Astorga a Berkeley: cómo romper la barrera invisible de las oportunidades
Recuerdo cuando estaba en el instituto y mis compañeros hablaban de su futuro: a ninguno se le ocurría estudiar fuera de España, y mucho menos a mí. Simplemente no creía que fuera posible que un chico de Astorga llegara a las mejores universidades del mundo. Hoy, cada vez que paseo por el campus de Berkeley, reflexiono sobre todo esto. Cada día.
Soy Carlos Crespo, natural de Astorga, y este año estudio en UC Berkeley, California, una de las diez mejores universidades del mundo. Conseguí esta oportunidad gracias a una selectiva beca otorgada a solo seis estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid. Aquí, entre muchas cosas, tengo el privilegio de colaborar en un proyecto de investigación con Anastassia Fedyk (PhD, Harvard) y de ser investigador asociado en Berkeley Economic Review, una de las revistas universitarias de economía más prestigiosas del mundo. Sin embargo, tanto cuando llegué a Madrid como ahora en Berkeley, he sentido que existe una clara barrera en la accesibilidad de oportunidades: a favor de la gente de ciudades grandes, en detrimento de quienes venimos de la «España vaciada». Digo esto porque, ya desde que entré en mi carrera, me di cuenta de que la cosa iba a otro ritmo en Madrid. Empecé a conocer nombres de mil empresas, instituciones y universidades de altísimo nivel… información que simplemente llega a cuentagotas a León. Y sin duda, esto es un factor diferencial a la hora de analizar esta barrera: si no sabes qué metas podrías alcanzar, es complicado hacer el trabajo y esfuerzo necesarios; pues quizás, cuando decidas buscarlo, sea demasiado tarde. Un ejemplo claro de esto es la mentoría e información que muchos alumnos de Madrid tienen a la hora de elegir un grado universitario u otro. Considero que fui un afortunado cuando Óscar (mi profesor de filosofía) y Ramón (mi profesor de tecnología) me ayudaron mucho en este aspecto. Sin embargo, la mayoría de mis compañeros leoneses creo que no corren la misma suerte. Es muy complicado saber qué estudiar si no tienes una idea de: en qué puestos de trabajo podrías acabar, con qué salario, en qué ciudades… Y eso es algo que la gente de la capital conoce muy bien. Muchos de ellos saben, por ejemplo, a qué universidades acudir, qué actividades extracurriculares preparar, qué notas alcanzar y qué empresas explorar según el sector deseado. En consecuencia, focalizan sus esfuerzos y consiguen mejores resultados y oportunidades. Pero, sobre todo, creo que un factor diferencial es que en Madrid la ambición se trata de otra manera que en nuestra tierra. Allí se puede aspirar a todo sin miedo a que piensen que eres un iluso o a que sientan pena por tu ambición. Esto se debe, en parte, a que en algunos sitios (no todos) se percibe una cultura de la excelencia y ves ejemplos de personas que ya han logrado lo que tú puedes estar buscando; de esta forma, metas ambiciosas que podrían parecer inalcanzables se vuelven objetivos reales y alcanzables. Y eso fue exactamente lo que ocurrió cuando decidí intentar entrar en el programa de becas de la Universidad de California. El programa es muy limitado: solo ofrecen 20 plazas para toda la Complutense (con más de 80.000 alumnos) y tan solo 6 de esas 20 son para UC Berkeley. Cuando compartí la noticia en Astorga, aunque algunas personas me apoyaban, muchos me decían que no pasaba nada si no me seleccionaban y que debía buscar otras opciones. Sin embargo, en Madrid recibí apoyo de todos los profesores, personas que ya lo habían logrado (mención a mi primo Guillermo) y compañeros. Se notaba que era algo que podía pasar. Y pasó. Ahora, desde Estados Unidos, siento que no se cortan las alas a absolutamente nadie; todo tipo de plan, por ambicioso que parezca, se toma en serio (aunque luego todo depende del esfuerzo, talento y, por supuesto, de un componente de azar). Puedes pensar en montar la siguiente startup que lidere la integración de IA en medicina, aspirar a un doctorado en Columbia o entrar en el mejor banco de inversión del mundo. Os aseguro que el sueño americano, aunque no sé si sea real, se siente palpable, y hay mil ejemplos de personas que lo consiguen. Mi recomendación a todos los jóvenes de León es que no se subestimen ni se dejen limitar por su entorno. Busquen información, contacten con mentores, apunten alto y prepárense con constancia. Las oportunidades existen, pero muchas veces hay que salir a buscarlas activamente y creer que son alcanzables. Simplemente porque considero que, aunque no necesariamente si crees que lo vas a conseguir, lo conseguirás; pero si estoy seguro de que si crees que no lo vas a conseguir nunca lo harás. Si yo pude dar el salto de Astorga a Berkeley, estoy convencido de que muchos otros también pueden. No se trata solo de talento, sino de fijarse buenas metas en el largo plazo, esfuerzo y confianza en uno mismo. Que nadie os haga pensar que los sueños solo son para otros: se puede aspirar a todo, siempre que uno se atreva a intentarlo.