Demasiada gente
Mucho se habla del derecho internacional, de la justicia, pero el Sahara no se devuelve a los saharauis, las Malvinas a los argentinos, y Gibraltar a España

Europa tenía un hermoso sueño que quiso hacer realidad en 1985 con el acuerdo y la creación del llamado «Espacio Schengen» para eliminar las fronteras interiores de los veintisiete países miembros. Los europeos, que tan cruelmente nos hemos venido matando a lo largo de la Historia, nos prometíamos y concedíamos libertad, convivencia, seguridad, paz y progreso.
Pero hete aquí que, una vez más, nuestros sueños se ven truncados por las adversas circunstancias de «una demografía global» completamente incontrolada que nos amenaza e invade. Así se explica que muchas naciones vuelvan a poner fronteras, que se desarrollen nuevos temores, que prosperen partidos de extrema derecha. En mi libro de artículos
Picotazos Liberales, del año 2006, en el titulado Creced y multiplicaos, pero no tanto, publicado en Bierzo 7 el 15-12-2005, está escrito: «¿Quién se preocupa por el enorme crecimiento demográfico mundial? En la época de Jesucristo se supone que vivían en la Tierra unos 40 millones de almas. Hoy, el Planeta Azul va camino de ponerse morado con más de 6.000 millones de humanos depredadores, tan consumistas, avaros y necios que no hay cristo que se atreva a volver por aquí. La Iglesia, mi Iglesia Católica no es capaz de ‘corregir’ su mensaje, ‘Urbi et Orbi’, de ‘Creced y multiplicaos y poblad la Tierra’». Ahora, en el 2025, ya superamos los 8.000 millones. Una barbaridad. Se habla mucho de derechos humanos, de solidaridad, pero deberíamos empezar por nosotros mismos, sin dar más privilegios a los españoles catalanes a costa de los zamoranos o sorianos, que llevan muchos años pidiendo y esperando que la N-122 deje de ser la carretera de la muerte y se convierta en autovía. Para algunos mandamases es más urgente e importante pagar prostitutas con cargo al erario que invertir para circular con seguridad y evitar muertes. Muchas caras campañas de seguridad vial, buenos consejos y luego, cuando hay accidentes, se lavan las manos como Pilatos, como verdaderos canallas. La España seca, el sur, necesita agua. La España húmeda, el norte, debe ser solidaria y regalarle el agua excedente, el agua que nos sobraría si se hubieran realizado los embalses y las canalizaciones necesarias. Gobernando Aznar había un buen plan para toda España, financiado en su mayor parte por Europa, pero, en 2004, al llegar al Gobierno el PSOE, lo tiró por tierra para congraciarse con la derecha separatista catalana de CiU. Entonces se creyeron geniales y modernos haciendo unas cuantas desalinizadoras para convertir el agua del mar en la panacea que solucionara la escasez. Fue, y es, un total desastre, millones y millones desperdiciados, enorme gasto de energía para conseguir un agua tan mala y cara que nadie quiere, porque no es buena para el consumo humano ni siquiera para regar las tierras. Ahora, con los Fondos Europeos o maná llovido del cielo, se deberían acometer con urgencia esas necesarias obras públicas en beneficio general de toda España, pero el agua del norte debería ser correspondida por la solidaridad agradecida y generosa de Marbella con sus campos de golf, y de Benidorm con sus cientos de hoteles y rascacielos. Así, los ciudadanos pobres de la España húmeda podrían disfrutar, gratis total, unos días de vacaciones, pues ya empiezan a estar hartos de Gijón, de la playa de San Lorenzo y sus peces araña o escorpión que se esconden en la arena para picar los pies. Yo me conformaría con la segunda quincena de mayo y de enero, sin lujos, pero bien atendido, cuidado y mimado. ¡Viva la solidaridad!, y la ironía. Hace cien años, cuando la peste española, el mundo estaba habitado por mil doscientos millones de personas. Es muy malo seguir así, creciendo a lo bestia, nadie pone remedio, demasiada gente contaminando. Sin embargo, el futuro es tan incierto que los españoles tenemos cada vez menos hijos, y más perros. Los «machos alfa», tan humildes y sencillos, propalan que las personas mayores somos complicados trastos inútiles que causamos problemas y tan conservadores que sólo votamos a la derecha. De nada servirá decirles que la edad es cosa muy relativa que, por lo general, salvo excepciones, la vejez es bondad, experiencia, sabiduría, éxito indiscutible: Clint Eastwood, con 94 años, sigue haciendo excelentes películas; el palentino don Vidal Pérez Herrero, marido de B.C.L, hermosa Diosa del Cúa, edita la importante Agenda Taurina; el gran empresario Amancio Ortega, con 88 años, sigue en el tajo dando el callo. Nuestros ateos y agnósticos mandamases, tan cínicos, piensan que los que entran sin llamar, procedentes de países que no cumplen con ninguno de los derechos humanos, sí votarán a la izquierda que les promete el paraíso. La cumbre de la ONU se realizó en Sevilla desde el 30 de junio hasta el 3 de julio de 2025, y la inmensa mayoría de los países que acudieron no cumplen con los derechos humanos. El rey de Suazilandia, país africano con 17.364 Km2 de extensión y 1,3 millones de habitantes, tiene 16 esposas, 36 hijos, y vive de lujo gastando a troche y moche sin importarle que el 34% de la población no tenga trabajo, el 39% de los adultos estén infectados VIH y el 70% de las personas tengan que «vivir» con un dólar al día. La ONU parece que sólo es un pretexto para que muchos miles de funcionarios disfruten enormes sueldos, dietas, carísimos viajes consumistas y contaminantes, que no sirve para evitar que Putin siga masacrando a Ucrania e Irán amenazando a occidente. Mucho se habla del derecho internacional, de la justicia, pero el Sahara no se devuelve a los saharauis, las Malvinas a los argentinos, y Gibraltar a España. Si Canarias fuera una nación independiente, como exigía el separatista-terrorista del MPAIAC Antonio Cubillo, responsable de los 583 muertos en el accidente aéreo de Los Rodeos, nadie acudiría ahora en su socorro. Los buenos y sabios samaritanos que nos mandan, deberían darse prisa para solucionar este gran problema que consume demasiados recursos de España y amenaza el turismo. Sí, es esencial moderar el consumo y repartir los recursos mucho mejor, incluido el trabajo. Soy contrario al «terrorismo» demográfico, considero vital frenar el crecimiento de la población mundial. Con toda Burbialidad.