Diario de León

Jugando a fiesta con lo bello, genuina tradición

Un Pueblo, con mayúscula, que es más que la suma de los pendones concejiles

máximo soto calvoasociación pro identidad leonesa

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¿Puede haber algo más emocionalmente emotivo, sin redundancia pero en ligada armonía, que nuestros pendones dinámicamente alineados en las calles de Legio, la que fue sede real, y hoy es real sede de intemperancias autonómicas?

Por ello, por lo de intemperante autonómico, dañino, centralista y acaparador, salir a la calle con lo tradicional aun sin pretenderlo, toma un valor especial. Nos debe llevar a considerar que más allá de lo sociocultural que se manifiesta en el desfile de pendones, el componente humano que porta, acompaña o baila, esto es, nuestras gentes bien ataviadas, constituyen un todo sentimental, presencia viva de un Pueblo.

La vestimenta, cada vez más cuidada es otro aliciente cuando no acicate. ¡Bravo!

Un Pueblo he dicho, así con mayúscula, que es bastante más que la suma matemática de los pendones concejiles de nuestros pueblos, cada cual con su orgullo particular, y en comunión: alma, corazón y vida de los leoneses.

Los portan mozos, a los que me permitir adjetivar de aguerridos, hace años, muchos, puede que más de setenta, cuando hablando de las peregrinaciones de La Virgen del Camino a la capital, así lo valoraba, y creo que no iba desencaminado. La Sobarriba con su voto y compromiso, abría camino.

Pero hoy, cuando las féminas han empezado a querer dejarse ver como pendoneras, con varas de singular medida, más allá de la pendoneta, no sé si decir aguerridas u orgullosas, tanto da, ahí están, obligándonos al duplo escrito o hablado: pendoneras/os, aunque aún no sea en equilibrio numérico.

En la explanada adyacente a San Marcos, donde campea un monumento al izado de un pendón, se encontraron los pendones por San Froilán, (2025) un año más. Ya es tradición. Siempre me he opuesto a que se nominara a tal explanada como «de la Junta». El edificio, político/administrativo, que llamaron inteligente, y de eso nada, el de un ente que no deseamos, no puede borrarnos absolutamente nada de lo que es leonés. Con sus asalmonadas cristaleras, nos devuelve en imagen, pues con lucidez incluso lúdica, ¡no comulgamos!

Ya lo he dicho en alguna ocasión, durante años me gustó deambular despacio y como observador moverme entre los que montaban los pendones en tal plaza, una vez que hubieron tomado la vara del camión que las transportaba. Todas unidas y bien tratadas. Los «damascos», custodiados por los responsables, se iban desplegando para el montaje, algo que conllevaba esmero, cuidado y delicadeza. Y bien que me agradaba ver a jovenzuelos que juntos a sus padres querían participar.

Lo del izado de los pendones al unísono, ha costado un tiempo, a veces la megafonía era insuficiente y los participantes, dudaban. Lo de hacer sonar el Himno a León, bien para este momento, pues el motivo concentrador es el festivo de San Froilán, que para León, sin matices, fue elaborado por dos leoneses: Pinto Maestro y Odón Alonso, vicisitudes aparte.

Algún día, sin menosprecio alguno, conseguida la libertad autonómica, se habrá de montar el himno oficial de la Región Leonesa, para todo el ámbito autonómico leonés. De momento que no se nos rompa el cántaro de lo que no es ilusión, pues es derecho.

Y, además, hay cantera, jóvenes de ambos sexos, están por la labor. Estupendo para este orgullo concejil, que es arte, amor y definición identitaria: enhiestas las varas y las telas al aire en jugosa policromía tradicional.

Otras féminas, se aprestan este día a tomar ropaje y encarnar teatralmente, el papel de las «Cien doncellas», en recuerdo de aquellas que se habían de entregar al sarraceno imperante. Una patata caliente que Mauregato pasó a Ramiro I y que Santiago, el apóstol , milagro adjunto, hubo de ayudar a «abolir», sobre la que se monta en la actualidad lo del foro u oferta, agradecimiento u obligación, en el claustro de la Catedral.

El acompañamiento festivo de los carros engalanados, marcando tradición, no digamos que es complemento, por derecho propio tiene su lugar, por San Froilan.

Este año, en la distancia como ya hace varios sanfroilanes, me dio por pensar lo que hubiera supuesto que los pendoneros/as, unos trescientos cincuenta más los acompañantes, remeros y suplentes, grupos de música y baile, etc. que componen el cortejo, una vez llegados a la Plaza de Regla, lugar de justicia de otros tiempos del Reino de León, hubieran pedido ésta, tres o cuatro mil personas, bien izadas las varas y con un suave tremolar de las telas lanzando el grito reivindicativo al unísono: ¡León autonomía!

Y que decir del eco en el Claustro catedralicio y en la hermosa plaza del Grano. Esperemos un año…

No tardará el día en el que seamos capaces de poner fin al doloroso estatus autonómico. La reivindicación constitucional de autogobierno, debe ser algo más que leitmotiv festivo, se ha de equiparar a un credo en recitativo perseverante.

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