Diario de León

Francisco Javier Lage Ferrón
​Escritor

Escritor

¡Que se lo piensen bien!

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Amenaza Putin a Ucrania y, por extensión, a los países que le ayudan en su defensa.

Encolerizado, reniega de recibir pago en la misma moneda que emplea. Se permite bombardear a la población ucraniana e invadir su tierra, así como violar el espacio aéreo de los países que el quiera. Y esto que se sepa. Queda lo que se sospecha. Concibió un sometimiento de los ruso-parlantes que viven en Ucrania como excusa para su invasión. Mimetizó el ataque con traje de «operación militar especial» y camuflaje de amplitud y duración limitadas. Salvar a dichos «oprimidos» justificó el envío de miles de jóvenes compatriotas al matadero en país extraño. Quizá, tantos años de experiencia en el manejo de la propaganda para el engaño terminasen por hacer mella en su entendimiento. En un alarde intelectual, solo le faltaría emplear alguna cabeza nuclear para completar una liberación tal. La mentira, aceptada como una técnica de combate más, ha dejado, sin embargo, un flanco al descubierto en su movimiento: su necesidad de justificarse. Sería interesante pararse a pensar por qué. Hacia ahí debiera dirigirse el esfuerzo principal del contraataque, cuando se decida tomar la iniciativa. ¿Habrá sentido Putin miedo? ¿Le asustaron «los ladridos Otan» a las puertas de su imperio?, o... ¿serán los aullidos escuchados dentro? Los hechos son siempre más elocuentes que las palabras. Los dirigentes de las democracias europeas harían muy bien en aprovechar la advertencia del jerarca ruso para pensar, por ejemplo, en lo distintos que serían los acontecimientos si hubiesen reaccionado con firmeza ante la primera acción violenta del prepotente, en lugar de pugnar por llegar antes a rendirle pleitesía tras suplicarle audiencia; en lo que vendrá después, si titubean en pararle cuanto antes los pies; o en lo absurdo de expulsar al Pueblo ruso de lo que une a las gentes, como el deporte y la música, mientras —por detrás— le siguen financiando el plan, comprando su petróleo y su gas. También debería repensar China, y otros países, el apoyo que le prestan. Los beneficios que esperan pueden volverse en su contra. Es peligroso alimentar un monstruo, cuyo apetito no disminuye con lo que devora. Y que puede, además, arrastrarles a donde no quisieran. Por otro lado, observamos —no es novedad— como los amigos de la guerra se felicitan viendo multiplicarse sus ganancias con los motivos de unos, las razones de otros y la estupidez de todos. En todo este teatro llama la atención una ausencia, la de un actor mediático: la flotilla solidaria. ¿No encuentran para enrolar voluntarios comprometidos con la defensa, no selectiva, de los derechos humanos? ¿Quedarán sólo plañideras a control remoto y de pago? Una pena. En fin, ¡pensémoslo bien!

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