un ataque nuclear contra Rusia careciese de sentido

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Hace unos días la prensa informaba de que el avión de Ursula Von der Leyen se había quedado sin GPS, viéndose obligado a aterrizar manualmente en Sofía. Culpaban del hecho a posibles interferencias rusas. Días después, las autoridades de aviación búlgaras se desdecían y la portavoz del Kremlin negaba cualquier tipo de implicación.

Tan acostumbrados como estamos a que se le eche a Rusia la culpa de todo, nos va a acabar pasando como en el cuento de «Pedro y el lobo» y cuando interfieran de verdad no lo vamos a creer. De hecho, tampoco sería tan extraño que lo hiciesen, sobre todo después de leer, unos días antes, un tuit de Alexander Duguin en el que afirmaba que Rusia podría matar a Zelensky cuando quisiera, ya que cuenta con sistemas de decapitación similares a los utilizados por Israel contra Hamás, Hezbolá, Irán o los hutíes del Yemen. Si no lo hace es porque, de momento, no interesa. Venía a decir Duguin. Teniendo en cuenta que el filósofo y politólogo ruso considera que la presidenta de la Comisión Europea es «la encarnación del demonio», así como el ascendiente que a él mismo se le supone sobre la clase dirigente rusa, no sería descartable que Putin quisiera mandarle un aviso a la señora Von der Leyen. Al propio Duguin ya se lo mandaron los servicios de inteligencia ucranianos en 2022, cuando quisieron asesinarlo mediante una bomba colocada en su coche, con el resultado fatídico de la muerte de su hija, la también politóloga Daria Duguina. Estos ataques de decapitación, que con tan buenos resultados está utilizando Israel, están democratizando las consecuencias de los conflictos bélicos. Durante las dos guerras mundiales, la clase dirigente envió a cientos de miles de soldados al matadero, sin exponerse ellos mismos. Ahora la situación se parece cada vez más a la época medieval, en la que reyes y nobles asistían a las batallas y arriesgaban la piel. En el supuesto de que la guerra de Ucrania se ampliase, dirigentes que, como en el caso de Macron, Starmer, Von der Leyen, Merz o Rutte, son ahora tan belicistas, también podrían ver en peligro sus propias vidas. O incluso Boris Johnson, responsable último del fracaso de las conversaciones de Estambul de 2022, que animó a los ucranianos a ser valientes y seguir luchando. En esta misma línea, el expresidente ruso, Dimitri Medvedev, formuló recientemente lo que podríamos llamar «doctrina de la Mano Muerta». Se trata de una doctrina militar y geoestratégica, al tiempo que un sistema de represalia masiva automatizado, que haría que un ataque nuclear contra Rusia careciese de sentido. Sería la versión modernizada de la conocida «doctrina Eisenhower», o «doctrina de la Represalia Masiva», formulada por John Foster Dulles en los primeros años de la Guerra Fría, y que podría enunciarse como que los Estados Unidos se comprometían a tomar represalias, aún más contundentes, ante la eventualidad de un ataque nuclear soviético. Según Medvedev, en el supuesto de que Rusia sufriera un ataque que destruyera las grandes ciudades, eliminara a sus dirigentes y los centros de mando, existe un sistema informático que, incluso en el caso de destrucción total, asumiría la ausencia de mando y empezaría a transmitir órdenes automatizadas para disparar un mínimo de cuatro mil ojivas nucleares contra los Estados Unidos y sus aliados de la Otan. Asegura el expresidente ruso que está garantizado que, incluso aunque Rusia fuese completamente aniquilada, la represalia sería ejecutada. El resultado sería el fin del mundo tal y como lo conocemos actualmente. Así las cosas, quizás no esté de más que nuestros dirigentes, a veces tan belicosos, se lleven de vez en cuando algún susto que les meta un poco de miedo en el cuerpo.

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