Mujer, femenino singular

Femenino singular; singular en la mejor acepción que tiene el término, según la RAE. Llevamos 40 años de feminazismo lavando el cerebro de mujeres, de algunas que se dejan, pero son más las que se alejan. Ese es uno de los dos feminismos, bien diferenciados, claros y funcionales. Hablamos aquí del feminismo anti-machista cuya contradictoria finalidad es imitar al varón, parecerse en todo al varón, pero clamando contra el varón porque es machista. La contradicción no tiene importancia, no cuenta; lo que cuenta es ser feminista de pro, de nombre y activista, o sea, feminazi.
Hablamos del feminismo revanchista, lucha para que las féminas dejen de ser mujeres, deben ser igual que los hombres en pensar y actuar, en posiciones, tareas, pagar deudas, divertirse, viajes, títulos, citas en serie, causar impresión a familiares, amigos y los seguidores en redes. Todo bajo una gran presión feminazi que elimina totalmente la esencia personal de ser mujer, el anhelo maternal de servicio y realización personal, el ser complementaria con el hombre. Lo menos femenino es competir a ser (o parecerse) con el varón, asemejarse a él en todo. Es la forma de perder feminidad, su específico ser mujer. Le quedan sólo elementos postizos: modas, pinturas, cirugías plásticas, volverse perruna echándose un caniche o varios, mejor un perrazo para compensar, con esos juguetes, la carencia de su función maternal. En muchas ha desaparecido la perfección complementaria como ser humano, el feminismo real, natural, ¡la mujer! Desde pequeñas les han erosionado los roles que la naturaleza otorga: ser mujer (y no machorra), femenina, fuerte, sabia, cuidadora, compañera, madre y la esencia misma de la naturaleza. Los anhelos más profundos del corazón femenino no deben ser suplantados por otros, y mucho menos por los masculinos socialmente más deteriorados ; la mujer no puede, no debe ceder hasta eliminarlos, ni siquiera ocultar esos anhelos. Los anhelos más profundos del corazón femenino son perfectamente compatibles con la mejor formación, el trabajo, el éxito, el liderazgo, etc.sin que sea necesario asimilarse a los anhelos masculinos, sus formas o las peores derivaciones. Los anhelos del corazón femenino son tan naturales que, incluso algunos, son compartidos por muchas de las hembras animales; es naturaleza. ¿Es naturaleza? O sea, ¿es eso que hoy las sociedades tanto dicen cuidar, conservar, mantener, proteger la naturaleza; con leyes, con prédicas, con énfasis local y mundial; eso que proclaman los gurús, los «mangantes», los ultra-políticos, los grandes lobbies, la Comisión Europea y demás progres siervos de la agenda 2030 y vasallos de los criminales propósitos de sus creadores? El gran engaño, el inmenso fiasco del siglo XXI, la mayor pifia que los humanos han inventado y quieren imponer, es justamente la contradicción de desnaturalizar todo lo posible y más a las mujeres en su esencial naturaleza, en su magnífica complementariedad, su natural ser regidoras en las sociedades y su sublime papel creativo de vida. ¡Cuidemos la naturaleza! ¿Menos la mejor de todas, la de ser auténtica mujer? El desnortado feminismo trata de que la mujer sea machorra, perruna,
feminazi y, si procede, asesina de su(s) bebé(s). ¡Hasta ahí ha llegado el «cuidar la naturaleza»! Y también se le induce, se le facilita, se promociona que se enrolle en el trans, porque lo femenino es pobre y hay que transicionar a machorra, destetada, inundada de hormonas toda su vida para parecer un macho barbudo, mejor aún con aditamentos postizos, inútiles e inanes. Así ella vivirá vacía, árida, estéril; pero ha dado curso al feminazismo reinante, ¡pobre fémina! Eso es cuidar la naturaleza. Eso es lo que promociona la UE de Von der Leyen y compañía, la progresía
feminazi y todos los siervos fieles a la endemoniada agenda 2030 que elaboraron, con sumo engaño, esos maquiavelos plutócratas que, con sus multimillones, manejan el mundo ya des-civilizado. Hay que cuidar toda la naturaleza menos la excepción establecida por el feminismo de agenda que fomenta la degeneración, la perversión, la destrucción de toda mujer que se deja o que ha sido «re-educada» desde pequeña. Mujer, femenino singular. Muy singular la que vive, obra, mantiene, coopera, sabe, hace y sabe hacer como mujer, en femenino, en cuidar y complementar, en maternal y en trascender. Esa tiene el mundo a sus pies porque da vida y conserva la naturaleza; la primera, principal y esencial naturaleza.