Diario de León
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El cambio del clima se ha hecho un tema casi obligado en los interloquios que mentan la meteorología que es como decir en casi todas las parletas.

Cierto que permanece una corriente de próceres de la opinadera que lo niegan: se sospecha que por encargo de quienes lo provocan. Pero la evidencia de su llegada la sienten en toda su crudeza los millones de seres que pueblan las áreas más pobres del planeta. Quienes se ven azotados por sequías nunca vistas que llevan a hambrunas nunca antes padecidas: por inundaciones que provocan calamidades nunca antes sufridas- Todo lo cual acaba revirtiendo en presión migratoria para las áreas avanzadas del mundo.Eso nos lleva a quejarnos, en esas áreas, de la incompetencia de los gobernantes por hacer frente a este crítico entuerto. Pocas veces nos paramos a meditar sobre lo que nosotros mismos podríamos hacer para buscar remedio. Y es que cada vez delegamos más responsabilidades en los organismos del estado para eludir nuestros propios deberes como integrantes del común.No estaría mal recordar que pequeñas acciones de las que ejecutamos habitualmente en nuestras rutinas, podrían ayudar eficazmente a combatir el problema que se abate sobre todos nosotros. Acciones todas ellas, insignificantes en volumen, si las ceñimos al ámbito de un individuo pero, multiplicadas por los cinco millardos de sapiens-sapiens que pueblan el mundo. se harían más que decisivas.¿Limitamos el caudal de agua que gastamos en lavabos, fregaderos, baños, lavadoras, lavaplatos, céspedes y piscinas? ¿Por qué no recoger los sobrantes para desaguar la taza del aseo? ¿Limitamos en lo posible el empleo de los vehículos a motor, las calderas de calefacción, los aparatos de aire frio? Son todos ellas practicas que se oponen frontalmente al descarriado hiperconsumismo y a la lastimosa prodigalidad de nuestro mundo.Matías González.

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